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¡NO SE NEGOCIA CON GOLPISTAS!

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Compañeros y compañeras del PSOE que andáis acomplejados por defender la Constitución de la que fuimos principales artífices y casi únicos defensores (os recuerdo que el germen del PP, Alianza Popular, promulgó la abstención y hasta el no a la Carta Magna y fuimos la izquierda quienes tiramos del carro) no se negocia con golpistas. Socialistas, con y sin carné que os dejáis engañar por los que señalan a la democracia mientras perpetran un golpe de Estado en Cataluña perfectamente planificado, no se negocia con golpistas. Progres variados que os llenáis la boca de diálogo y os escandalizáis porque los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado cumplan con el mandato judicial y hagan cumplir la legalidad vigente, tengo algo que deciros ¡NO SE NEGOCIA CON GOLPISTAS!

La semana pasada, los Puigdemont, los Turull, las Forcadell, los Junqueras, dieron un golpe de Estado en el Parlament, promulgando una Ley de Independencia que el Tribunal Constitucional ya ha dicho que no tiene encaje en nuestro ordenamiento jurídico, que además no respeta ni el Estatut de Cataluya que los propios catalanes votaron como norma de convivencia, no respeta las normas de su Cámara, pensadas para que una mayoría no cualificada no pueda imponer al todo su voluntad, amordaza a la oposición (que no olvidemos tuvo más votos que el independentismo en las elecciones “plebiscitarias”), no escucha a su propio Consell jurídico y es una vergüenza internacional.

Entonces, ya debieron ser puestos a disposición judicial, pero no, decidimos esperar y apelar al diálogo con quienes ya habían decidido romper el orden constitucional y salirse de las normas de convivencia pacífica de todos los españoles, catalanes y no catalanes, independentistas y no independentistas. No comprendimos que una vez decidido que, sin legalidad, sin garantías, sin el más mínimo respeto a la democracia, se iba a celebrar un referéndum ilegal (aunque fuera usando viejas y niños como escudos humanos) ya no valían las palabras, había que pasar a los hechos.

Después hemos visto cómo se trataba de impedir por todos los medios, unos pacíficos, otros violentos, todos ilegales, que la Policía y la Guardia Civil (los Mossos a las órdenes del desleal Trapero ni estaban ni se les esperaba) cumplieran con un mandato judicial: evitar la celebración de un referéndum declarado inconstitucional por el alto Tribunal. Se han sacado de quicio los incidentes, que sin duda los hubo y alguna que otra extralimitación de los que se encontraron en situaciones límites en el cumplimiento de su labor. Recuerdo a los lectores que levantar los brazos mientras se delinque o se entorpece la acción de la justicia, no da patente de corso para seguir delinquiendo.

Lo último que nos faltaba por ver es que en las últimas horas se esté acosando en sus hoteles a los funcionarios públicos, los guardias que el Estado ha enviado a proteger a los catalanes de los sediciosos, a la legalidad de los que tratan de imponer su voluntad, a los leales a la Constitución de los desleales con todos los españoles y al estado de derecho de los golpistas. Y mientras la población catalana que no es independentista, que se siente española, o andaluza, o murciana, o madrileña, pero que no está de acuerdo con el totalitarismo que destilan sus vecinos. Esos catalanes que descuelgan banderas españolas de los ayuntamientos, hacen caceroladas para que no descansen los guardias e imponen una huelga patronal o gubernamental a quienes quieren seguir viviendo, trabajando y siendo España, esa parte de Cataluña no independentista, sintiéndose sola y desamparada, pasando pena y miedo, mucho miedo.

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Lo primero que hay que restablecer en Cataluña es la legalidad, el ordenamiento jurídico, el orden constitucional, porque fuera de él solo hay barbarie. El Estado no puede consentir que los golpistas se salgan con la suya porque eso romperían el propio sentido del Estado. Una vez los responsables de la comisión de tan gravísimos delitos sean apartados de la vida pública, solo queda EL DIÁLOGO, pero no solo con Cataluña sino entre todos los españoles. Un diálogo como el que nos llevó hace 40 años a la democracia y la libertad bajo el amparo de la Constitución.

Diálogo entre el pueblo español, todos los españoles y españolas, residan en la Comunidad Autónoma donde residan, con lealtad a las instituciones españolas, sin imposiciones de unos sobre otros, sin privilegios ancestrales, sin españoles de primera y de segunda, sin agravios comparativos. Diálogo sí, pero no con golpistas.

Termino este escrito escuchado el mensaje del Jefe del Estado que comparto plenamente.

 

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OPERACIÓN PALACE

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Anoche peleaban por la audiencia dos de los egos mediáticos más grandes que jamás se han visto, de un lado, el ínclito Risto Mejide, estrenaba su programa Viajando con Chester, entrevistando al ex presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero; y de otro, Jordi Évole anunciaba un programa de periodismo de investigación en el que desvelaría claves secretas de lo ocurrido durante el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, titulado Operación Palace.

Ya os confieso que como ambos dos me resultan igual de cargantes, demagogos, populistas y entregados al: “todos los políticos son iguales”, “la política no vale para nada”, “yo soy la verdad, la luz y la vida”, mi santo y yo estuvimos viendo un precioso documental en Divinity sobre la gestación con impresionantes imágenes de fetos en 4D. Pero como hace tiempo que tengo la costumbre de hacer cualquier cosa con el Twitter abierto, a la vez fui comprobando con estupor la broma de mal gusto que perpetró Évole en la Sexta.

Que el programa fue un montaje en plan Guerra de los Mundos versión cutre española ya lo sabéis todos. Que la intención no fue otra que sumar audiencia porque la moraleja de tamaño bodrio no se la encuentra nadie, también. Que hubo muchos que se creyeron lo que estaban viendo y hasta hicieron alarde en red de compartir las teorías “conspinaóicas” que allí se exponían, por supuesto. Que nada fue casual ni gratuito, no lo dudéis.

De lo de ayer se pueden extraer algunas conclusiones, a cual más preocupante, la primera de ellas es que los medios pueden mentir cuanto quieran porque la gente está dispuesta a creerse, casi cualquier cosa que den por televisión, siempre que venga envuelta en papel brillante de periodismo serio de investigación. Es más, que una vez convencidos de que la mentira es verdad, aunque el propio autor les comunique entre carcajadas que se la ha colado, siguen pensando que algo de realidad habrá…

Otra peligrosa conclusión del paripé de anoche es que nuestro sistema es frágil y que se le puede atacar de muy diversas maneras. Ayer Évole hizo más por aquellos que creen que lo nuestro no es una democracia, que la política solo está al servicio de sus propios intereses y que mejor nos iría con otro sistema (sic) que cualquier discurso, manifestación, libro, etc. Ayer, muchos de los que dieron su vida por la libertad, por la democracia, por este sistema que algunos se empeñan en denostar, se revolvían impotentes en sus frías tumbas.

A la vista de lo manipulable que es el público y de lo crédulos que resultan ante determinadas figuras mediáticas, piensa una, que es muy mal pensada, que no es la primera vez que nos la cuela, aunque sí es la primera vez que confiesa haberlo hecho. Si políticos de la talla de Anasagasti o Leguina, si periodistas del relumbrón de Iñaki Gabilondo, no tuvieron reparos en prestarse a esta farsa, imaginad la de entrevistas amañadas que os habéis comido en anteriores episodios del psicodrama “Salvados”.

Mención aparte merecen algunos/as estrellas del firmamento público, político, mediático, que se tragaron la bola hasta el corvejón y que hicieron gala de ello en las redes sociales para escarnio de propios y extraños, que aquí somos todos muy dados a unirnos al aquelarre. Y lo peor es que lo habían leído en documentos serios. Alguno hay que esta mañana me ha enlazado ensayos sobre magnas conspiraciones durante el 23F y me ha querido convencer de que el engaño era realidad, que todo en la vida es sueño y los sueños, sueños son…

Yo anoche solo podía acordarme de mi abuelo, militar en la reserva, nada sospechoso de rojerío, que al conocerse la toma del Congreso por Tejero, llamó a casa llorando y diciendo: “otra vez no, hijos míos, otra vez no”. Para algunos, un Golpe de Estado que acabara con nuestra democracia y que desembocara en una nueva Guerra Civil o dictadura, no era motivo para tomar a risa o especulación, sino una desgracia inmensa para todos los españoles.

PD MI COLABORACION EN PUBLICOSCOPIA DESARME DE ETA