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“A relaxing cup of café con leche”

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El Comité Olímpico Internacional decidió ayer apear a Madrid de la carrera olímpica por tercera vez consecutiva y en la primera votación, apostando por Estambul y Tokio que resultó finalmente ganadora. Los motivos por los que los miembros del COI apostaron por Japón y no por España son tan evidentes como variados y no voy a entrar en ellos, prefiero concentrarme en el papel de la delegación española.

De los ciento ochenta integrantes de la delegación española que viajaron a Buenos Aires a costa de nuestros impuestos, sí, habéis leído bien, ciento ochenta privilegiados pasando unos agradables días allende los mares de gañote, sin duda ninguna ha habido una protagonista de excepción, la alcaldesa de Madrid y señora del ex presidente Aznar, Ana Botella.

En su presentación final de la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos del 2020, la alcaldesa de la capital, la que fue “primera dama” de España durante los dos largos mandatos que su señor marido fue Presidente, perpetró una exposición en un idioma que algunos creyeron entender que era inglés pero que hizo removerse en su tumba a los restos de William Shakespeare.

Resulta vergonzante que un cargo público de la relevancia de la alcaldesa de la capital del Estado Español no sea capaz de expresarse dignamente, al menos en inglés. Digo dignamente porque decir con ojos extraviados “A relaxing cup of café con leche” no es desde luego muy generador de confianza y respeto. Tampoco estuvo demasiado inspirado el Presidente del Comité Olímpico Español, el que dijo que dios estaba con Madrid 2020, pero se ve que Alá estaba con Estambul y Buda con Tokio porque ambos nos han ganado en nuestra carrera olímpica.

En su descargo, del de la ínclita alcaldesa Botella, hay que reconocer que España es un país con severas carencias idiomáticas que arrastramos desde hace décadas y a las que contribuye desfavorablemente el hecho de que doblemos al castellano las películas y series extranjeras, cosa que no sucede en prácticamente ningún lugar del mundo. Mientras que nuestros niños ven películas infantiles dobladas a su idioma, los niños del resto del mundo las ven en inglés con subtítulos. Y esto que parece una nimiedad hace que en otros sitios se aprenda, al menos inglés, de manera sencilla y casi sin darse cuenta mientras que aquí es una tarea escolar.

Por mi parte he tomado nota y he decidido apuntarme al primer curso de inglés para desempleados que encuentre porque no quiero verme un día hablando como un indio Apache en una película mala del oeste; o como Aznar y su infumable acento tejano mientras afirmaba: “estamos trabajando en ellouuu”; o como el Presidente del Banco de Santander, Botín; o como el Príncipe Gitano cantando “in de getouuu”; o como mi ídolo Raphael cantando: “guen de mun is in de seven jaus”; o como Ana Botella intentando que los del Comité Olímpico Internacional nos dieran los juegos 2020 a los pobres madrileños que la sufrimos como alcaldesa de las peras y las manzanas, las gaviotas reidoras y los dos coches con chófer y escolta para ir a la peluquería, que viene a ser lo mismo.

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Tengo una cabezonada

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Cuando nuestro faraónico alcalde de Madrid, Napoleón Gallardón, ahora Inquisidor Mayor del Reino, desde su flamante cargo de Ministro de Injusticia, después de perder por segunda vez la candidatura a organizar los Juegos Olímpicos nos dijo que lo intentaría una tercera vez, los madrileños sufrimos una violencia estructural que nos impelió a proferir sonoros cortes de manga ante tamaña falta de respeto.

Madrid capital tiene una deuda que supera los ocho mil millones de euros, lo voy a poner en número que parece que da más miedo 8.000.000.000 de euros, que pagarán nuestros hijos y nuestros nietos debido a los delirios de grandeza del Gran Impostor.

Obras apocalípticas como el soterramiento de la M-30 de una sola vez y al precio que fuera necesario, obra que mejorando la calidad de la circulación, nadie lo pone en duda, era absolutamente innecesario acometer en una sola legislatura. Tengo algún amiguete al que le firmaban los viajes del camión sacando tierra tres y cuatro veces el mismo viaje, no importa, pagaban los madrileños.

Obras suntuarias, preciosas, innecesarias y carísimas como es el proyecto Madrid Río, donde los bancos cuestan 2.500 euros cada uno y las farolas más de 3.000 euros, tengo otro amiguete que fue topógrafo durante meses en el Manzanares y que nos contaba horrorizado las toneladas de mármol y granito que se estaban poniendo para dejarlo todo deslumbrante si parar en gastos, insisto, no importa, pagaban los madrileños.

Obras egoístas como trasladar el despacho del Alcalde, que no el Ayuntamiento, al Palacio de Correos en Cibeles y que ha costado en torno a 500 millones de euros, qué de dinero en cortinas, pero, no importa, pagaban los madrileños.

Obras, obras, obras, que prometían pingues ganancias cuando nos concedieran la celebración de los Juegos Olímpicos y ahí está el Estadio de La Peineta con sus solares y sus proyectos de vivienda arruinados a su alrededor. Ahí tenemos estaciones de metro de Madrid en mitad de páramos que iban a ser Villas Olímpicas y que iban a generar empleo y riqueza en los comercios de la zona, ¿comercios? Disculpad si se me escapa la risa.

Yo viví la maravillosa transformación de Barcelona en los años 90 al amparo de las Olimpiadas del 92 y no cabe duda que un acontecimiento así cambia el perfil de la ciudad que lo alberga, pero no siempre es para bien. Frente al éxito catalán tenemos el desastre que supuso para Atenas la organización de los Juegos en el 2004. Despilfarro, mala gestión y latrocinio, mucho latrocinio que hoy están pagando con creces los ciudadanos helenos.

Sin querer entrar en rumorología, las últimas delegaciones olímpicas que mandó Madrid para ver si esta vez si que nos tocaban los juegos y se los dieron a Río de Janeiro, estaban compuestas por quinientos miembros, 500 tíos y tías viajando, comiendo y disfrutando de gañote, acarreando jamones de bellota, gastando sin freno, que no importa, que pagaban los madrileños.

Ahora nos cuenta Ana Botella, la heredera de Alberto, que como ya tenemos el 80% de las infraestructuras construidas esto nos va a salir por cuatro perras gordas, permitidme que lo dude. Volvemos al desenfreno de viajes, comisionistas, delegaciones, regalos, prebendas, merchandising y lo que haga falta, que la deuda es grande pero al final, quienes pagan, ya lo sabéis, son los madrileños.

¡Disfruten lo votado!

Mi colaboración en Diario Progresista DE LEONES Y EXPLORADORES http://www.diarioprogresista.es/de-leones-y-exploradores-12752.htm