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Archivo de la categoría: Tontunas

Cosas sin entidad pero que a mi me hace ilusión compartir con vosotros

¡FELIZ NAVIDAD!

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Queridos lectores míos: estamos a 23 de diciembre, así, a lo tonto, ya están aquí las Navidades y yo sin enterarme. Este mes de diciembre está siendo el más raro de mi vida y me atrevo a apuntar, que de la vuestra, también.

Hace un calor, muy serio, para estas fechas. Es raro el telediario que no nos pone unas imágenes de las buenas gentes de Levante en las playas, los sevillanos de terracitas y hasta la bellísima Concha de Donosti, con mejor tiempo que en agosto. Igualmente nos sacan las estaciones de esquí peladas de nieve, los tristes dos kilómetros esquiables que hay en Sierra Nevada y el ruinón que eso significa para el sector. Y en general, eso no es bueno, pero sobre todo, hace que nos cueste tener la sensación de que estamos en invierno y que llegan las Navidades.

Hemos tenido elecciones el 20 de diciembre, por lo que entre la campaña electoral, la larguísima precampaña y las primarias para elegir candidatos, se nos ha pasado el otoño y ha llegado el invierno sin apenas darnos cuenta.

Hemos puesto el árbol de Navidad entre el Debate a Cuatro y el Debate a dos o como dicen el matrimonio Ferreras/Pastor, el del fin del bipartidismo; y las figuritas del Belén mientras nos leíamos las comparativas de los programas electorales, escuchábamos a Garzón quejarse de que nadie le daba bolilla y La Sexta nos explicaba que Rajoy y Sánchez son el mal y Pablo I de España el bien absoluto.

Apenas nos ha dado tiempo de comprar los polvorones entre pedir el voto por correo, recoger acreditaciones, estar en las mesas electorales, ir a votar y realizar sesudos análisis sobre pactos poselectorales, que amenazan con prolongarse durante todas las Fiestas, a la vista del incierto resultado que han deparado las urnas. No quiero ni imaginar esas cenas navideñas con todos los cuñados de España disertando sobre la aritmética parlamentaria.

No sé vosotros, pero yo, con tanto frenesí, tengo la mitad de los regalos navideños sin comprar, curro hoy y mañana, en mi casa se dan los presentes después de la cena de Noche Buena y la verdad, no sé cómo lo voy a hacer. Igual pinto unos monigotes con el nombre de cada uno y me acojo a la máxima de que “lo importante es el detalle”. Igual no cuela pero confío en el espíritu navideño.

En cualquier caso, lo que sí que voy a hacer es aprovechar para desearos a todos vosotros, sufridos lectores míos una muy Feliz Navidad, confío en que hayáis sido buenos y el Gordo Colorao os traiga muchos regalos y espero que después de los atracones sigáis viniendo por aquí a ver qué tontuna nueva se me ha ocurrido para contaros. “Sus quiero”

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YO, ANTES, MOLABA

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lunaticas

 

Hace casi una década, mi gran amiga del alma, mi persona, mi conciencia, mi hombro en el que llorar y mi compañera de risas (mantengo su anonimato porque no la he consultado esta salida del armario) y yo, abrimos nuestro primer blog Lunáticas, mileuristas, en la treintena. El nombre fue fácil, a ambas nos fascina la luna, cobrábamos poco más de mil euros, cuando eso era sinónimo de ruina y andábamos por los primeros treinta.

No os canséis buscándolo, por motivos ajenos a nuestra voluntad (nos pillaron los jefes), tuvimos que hacerlo desaparecer sin dejar rastro, lo que fue una auténtica pena porque teníamos entradas memorables, miles de visitas, decenas de comentarios y buenos amigos allí, pero, así es la vida del asalariado. De no habernos asustado tanto con la pillada podríamos haber copiado los post o ponerlos en borradores o imprimirlos o lo que fuera para salvarlos, pero optamos por la opción más radical e irreversible.

Allí no se hablaba de política, o sí, porque política es todo, pero desde luego su objetivo no era crear opinión o fijar postura sino pasarlo bien, compartir anécdotas de nuestra vida diaria algo salpimentadas para que tuvieran más gancho y, sobre todo, desahogarnos. Sí, ese blog era una forma de hacer terapia y de reírnos de todo lo oscuro que nos rodeaba, que no era poco y durante unos años cumplió con creces con su función.

No sé por qué me he acordado de él ahora, quizás porque estoy harta de escribir de política, de sus miserias, de traición, de suciedad y de amargura. Quizás hecho de menos aquel anonimato que hacía que una pudier decir lo que pensaba sin pasarlo por el filtro de lo políticamente correcto, de lo que se espera de alguien comprometido con unos principios y valores. Quizás echo de menos aquella Reput (Martu no era ni un proyecto) que enloquecía de amor, reía hasta caerse de la silla, lloraba un mar de lágrimas, comía sin freno, vivía sin freno. Quizás sea porque anhelo aquella inocencia, aquel idealismo, aquel romanticismo que rodeaba todo lo que sucedió entonces… Quizás, porque yo, antes, molaba.

¿Facebook o Twitter?

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MARTUCOMBINADA

Esta mañana he subido esta foto a Facebook y a Twitter preguntando a mis seguidores su opinión sobre si debería cortarme el pelo o seguir dejándome melena. Una frivolidad y una tontería como otra cualquiera para ocupar una mañana de martes que una tiene su lado tuistar o gurulesa y hay que darle salida de vez en cuando.

Pero lo que vengo aquí a contaros no es el resultado de tan poco profesional, ecléctica y heterogénea encuesta, que es lo de menos, si no la clara diferencia entre el resultado en Facebook y el resultado en Twitter.

Mientras que en Twitter ganó por una proporción de 3 a 1 que me cortara el pelo, en Facebook el resultado fue cláramente a favor de la melena con casi el doble de votos.

¿Quiere esto significar una diferencia entre el usuario de una y otra plataforma? Porque yo soy la misma y pongo casi las mismas cosas en una y otra por lo que el perfil del que me sigue es similar, gente progresista, extrovertida, simpática, votantes de izquierda, interesados por la gente, la política, el Planeta…

¿Da esta tontería para escribir un post en este blog? Pues ya véis que sí, que no todo va a ser política y sesudas reflexiones y que esto de cortarse el pelo o dejárselo largo es una decisión muy importante que si tomas una mala opción cuesta un par de años reparar tamaño error.

Lo peor de todo es que no me habéis sacado de dudas porque ahora no sé si hacer caso a los de Twitter o a los de Facebook.

¡Un sin vivir!

 

MAÑANA ES MI CUMPLEAÑOS

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Nacer el 14 de febrero tiene sus ventajas, casi nadie se olvida de tu cumpleaños porque ya se encarga el Corte Inglés, los anuncios de perfumes y toda la parafernalia de brillantes corazones rojos de recordarte la efeméride y también tiene algún inconveniente, no solo ese de que te quedas sin un regalo porque, aprovechando la coyuntura, tu pareja te hace uno doble, sino porque no hay manera de cenar para celebrarlo, están los restaurantes llenos de parejas pastelosas y menús edulcorados.

A mí me encanta que sea mi cumpleaños, desde pequeña y ahora que estoy a punto de cumplir los 42 y convertirme en una señora de mediana edad, me sigue haciendo ilusión el día de mi nacimiento. Y como me encanta siempre lo celebro por todo lo alto. Cuando era pequeña con unos fiestones que me organizaba mi padre que eran famosos en el colegio y ahora con unos fiestones que me organizo yo sola que son famosos en el mundo mundial.

Algunos pueden pensar que lo que me gustan son los regalos, pero os aseguro que son lo de menos, lo que me hace feliz es agasajar a los que más quiero, a los que me importan y a los que importo con buena comida y mejor bebida, con mis famosas croquetas –llevo llenando el congelador desde diciembre para que mis invitados se harten-; con las no menos reconocidas tortillas de patatas de mi santo, las más ricas que he comido en mi ya larga vida; con tartas de las que se encarga mi albóndiga –de queso, de brownie, de chocolate con galletas- que le salen para chuparse los dedos y con todo tipo de bebidas espiritosas para ayudar a la digestión.

Para esto del cumpleaños, yo, soy muy mía, de siempre he apuntado en una figurada “libreta negra” a aquellos que se olvidan de felicitarme, a los que siendo del círculo íntimo ese día se despistan sin querer o deliberadamente. Una vez apuntado en la libreta negra, ese año estarás condenado al ostracismo, no te felicitaré en tu cumpleaños, no te haré regalos de Navidad, estarás en el rincón de pensar hasta el siguiente 14 de febrero. No es una amenaza, es una advertencia…

Por fortuna, mi santo, que es un santo, como su propio nombre indica, cumple el 19 de febrero y también gusta de celebrar su cumpleaños, no es de esos amargados que cuando llega la fecha tratan de pasar desapercibidos, no se lo dicen a nadie y no se pagan ni una ronda de vasos de agua con una ración de palillos. No, él es como yo, de los que le gusta celebrar y compartir y está encantado de llenar la casa de amigos con los que comer, beber y brindar a nuestra salud.

Esta afición mía tiene una cara negativa, que nunca me han hecho una fiesta sorpresa porque un mes antes de mí cumpleaños ya estoy yo mandando invitaciones por Facebook, por Whatsapp, por los clásicos SMS, llamando por teléfono y lo que haga falta para que mis amigos se guarden esa fecha en el calendario. Igual podríais plantearos darme una fiesta en otra fecha cualquiera, por el gusto de sorprenderme, digo yo…

Ahora, con las redes sociales que te chivan los cumpleaños, es fácil quedar bien, hasta cuando se hace por compromiso. A la contra, en mi caso, es una locura porque me felicitáis cientos de vosotros, que da gloria compartir espacio virtual con gente tan salerosa, y aunque intento agradecer todas y cada una de las felicitaciones, siempre se me escapa alguna, ya os voy danto las gracias por adelantado y os pido perdón de antemano si no alcanzo. Gracias por estar ahí.

PD MI COLUMNA DE LOS JUEVES EN DIARIO PROGRESISTA: HIPOCRESÍA

EL TROLL TWITTERO

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Supongo que no es necesario que os explique lo que es un troll en una red social, es un sujeto habitualmente sin nombre, foto, ni biografía, que emboscado tras el cómodo parapeto del anonimato, se dedica a tocarte las partes nobles con la esperanza de que saltes y digas alguna inconveniencia que usará contra ti hasta el fin de los días. Pues en Twitter lo mismo pero más cansinos, agresivos y peligrosos.

Hay una máxima que te enseñan los veteranos cuando llegas tiernecito a una red social como Twitter: “don’t feed the troll”. Que en Román paladín quiere decir no alimentes al petardo. No discuto el fondo del asunto porque con un troll lo único sensato que puede hacerse es ignorarlo pero hay varias formas de seguir este sabio consejo y aún tengo mis dudas de cuál es la mejor de ellas.

Por un lado está el método más rápido, limpio y contundente que es el bloqueo, a la que detectas que tienes un troll obsesionado con tu persona le bloqueas e inmediatamente dejas de leer sus ataques. Esto viene bien cuando el troll es básico, de los que insultan, amenazan y demás comportamientos de primero de descerebrado. Muerto el perro se acabó la rabia, él seguirá poniéndote a caldo pero como no lo lees, ojos que no ven, corazón que no siente y tentación de contestar poniéndote a su altura que evitas.

El problema está en los troll que no son tan básicos y que además del ataque primitivo y despiadado, el coñazo es más una lluvia fina que suele implicar a los que interactúan contigo por lo que bloquearlo no adelanta nada ya que lo único que no ves son sus tweets pero sí los de tus amigos tratando de razonar con él o directamente bajando al barro de su intelecto. En estos casos es mejor no tenerlo bloqueado y armarse de paciencia para explicar a los que te leen y te aprecian que tienen que ignorarlo y no entrar al trapo de sus provocaciones.

En esta segunda subdivisión troll yo tengo auténticos profesionales del cansinismo que a diario me lanzan varios ataques y provocaciones en la esperanza de que entre al trapo. Saben que los leo porque no los he bloqueado y me citan, pero jamás contesto. No les importa, son inasequibles al desaliento y siguen su cruzada contra viento y marea. No hay un solo día en que no me plantee que quizás lo mejor sería bloquearlos pero creo que lo entenderían como una victoria, no tanto como que perdiera los nervios y entrara al trapo, pero si un pequeño triunfo por lo que me resisto a ello.

Luego están los que no atreviéndose a ejercer de troll, te lanzan indirectas “inteligentes” que todo el mundo sabe para quién van dirigidas y que merecerían una entrada propia porque son síntoma inequívoco de alguna enfermedad, falta de riego o golpe en la cabeza en la más tierna infancia. Aquí lo mejor es aplicar aquello de “la ignorancia es júbilo” y como no lo lees seguir a tus cosas, pero si algún amigo caritativo te lo cuenta, no queda otra que reírse mientras el cansino no cruza ninguna línea roja y si lo hace ponerlo en conocimiento de la autoridad competente.

No sé qué experiencia tenéis vosotros con el troll de Twitter, esa especie digievolucionada cual Pokemon, del troll de cualquier otra red pero me encantará leer cualquier anécdota que os apetezca compartir. Y si alguno ha encontrado alguna otra solución contra esta plaga del siglo XXI, sed buenos y contádnoslo a los demás que aquí ninguno está libre de sufrir en sus carnes el ataque de un troll.

Michelle Obama

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Las imágenes de Barack Obama tonteando con la rubia primera ministra danesa en el funeral de Nelson Mandela, todo risas, toqueteos y auto fotos, bajo la mirada torva de su señora, con un ataque de cuernos de los de agárrate y no te menees, me han recordado cuántas ve ces nos hemos visto en situaciones similares, aunque afortunadamente no nos han sacado en los telediarios de todo el mundo.

La verdad es que la primera dama norteamericana, aunque sin poder disimular los morros, encuentra la mejor de las soluciones al respecto, aprovechando que su santo está dando el discurso de despedida a Mandela, le cambia el sitio colocándose estratégicamente entre la rubiaca y su marido y aquí paz y después aburrimiento.

Hay que reconocer que él también está hábil cuando al volver del atril se encuentra a su señora sentada en su sitio, cual la Concha de Forges con el rodillo de cocina y los rulos, en lugar de hacerse el nórdico, como la rubia, coge a su señora por la manita –es una licencia literaria porque Michelle tiene unas manazas que de un guantazo le quitaba la peluca a la oxigenada- y la besa tiernamente con cara de perdóname, tu eres la única jaca de mis entretelas, bomboncito mío…

No sabemos cómo habrá terminado la cosa, si con un revolcón de reconciliación, que son siempre de lo más agradecidos o con el líder del mundo libre durmiendo en un sofá de la casa blanca, lo que si tenemos todos claro es que los Presidentes del Gobierno, incluso de un país tan digno como los Estados Unidos, también son hombres y están sujetos a las tentaciones de la carne y que la señora de uno tiene legítimo derecho a cantarle las cuarenta incluso al que tiene el botón rojo de las bombas.

Dice alguno por aquí que las mujeres solo necesitamos un músculo para que los hombres se pongan firmes: la lengua… Aquí a Michelle no le ha hecho falta ni hablar, un estratégico cambio de sitio, una miradita de “te vas a cagar por las patas, Obi” y unos morros que ni cantando el only youuuu y fin del conflicto internacional, rubia batiéndose en retirada y marido pensando en cómo hacer méritos, muchos, para recuperar la paz familiar.

Igual a vosotros no os ha parecido tan gracioso el incidente, pero la verdad es que me encanta que los políticos, los líderes del mundo, sean personas como nosotros, con sus historias personales, con sus risas pavo real ante rubia nórdica, con sus auto fotos para el instragram, con celos de pareja, con besitos de arrepentimiento, en una palabra, con pasiones humanas, con bajos instintos, con problemas reales de la vida real.

Y no hemos dicho nada del tercero en discordia, el primer ministro inglés David Cameron que también se arrimaba a Helle Thorning Schmidt por su derecha y asomaba careto en la foto selfie. Parecía que podía ser el más beneficiado del corta rollos de Michelle a Obama, pero nada más lejos de la realidad, desde que le quitan a su moreno, la rubia se sume en la tristeza y melancolía, más propia por cierto del lugar en el que estaban. Pobre David, pero es que entre ese pedazo de tiarrón que es Barack Husein Obama y él, pues lógico que la danesa tenga claro qué bracete agarrar.

COSAS QUE ME DAN PEREZA INFINITA EN TWITTER

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Antes de empezar quiero dejar claro que yo no soy experta en redes, para eso, como para todo en la vida, hay que estudiar, formarse, trabajar y valer, y no es mi caso. Mi tiempo para la formación se lo dedico al Derecho, que para eso soy abogada y por tanto, lo de las redes es una afición, luego todo lo que escriba a partir de ahora serán mis apreciaciones personales sin mayor valor científico.

Todo lo que hago en la red, mi perfil, la imagen que los demás tienen de mi, eso que los expertos llaman la huella digital, es fruto de mi experiencia y mi intuición, no he hecho ningún curso, ni he leído ningún libro sobre la materia y apenas si ojeo por encima los artículos que recomiendan mis gurús de cabecera.

Con formación o sin ella, hay varias cosas que me dan una pereza infinita cuando las veo y que os voy a contar porque hace días que no tengo ganas de escribir de política y este me ha parecido un tema tan interesante como inocuo:

 1.- Repetir hasta la saciedad la misma noticia, enlace, acontecimiento, o lo que sea, incluyendo cada vez a distintos usuarios no solo no consigue captar mi atención y que reutietee el asunto, sino que a la tercera vez que veo pasar el link por mi timeline me conjuro para no abrirlo bajo ningún concepto. Briconsejo, si me mandas un DM pidiéndome ayuda o difusión del asunto, es mucho más fácil que te haga caso que si me abrasas a citas con todo lo que se te pasa por la mente.

 2.- Discutir con discutidores profesionales. A poco tiempo que llevéis por la red del pajarillo ya habréis visto que hay gente experta en meterse en cualquier conversación y reventarla por aburrimiento. Tienen además el vicio de ir incluyendo usuarios en el marrón para que llegue un punto en que apenas puedas poner 30 o 40 caracteres porque los demás están ocupados por la ristra de co-discutidores. Paso enormemente de estas jaulas de grillo y os recomiendo hacer lo mismo, no aportan nada y te descolocan los chacras, el chi y el aura.

 3.- Conseguir seguidores a costa de seguir a miles de personas. Esto no es una competición, a todos nos gusta que nos lean porque nos engorda el ego, que es una de las cosas más satisfactorias de la vida, pero no merece la pena seguir compulsivamente a todo lo que se mueve a la espera del follow back. Por no hablar de que un timeline con miles de personas es ingobernable, os lo digo por experiencia, el mío ya está tomando tintes de barullo insoportable y eso que he ido colocando a la gente en listas.

 4.- Seguir a alguien para que te siga. Otra tontada, primero porque yo no siempre me entero de que alguien me sigue, depende de a través de qué aplicación entre y con cuanto tiempo lo haga, veo o no, si tengo nuevos seguidores. Segundo porque no devuelvo un follow porque sí, miro la biografía y si es socialista casi tiene me tiene ganada, pero también echo un ojo a los últimos tweets que ha puesto, sin son cansinos, me contengo, que ya tengo saturado el timeline.

 5.- Soportar estoicamente aquellos que te insultan, que te atacan, que te dan la brasa mortal porque como son seguidores, si los borras te dejarán de seguir. Pues muy bien, tanta paz lleven, como descanso dejan. De verdad, es mucho mejor tener pocos seguidores de calidad que un montón de plastas, trolls, resentidos, cansinos y demás flora y fauna que anda por aquí.

6.- Apuntarse a toda moda, iniciativa o hahstag que surja. No pongo mi foto del Revés, no me pongo la bandera de Chiquitistán, no repito hastag que me hacen sentir vergüenza ajena de quien los haya propuesto, no hago dibujos artísticos con los 140 caracteres… llamadme estoica pero me gusta que la gente me reconozca rápido por la foto de mi perfil y que sigan pensando que no he perdido del todo el juicio apuntándome a cosas infantiles, faltonas o zafias. Soy así de rancia, qué le vamos a hacer.

 7.- No hacer ni caso de todo lo leído anteriormente. Eso es lo que hago yo porque es mi naturaleza, que no tiene por qué coincidir con la vuestra y que no garantiza, ni mucho menos, el éxito. Esto de twitter es para pasárselo bien, para comunicarse con otros, para informarse de cosas que a uno le interesan, para compartir con otros aquello que nos inquieta y hasta para conocer gente, pero desde luego, no hace falta tomárselo tan en serio, ni siquiera tomarnos a nosotros mismos tan en serio.