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Archivo de la etiqueta: Alfonso Guerra

SIMPLIFICACIONES POLITICAS

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Samsung 353Vivimos en una sociedad híper informada e híper conectada. Una sociedad que tiene acceso a cualquier noticia que se produzca en cualquier lugar del mundo casi en tiempo real, contada no solo por los medios clásicos de comunicación, sino también por cualquier usuario de una red social que la esté viviendo en directo. Una sociedad que parece que se ha saturado con tantos datos y que ha decidido quedarse con el mero titular.

Esta semana hemos tenido el enésimo ejemplo de cómo funciona esta simplificación política que tanto interesa a los ricos, los poderosos, los corruptos, los que manejan el cotarro. Felipe González, al ser preguntado por el escándalo del latrocinio de la familia Pujol comenta que la primera impresión que tuvo al oír la noticia es que se trataba de una actuación de cobertura de un padre a sus hijos. No dijo que creía en la honradez de Pujo, ni que Pujol no fuera un corrupto, solo dijo que le había sorprendido tanto la noticia que no podía creerla ya que él, como muchos otros en toda España, tenían a Jordi Pujol por un hombre honorable.

Sin embargo, lo que ha trascendido a los medios de comunicación es que Felipe González defiende a Pujol y la campaña ha permeado tanto en la sociedad, que hasta nuestro flamante nuevo Secretario General, Pedro Sánchez, se ha visto hoy en la obligación de corregir a Felipe, asegurando que si él creía en la inocencia de Pujol, Pedro no. Mal vamos si caemos en la trampa de la caverna y la nueva izquierda ideal de la muerte de bailar al son que nos toquen.

Unos días antes, otro referente del socialismo español, no es casualidad que siempre se malinterpreten o directamente se manipulen las palabras de socialistas, forma parte de esta campaña de acoso y derribo al PSOE en la que vivimos inmersos. Me refiero al artículo en el que Alfonso Guerra hablaba de la polarización de las políticas europeas y el resurgir de movimientos fascistas y comunistas en nuestro entorno, que se quiso extrapolar, o más bien “intrapolar” a la política española como un ataque a Podemos. De nada sirvió que Alfonso insistiera una y otra vez que él no había hablado de Podemos, ni mucho menos de un pacto entre el PSOE y el PP para detener su ascenso.

Aprovechando este quedarse en el titular y no leer el cuerpo de la noticia y ya de contrastarla con otras fuentes, ni hablamos, tenemos actuaciones como las de la jueza Alaya que hace escritos propios de Gila: “alguien se ha llevado el dinero de los andaluces y no miro a nadie” “alguien puede pasarse voluntario a declarar en el juzgado si le apetece” “alguien ha sido muy malo, malísimo”, pero que le sirven para salir en primera página de cualquier diario en los que se afirma que ha imputado a tal o cual socialista, aunque luego no sea una imputación, sino una preimputación, figura del derecho procesal penal español de su propia invención.

Así podría seguir durante cientos o miles de líneas más pero creo que ha quedado claro lo que estoy denunciando, España está aquejada del mal de la superficialidad, del populismo, de la demagogia, del discurso facilón, de la promesa electoral imposible y de la improvisación. Lo que hagan otros partidos no me importa, allá ellos, pero desearía que el Partido Socialista Obrero Español recordara que es un Partido con 135 años de historia, con vocación de Gobierno, con un proyecto político propio e independiente que no necesita mirarse en el espejo ni de la diestra ni de la siniestra. Defendamos nuestros principios y valores y aquellos que los encarnan desde hace décadas, mantengámonos firmes en aquello que creemos aunque recibamos la puya fácil de quien no ha tenido responsabilidad alguna de Gobierno y por tanto no ha podido errar, tampoco acertar. Y sobre todo, miremos al futuro, se terminó el flagelo por los errores cometidos y el voceo de los logros conseguidos. Ahora solo nos queda presentar una propuesta seria, coherente, de izquierdas y que nuestros actos no contradigan a nuestro discurso. Lo demás lo traerá el tiempo, la perseverancia y el trabajo.

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30 años

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Hoy, 28 de octubre de 2012, se cumple el treinta aniversario de la primera victoria socialista de nuestra democracia. El Partido Socialista Obrero Español, con un jovencísimo Felipe González a la cabeza, arropado por el que fue su mano izquierda durante años, Alfonso Guerra y por un grupo de políticos de la talla de Guillermo Galeote, Fernando Morán, Fernández Marugán, Jerónimo Saavedra, Manuel Marín, Virgilio Zapatero, Demetrio Madrid, Obiols, Ernest Lluch, Joan Lerma, Ibarra, Solana, Leguina, Barón, Múgica, Benegas…

Los socialistas obtuvimos más de diez millones de votos, casi el doble que la segunda fuerza política, la Alianza Popular del ínclito Manuel Fraga Iribarne. Diez millones de votos  que supusieron 202 escaños en una España que tenía algo más de 37 millones de habitantes, con una participación récord del 80%. En las únicas provincias donde no venció la lista encabezada por un socialista fueron: Avila, Segovia, Soria y Burgos, Lugo, Orense y Pontevedra, Guipúzcoa, Vizcaya y Gerona.

Pero todas estas cifras, magníficas, demoledoras, aplastantes, son solo eso, cifras. Lo más importante es que 30 años después yo recuerde perfectamente aunque solo tuviera 10 años, la alegría que supuso esta victoria del socialismo en una España que empezaba a despertar de la pesadilla del franquismo.

Recuerdo la ilusión que brillaba en los ojos de mi madre, de mi padre, abrazándose. La gente por la calle se felicitaba porque la victoria no había sido solo de Felipe González, ni siquiera de los socialistas, la victoria había sido la del pueblo, la de la clase trabajadora, la de los oprimidos y todos la sintieron como suya.

Dijo Alfonso Guerra, el día que nos vayamos, a España no la va a conocer ni la madre que la parió. Y lo cumplieron, lo cumplimos. Bajo los mandatos de Felipe González, este país dejó atrás los 40 años de retraso en los que nos sumió la dictadura y el aislamiento del tirano para convertirse en un país moderno, solidario, competitivo y feliz. Integrante de la CEE primero, la Unión Europea después. Un país con una Sanidad universal y gratuita envidia de muchos y ejemplo hasta para Obama.

Y como toda luz, tuvo sus sombras, golfos como Roldán que se colaron entre los miles de cargos que hubo de nombrar el PSOE al vencer  de manera aplastante en todas las elecciones que se convocaban. Escándalos de financiación irregular o utilización de despachos que siendo deplorables, resultan pecata minuta cuando se comparan con el latrocinio generalizado de la trama Gurtel dentro del Partido Popular y los miles de millones robados a las arcas públicas por los que decidieron quitar la Fiscalía Anticorrupción por innecesaria… El repugnante asunto del Gal.

Hoy, 30 años después, con el Partido Socialista en el peor momento de su historia reciente, con apenas 110 diputados, casi la mitad que Felipe en aquel glorioso 1982, con dos derrotas recientes en Galicia y Euskadi y unas dificilísimas elecciones autonómicas en Catalunya en menos de un mes. Con una dirección Federal alejada de la militancia y un PSOE muy lejos de los ciudadanos que un día nos votaron, echamos la vista 30 años atrás y nos invade la melancolía.

Sacudámonos ese sopor que trae consigo el pensamiento de que cualquier tiempo pasado fue mejor. No caigamos en la tentación de dejarnos abatir por los recuerdos de un pasado glorioso. Está en nuestra mano volver a ser aquello que fuimos: un partido de izquierdas, conformado por el pueblo y para el pueblo, un referente social, un ejemplo, un orgullo, una esperanza y una ilusión para millones de españoles.

¡Socialismo o barbarie, compañeros!

Guerristas somos todos

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En estos tiempos de tribulación, en los que los prudentes -o cobardes- dicen que no hay que hacer mudanza, algunos, como Tomás Gómez, pensamos que es el mejor tiempo de mudar.

Ahora la pregunta es mudar hacia dónde y ahí tenemos clara la respuesta, mudar hacia la izquierda, hacia nuestros principios y valores, aquellos que hace 132 inspiraron a Pablo Iglesias para crear nuestro Partido con el fin de luchar contra la injusticia social.

Esos valores siguen vigentes y son compartidos por todos los socialistas aunque algunos ni se den cuenta y la figura inspiradora de este socialismo clásico, de esta lucha de clases, es Alfonso Guerra.

No en vano en el Barómetro de Bases, la figura de Alfonso Guerra como presidente del Partido Socialista fue abrumadoramente apoyada por la militancia de Base frente al ridículo apoyo de otros, más allá de supuestas pertenencias a familias o colectivos.

Identificarse hoy como ‘guerrista’, buscando la diferencia, esconde intereses; es una forma cobarde de presentarse bajo el parapeto de lo que no se tiene.

Algunos han decidido decir que ‘el guerrismo’ apoyará un determinado candidato. Al hacerlo se arrogan una representación que dudamos que Alfonso Guerra avale. Yo misma me puedo considerar ‘guerrista’ y no concuerdo con ese titular. De hecho, por considerarme de ‘escuela guerrista’, no puedo hacerlo.

El guerrismo dejó de ser una ‘familia’ cuando comenzó a ser un concepto real, una forma de entender la política, la militancia y el partido. Tratar de presentarse como ‘guerrista’, cuando se quiere decir otra cosa es, a mi entender, una falta de respeto a la propia figura de Alfonso Guerra. Empero como dice Antonio Miguel Carmona: “identificarse con Guerra hoy por hoy es una forma de respeto al concepto del partido”.

Quién carece de la entidad suficiente para presentarse por sí mismo hace uso de un concepto respetado por todos para atraer afecciones. Es una estrategia tramposa y ahora que la militancia está informada, relacionada, interconectada, es una estrategia condenada al fracaso.

Así que sí, como titulo, guerristas somos todos y algunos, como yo, guerreros.

¿Tu también, Alfonso?

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Esta mañana me he desayunado con unas declaraciones de Alfonso Guerra en las que decía que se planteaba no repetir en las listas del PSOE en noviembre.

Sus razones eran los muchos años que lleva en política y los muchos años que él mismo tiene, 71, pero dejaba abierta la puerta a que se lo pidieran los compañeros en su circunscripción, Sevilla.

Entiendo que una vida dedicada a la política es más que suficiente, pero al pensar en un Psoe sin Alfonso he sentido como si se apagara un faro en mitad de la peor de las tormentas. Ahora ya no hay una luz que nos indique dónde están las peligrosas rocas del acantilado.

Desde pequeña he admirado a Alfonso Guerra. Creo que ya lo había escrito por aquí. Para mí formaba el tándem perfecto con Felipe González. Nunca hemos vivido momentos mejores en nuestro partido como con ellos dos al frente.

Recomiendo la lectura de sus memorias, aunque falta la tercera y última parte, son muy esclarecedoras. Sobre todo en lo tocante al acoso y derribo del que fue objeto por parte de la derecha mediática. Aclara las mentiras que sobre su persona se dijeron. También en el proceso de alejamiento personal y político que sufrió con Felipe.

He disfrutado con sus intervenciones en el Congreso como pocas veces, quizás solo con el mejor Rubalcaba y aquella María Teresa Fernández de la Vega azote de la oposición.

He tenido el placer de asistir a varios de sus mítines en los que siempre nos arrancó una carcajada con su ocurrente ironía, con su descarnado sarcasmo. Y en los que nuestras bases se sintieron ante uno de los suyos.

También he podido asistir a alguna conferencia, de historia, de poesía y he descubierto al Alfonso más íntimo, culto y sofisticado. Un melómano, gran conocedor de la poesía, sensible y  refinado.

Creo sinceramente que con su partida estamos asistiendo al fin de una época gloriosa del socialismo español. Con él se va de la primera línea de fuego el último de los socialistas que se jugó la vida en la clandestinidad por defender nuestros principios. Perdemos al que es probablemente, el mejor conocedor de la Constitución Española y los avatares que acontecieron durante la transición en su elaboración.

Gracias Alfonso, nací guerrera y por ti me volví guerrista.