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SINDICATOS DEMONIZADOS

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Ayer, en mi clase del Máster de Práctica Jurídica que estoy haciendo desde hace varios meses, tocó Derecho Sindical y vino un jefe de Recursos Humanos de ANEA muy competente a explicarnos el tema. Pese a que yo lo conozco  a la perfección, me sorprendió el desconocimiento absoluto de la mayoría de mis compañeros sobre el funcionamiento de un sindicato. La media de edad en clase estará en torno a los veinte y pocos años.

Las primeras críticas en el minuto uno fueron: liberados, golfos, el de la barba, no valen para nada, solo están ahí para chupar… Pero conforme fue avanzando la clase pude comprobar que sus palabras estaban fundamentadas en la ignorancia supina y la información malintencionada que desde hace años viene vertiendo la caverna mediática.

La mayoría sabéis que he trabajado en la UGT durante más de 11 años y que me despidieron en septiembre del año pasado junto con otra compañera por un ajuste de cuentas de una ejecutiva que necesitaba nuestros salarios para dárselos a su pareja a la que ha colocado de coordinador, luego cariño no le tengo mucho a la estructura Confederal, que desgraciadamente es un reflejo de la estructura del resto de la organización.

Pero para ser justo con el sindicato hay que mirar a sus bases, del mismo modo que para ser justo con el Partido no puedes quedarte en la Ejecutiva Federal sino que tienes que bajar a todos esos militantes de base que trabajan en sus barrios, en sus pueblos, sin cobrar, como concejales, en las asociaciones de vecinos, en las asociaciones de padres…

Cada vez que en una empresa alguien decide presentarse a las elecciones sindicales sabe que se está metiendo en un lío que le supondrán muchas horas de su tiempo libre, ver menos a su familia, pelearse con sus jefes, pelearse con sus propios compañeros, gastar de su bolsillo en móvil, en transporte, pero al mismo tiempo siente que tiene que hacerlo porque merece la pena luchar por nuestros derechos como trabajadores.

En un sindicato, como en un Partido político, apenas cobra un 10% de los integrantes, el resto curra y se parte la cara y sufre en sus carnes el descrédito que siembran los que están ahí arriba que por otra parte hacen todo lo posible por seguir estando ahí arriba. Esta realidad es tozuda pero la solución no puede ser tirar la toalla, aquí vale la preciada frase que me dijo una compañera hace poco: “si nos vamos los asqueados, se quedan los asquerosos”.

Ahora tenemos que oír chorradas máximas como que los sindicatos no representan a los trabajadores porque estos no se afilian o que no sirven para nada. Si no hubiera existido una estructura organizada de trabajadores que se opusiera frontalmente al empresario, hoy seguiríamos trabajando doce horas al día, sin Seguros Sociales, con trabajo infantil, con explotación de las mujeres, sin prevención de riesgos, por salarios misérrimos, como de hecho sucede en muchas partes del mundo.

El empresario no se autocontrola, el patrón tiene un único objetivo que es producir más a menor precio y es en los derechos de los trabajadores: salario, seguridad, condiciones de trabajo, donde más se puede ahorrar costes. Para hacer frente al que tiene la potestad de contratar y la organización del trabajo en sus manos surgieron las uniones de trabajadores, los sindicatos y gracias a ellos hemos ido conquistando a lo largo de los años algo que ahora nos parece normal: trabajar 8 horas, cobrar por las horas que se trabaja, cotizar a la Seguridad Social, cobrar aun cuando se está enfermo, tener descanso semanal, disfrutar de vacaciones anuales, jubilarnos a una edad decente y cobrar una pensión digna para el resto de nuestra vida, pese a Reformas como la de Mariano Rajoy que han mermado parte de estos derechos.

No es baladí el interés de la derecha cavernaria mediática y de la patronal española en demonizar a los sindicatos, sin ellos enfrente o con ellos tan debilitados que se vuelvan ineficaces, explotar a los trabajadores será más fácil y sus beneficios empresariales crecerán y ellos serán más ricos y felices y nosotros más pobres y desgraciados. ¡No te quedes sentado, levántate y lucha!

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¡No a la esclavitud!

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Ayer, la patronal madrileña primero (CEIM) y la española después (CEOE) se descolgaron con unas propuestas sobre el despido más propias de la América del algodón contra la que luchó George Washington que de un país de la Unión Europea en pleno siglo XXI.

Pretenden que el despido improcedente, es decir sin justificación alguna por parte del empresario tenga una indemnización de 20 días (en la actualidad es de 45 para contratos anteriores al 2005 y de 33 para los contratos que se hacen sujetándose a la Ley de Medidas de Fomento al Empleo de ese año).

Pretenden también que el despido objetivo, es decir el que trae causa en la falta de producción, demanda, liquidez, etc. de la empresa pase de 20 días a 12.

Por supuesto sigue existiendo el despido procedente, el que se hace por incumplimientos graves del trabajador que no acarrea indemnización alguna.

Quiere la patronal convencernos de que cuanto más fácil para el empresario sea despedir más gente contratará, lo que es en si mismo una estupidez más grande que la mitad de la provincia de Burgos.

En España el despido es libre, si el empresario quiere echarte no tiene por qué alegar causa alguna pero a cambio de esa libertad, tiene que abonar una indemnización al trabajador que lealmente ha cumplido con sus obligaciones el tiempo que sea.

Lo que quieren los patronos españoles es que además de libre, el despido sea muy barato ¿y para qué?

Para evitar cualquier conato de sindicalismo, protesta, justa reivindicación… Para tener trabajadores callados, obedientes y muy agradecidos con la mano que les alimenta. Para volver a los tiempos de la esclavitud porque ante la posibilidad de ser despedido por cuatro euros ¿algún trabajador va a exigir que se cumplan los Convenios Colectivos, que se apliquen las medidas de Seguridad y Salud en el Trabajo, que se abonen puntual y cabalmente los salarios?

No, señores de la Patronal, ese no es el camino para generar empleo, ese es el camino para pisotear a la clase trabajadora.

Para crear puestos de trabajo hace falta invertir, invertir en tiempos de bonanza en los propios negocios y no en habitar lujosas mansiones llenas de delicias turcas, tener un yate atracado en Puerto Banus o visitar los burdeles más caros del planeta.

Hace falta cuidar y mimar la propia empresa, su maquinaria, su capital humano, mejorar las instalaciones, formar al personal y guardar parte del beneficio por si vienen mal dadas, invertir en investigación y desarrollo del propio producto..

En España no tenemos empresarios, salvo honrosas excepciones, sino piratas, ladrilleros, especuladores y negreros. Así nos va. (Absténganse de ofenderse autónomos que trabajan más horas que un reloj en sus propios negocios, ustedes no son empresarios por más que se empeñen sino trabajadores por cuenta propia, pero trabajadores a fin de cuentas).

PD Mi colaboración semanal con Diario Progresista: LA MATÉ PORQUE ERA MÍA.

La patronal española

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En España, lo que se conoce generalmente como la Patronal está compuesta por dos grandes organizaciones de empresarios la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales) y la CEIM (Confederación de Empresarios de Madrid).

Junto con la Patronal, conforman los llamados Agentes Sociales, los sindicatos más representativos, en este caso UGT (Unión General de Trabajadores) y CCOO (las Comisiones Obreras).

Ambas partes, sindicatos y empresarios, se sientan con el Gobierno en distintas mesas de negociación para tratar de consensuar aquellos temas de alto interés para el Estado relacionados con el empleo, las pensiones, las reformas laborales…

La sensación que uno tiene viendo los que dirigen la Patronal española no es muy alentadora. Hasta hace unos meses teníamos al frente de la CEOE al ínclito Diaz Ferrán que hundió sus empresas, dejó sin cobrar a sus trabajadores, en tierra a miles de clientes… y que será juzgado por ello. Ahora tenemos al frente de la CEIM al señorito Arturo Fernández, ese al que le pillaron a micrófono abierto diciendo que Esperanza Aguirre si que tenía cojones.

Tanto en el gobierno como en los sindicatos crece el temor a que la patronal se cierre en banda a pactar cualquier reforma en espera de que llegue al poder el Partido Popular al que podrán arrancarle mejores y más duras medidas contra los trabajadores, sobre todo en materia de Negociación Colectiva.

No es raro oír en la calle que las grandes fortunas españolas están esperando pacientemente la caída de Zapatero y la llegada de Rajoy a la Moncloa para volver a crear empleo. No nos engañemos, los gobiernos no generan puestos de trabajo, lo hacen las empresas. Y lo hacen cuándo y cómo quieren. Del mismo modo que es la Banca la que inyecta liquidez en el sistema y decide si las pequeñas y medianas empresas sobreviven o se ahogan sin líneas de crédito.

¿Hay forma de cambiar este panorama? Probablemente si, pero para ello hace falta tiempo y aciertos.

Tiempo porque crear una banca pública que inyecte liquidez, ayudar a los emprendedores en sus proyectos que generan empleo, reconvertir cientos de miles de trabajadores de la construcción a nuevas fuentes de colocación no es tarea para hacer en unos días .

Aciertos porque lo que se adelanta con mucho esfuerzo se pierde con cualquier pequeño incidente que es aprovechado por los mercados para especular con la deuda española y ganar así unos millones de euros más en su codicia infinita.

Si hay algo que envidio a Alemania es su clase empresarial. Negocios en los que se aprovechan los años de bonanza económica para invertir en mejorar los sistemas productivos, fábricas en las que cuando cierra una máquina se despide a un trabajador y no a siete como sucede en España. Un país que cree en la I+D+i ya que gracias a ella resurgió de las cenizas de la 2ª Guerra Mundial.

La patronal española podía tomar ejemplo y dedicar menos beneficios a cochazos, yates, mansiones, obras de arte y demás lujos ostentóreos y más a la autoinversión. Otro gallo nos cantaría entonces.