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Quieren borrarnos de la Historia

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DESMEMORIA

Hoy, que el Partido Socialista Obrero Español cumple 135 años de Historia, 40 de ellos en el exilio, la clandestinidad, la cárcel y el miedo, nos encontramos con que la derecha española, la política, la económica, la periodística, la de las grandes empresas y capitales, han decidido hacernos desaparecer de la Historia, borrar aquellos episodios que enaltecen a los hombres y mujeres de izquierdas, que defendieron la libertad, la igualdad, la democracia y todo lo bueno que traían consigo y reescribirlos para mayor gloria de su pasado.

No es un asunto baladí, ni anecdótico, que le quieran contar a nuestros niños, que Federico García Lorca, asesinado por los nacionales porque era homosexual y de izquierdas, se murió cerca de su pueblo, así, sin más, sin que mediara por ello el fascismo, el odio, un alzamiento militar, una guerra civil y una ignominiosa dictadura que comenzó con ellos.

No es casual que pretendan enseñarle a nuestros menores que Antonio Machado se fue a Francia con su familia donde vivió hasta la muerte sin hablar previamente de las razones que le obligaron a exiliarse, a abandonar su país, sus raíces, todo lo que conocía, razones que no son otras que el fascismo, el odio, un alzamiento militar, una guerra civil y una ignominiosa dictadura que comenzó con ellos.

No es algo improvisado que los que hoy manejan los designios de nuestro país, en lugar de abominar de su pasado franquista, pretendan dulcificarlo, edulcorarlo de tal forma que se convierta en algo tolerable y no en el páramo hediondo de Franco. Ellos son los hijos y nietos de los que perpetraron aquellas atrocidades. Su Partido lo crearon un grupo de Ministros del Dictador, que se acostaron una noche como acérrimos defensores del movimiento y se levantaron una mañana demócratas de toda la vida. En sus filas militan cómodos los que se fotografían con simbología franquista, fascista y hasta nazi.

En nuestros días asistimos al tratamiento como chiquilladas del ensalzamiento del fascismo, al mismo tiempo que encerramos a chicos por “apología del terrorismo” por hacer comentarios humorísticos de muy mal gusto en las redes sociales. Este doble rasero a la hora de medir el insulto, la amenaza y la exhibición de simbología inadmisible es otra muestra más de cómo pretenden reescribir la historia, no solo pasada de nuestro país, sino también la reciente.

Hoy, que el Partido Socialista Obrero Español cumple 135 años de historia valiente, de hombres y mujeres que antepusieron los intereses de todos a los suyos propios, que no dudaron de poner en peligro sus vidas por salvaguardar los principios y valores que las inspiraban, hoy, me siento orgullosa de pertenecer a este gran partido y me comprometo a no dejar que se olvide nuestra historia, cueste lo que cueste.

 

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CAUTIVO Y DESARMADO

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cautivo y desarmado

Hoy, se cumplen 75 años desde que finalizó la Guerra Civil española con el triunfo de los sublevados encabezados por el golpista Francisco Franco, que tras tres largos años se saldó con la escalofriante cifra de al menos medio millón de españoles muertos no solo en el frente, sino también en retaguardia y cerca de noventa mil víctimas del franquismo en todas sus formas desaparecidas, enterradas en las cunetas, sepultadas en fosas comunes, hurtadas a la memoria.

El último parte de guerra emitido por el ejército nacional el 1 de abril de 1939 zanjaba la contienda afirmando: “en el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”. Terminaba la guerra sí, pero comenzaba el horror, cuarenta largos años de dictadura franquista, de represión, de venganza, de odio, de intolerancia, de miedo y de muerte. Cuarenta años de exilio y clandestinidad, cuarenta años de rabia, de dolor y de silencio, cuarenta años.

Y un buen día del año 75 –digo buen día porque sin duda fue bueno, el mejor en décadas- el genocida se murió, tranquilo, en su cama, rodeado de los suyos y sin haber pagado por su golpe de Estado, por sus crímenes contra la República, contra la democracia y contra los españoles. Se murió dejándolo todo atado y bien atado en manos del Consejo de Regencia, con un rey educado a su sombra que nombró como Presidente del Gobierno a Arias Navarro, mano derecha de Franco y con un régimen que, contra todo pronóstico, duraría muy poco tras su muerte, gracias, entre otros a Adolfo Suárez, sucesor de Arias Navarro y arquitecto del desmantelamiento del franquismo, al que estos días rendimos homenaje.

Ayer, víspera del 75 aniversario del final de nuestra Guerra Civil, en el Funeral de Estado en honor del recientemente fallecido Adolfo Suárez, el oficiante, el Presidente saliente de la Conferencia Episcopal, arzobispo de Madrid y cardenal español, Rouco Varela, se descolgó con unas vergonzantes frases, amenazas quizás, sobre la posibilidad de una nueva guerra entre españoles, textualmente afirmó: “los hechos y actitudes que causaron la Guerra Civil la pueden volver a causar”.

Dejando a un lado el asunto de que un Estado aconfesional, que no laico, otra de las concesiones al miedo, a la derecha y a la iglesia de nuestra idealizada transición, se celebren funerales de estado católicos, independientemente de las creencias religiosas de los que yacen en sus ataúdes, algunas veces ateos, otras practicantes de otras religiones que conviven con el catolicismo en España, como son el islamismo, el judaísmo, entre otras, dejando este hecho a un lado que merece una reflexión aparte, lo de Rouco ayer fue infame.

Cuando desde la izquierda reivindicamos la necesidad de una Ley de Memoria histórica que hiciera justicia a los que durante cuarenta años permanecieron ocultos, olvidados, enterrados en las cunetas, con sus nombres asociados a delitos que no existieron, ensuciando su memoria y atormentando a sus familiares, se nos acusó de guerracivilismo.

Guerracivilismo es lo que hizo la Iglesia española con el levantamiento del General Francisco Franco, denominando su golpe como una cruzada y llevando al dictador bajo palio mientras el pueblo lloraba a sus muertos. Guerracivilismo es no permitir exhumar los cadáveres de los republicanos asesinados por los fascistas y enterrados en cunetas o fosas comunes en aras a no alterar la convivencia democrática de los españoles de bien. Guerracivilismo es decir que los familiares de las víctimas del franquismo solo se acuerdan de ellos cuando hay subvenciones de por medio. Guerracivilismo es mantener el nombre de asesinos, torturadores, criminales contra la humanidad reclamados por otros estados como tales, en los callejeros de pueblos y ciudades de España. Guerracivilismo es afirmar que con el dictador se vivían tiempos de extraordinaria placidez, anhelando el Régimen franquista como un periodo de orden y prosperidad. Guerracivilismo es lo que hizo ayer Rouco Varela.

¡En memoria de todos los que cayeron defendiendo la República, la democracia, el régimen constitucional del 31, el Estado de Derecho, la libertad, la justicia y la dignidad de todos los españoles! ¡No os olvidamos!

HABERLO HECHO ANTES

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Hoy, el Grupo Parlamentario Socialista ha propuesto en el Congreso que se trasladen los restos del golpista, dictador y genocida, Francisco Franco de su mausoleo en el Valle de los Caídos para evitar la ignominia que supone que compartan espacio el verdugo con sus víctimas y el despropósito, sin parangón en el mundo, de tener un monumento a la memoria de un tirano.

En lugar de entrar a valorar el fondo del asunto, que será sin duda rechazado tajantemente por esta derecha española cuajada de gentes que añoran aquellos tiempos de extraordinaria placidez que vivían con Francisco Franco y que exhiben símbolos franquistas y nazis con orgullo e impunidad, una gran parte de la izquierda ha contestado al unísono, haberlo hecho antes, en clara alusión al tiempo que los socialistas gobernamos y no sacamos a Paco de su agujero.

Es muy fácil hacer oposición a los socialistas, partido que en democracia ha estado más años en el Gobierno de España, basta con gritar ante cualquier propuesta actual: “haberlo hecho antes” y con esto se ahorra uno el esfuerzo intelectual de valorar las propuestas, contraponer argumentos para no apoyarlas, máxime si se está de acuerdo con ellas o incluso, presentar algunas mejores, si es que se dispone de ellas.

Lo peor es cuando son los propios compañeros socialistas, los que atenazados por años de campaña mediática cavernaria contra nuestro Partido, caen en la trampa de preguntarse también por qué no lo hicimos antes y es a esos compañeros a los que yo quiero dirigirme para que sepan qué contestar.

No lo hicimos antes porque cuando llegamos al Gobierno la primera vez tuvimos que preocuparnos de sacar a España de 40 años de atraso y aislamiento internacional sufrido por causa del franquismo. Para ello debimos hacer las reconversiones industriales y navales. Debimos actualizar las infraestructuras de transporte de este país, carreteras, trenes aeropuertos, para conseguir que las mercancías circularan de forma eficiente. Conseguimos que nos aceptaran en la Comunidad Económica Europea, ahora Unión Europea pese a que desde la derecha se tachaba a Felipe González de “el pedigüeño”. Universalizamos la Educación Pública y conseguimos que la reivindicación proletaria del hijo del obrero a la Universidad fuera una realidad. También logramos que la Sanidad española fuera Pública, Universal, Gratuita y de calidad, envida del mundo, ejemplo tomado por Obama para su reforma sanitaria, nada menos que en los Estados Unidos. Reconocimos el derecho a cobrar una pensión a todos los españoles y españolas, dignificándolas y devolviendo a nuestros mayores, parte del esfuerzo realizado en una de las peores épocas de nuestra historia. Y mientras hacíamos todo eso, además luchábamos contra el ruido de sables que imperaba sordo en España, no olvidemos que Tejero intentó un golpe de Estado en el año 81 y contra los terroristas de ETA que se ensañaban contra el Estado de Derecho con una ferocidad e inquina difícilmente explicable en democracia. Además diseñamos e implementamos el Estado autonómico como una manera de acercar las instituciones a los ciudadanos y consolidamos la democracia en un tiempo record que hace que ahora no se recuerden las dificultades desde las que partíamos entonces.

Y todo esto, el tan añorado ahora, Estado del Bienestar, lo hicimos en la primera época del socialismo porque cuando Zapatero nos devolvió al poder en 2004 aún hicimos mucho más: aprobamos una Ley pionera en el mundo para reconocer los derechos de los homosexuales permitiéndoles casarse, adoptar hijos y tener una vida plena como el resto de los ciudadanos españoles. Dedicamos esfuerzos a potenciar la Igualdad entre hombres y mujeres y a luchar contra la violencia de género. Sin tener mayoría absoluta en ninguna de las dos legislaturas conseguimos sacar adelante una Ley de Memoria Histórica que pretendía hacer justicia con los nuestros. Elevamos el Salario Mínimo Interprofesional y las pensiones, sobre todo las más bajas, logramos las más altas tasas de empleo de la historia española y aprobamos la Ley de Dependencia, una deuda histórica con aquellos que más sufren en nuestra sociedad.

Seguro que me dejó algunas cosas, pero creo que con todo lo anterior es suficiente para que, compañeros, cuando alguien, ante nuestras propuestas, os diga: “haberlo hecho antes” podáis contestarle orgullosos, con la voz firme y sin sombra de duda que estábamos ocupados construyendo todo aquello que ahora destruye el Partido Popular.

Guerracivilismo

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Guerracivilismo es el término usualmente usado por la derecha española, heredera del franquismo, para reprochar a los descendientes de las víctimas de la represión del dictador, que exijan justicia, respeto, reconocimiento, digna sepultura a sus muertos, memoria histórica o cualquier forma de reproche o repudio al genocida, Francisco Franco.

Que en España, desde el Partido Popular, no solo se defiende, sino que se idolatra la figura de Franco, es un hecho objetivo que recogen a la perfección Los Geneveses en esta entrada. Decenas de ejemplos de cargos electos populares que defienden, que reparten honores y que añoran los tiempos de extraordinaria placidez que vivían con Franquito.

Ayer, en la Asamblea de Madrid, Tomás Gómez, en defensa de nuestros mayores, los que ahora están viendo como después de una vida de cotizar a la Seguridad Social, de sostener el Sistema Público de Salud, se les cobran los medicamentos, las prótesis, la ambulancia, la sillas de ruedas… utilizó una expresión que ha levantado ampollas en la caverna: “Los abuelos de ustedes robaron a millones de españoles su infancia y ustedes, que son sus nietos, pretenden robarles la jubilación

Tras la airada reacción de propios y extraños, me paro a reflexionar unos minutos y lo primero que me viene a la cabeza son una serie de hechos objetivos que se dan en nuestra joven democracia:

  • El Partido Popular tiene su origen en Alianza Popular, partido que fue formado por un grupo de Ministros de Francisco Franco. Hecho objetivo número 1.
  • El Partido Popular está integrado, en su cúpula, por hijos y nietos de los hombres más destacados del Régimen. Hecho objetivo número 2.
  • El Partido Popular ha impedido el desarrollo de la Ley de Memoria Histórica que pretendía dignificar a las víctimas del dictador sin exigir responsabilidades penales por los crímenes de la dictadura, llegando incluso a la inhabilitación del Juez que se atrevió a investigar los crímenes del franquismo, Baltasar Garzón. Hecho objetivo número 3.

Ahora voy a entrar en los hechos subjetivos, en mi opinión al respecto, por la que seré inmediatamente llamada guerracivilista y reabridora de heridas y traidora a la democracia, pero es lo que siento y así lo digo:

En España no tuvimos un juicio de Nuremberg donde se aclarara la participación, durante 40 años, en la represión franquista, de los que luego fueron padres de la Constitución, figuras destacadas de la Transición y prohombres de España. Eso significa que los únicos que fuimos generosos y que conformamos ese espíritu de la Transición fuimos los hombres y mujeres de izquierdas. Los que teníamos razones para pedir justicia y venganza y renunciamos a ello para favorecer la llegada pacífica de la democracia.

Las decisiones que se tomaron, por la izquierda en aquellos años 70, se hicieron bajo la coacción y la amenaza de una nueva Guerra Civil entre españoles si se exigían represalias contra los que habían cometido delitos contra la Humanidad. Yo nací en el 72 y no me siento obligada por ese tan cacareado espíritu de la Transición. Yo no tengo miedo a reabrir las heridas que realmente nunca se han cerrado, ¿alguno de vosotros cree que el que tiene un padre o un abuelo enterrado en una cuneta, fusilado en una tapia de un cementerio, desaparecido o exiliado siente que sus heridas se cerraron con el borrón y cuenta nueva? Yo quiero que se haga justicia, que se limpie la memoria de los hombres y mujeres buenos que dieron su vida por la República, que se elimine el nombre del dictador de calles y plazas de España, que se mire a Alemania y su tratamiento al nazismo como ejemplo a seguir.

Decir que eso pasó hace muchos años y que no interesa a nadie es lo que nos ha traído la vergüenza que supone que muchos de nuestros mayores, los que en el 36 se mantuvieron del lado de la democracia, de la constitución, de la legalidad vigente, hayan muerto sin obtener una reparación, ni siquiera moral. Recuerdo la dignidad de una víctima, María Martín que a sus 81 años empezaba su declaración con un hilo de voz diciendo: “a mi madre la mataron en el 36”, y se preguntaba si el Supremo quiere que esperen 75 años más.

Decir que en España ahora tenemos problemas más graves que los de preocuparnos de la Memoria Histórica, es lo mismo que cuando se decía que para qué preocuparnos de las desigualdades sociales aquí si en África había gente muriendo de hambre. Que haya muchos problemas y de distinta gravedad, no justifica el abandono al que hemos sometido durante 30 años a las víctimas del franquismo.

Ahora ya podéis llamarme guerracivilista, lejos de sentirme insultada, me sentiré honrada.