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POBRES DE SOLEMNIDAD

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pobreza

El Derecho Civil, en la España liberal, entre 1833 y 1868, se constituye la figura del pobre de solemnidad como ciudadano que era acreedor de los beneficios procesales de la pobreza. Desde entonces se utiliza esta expresión para referirse a los que son “oficialmente pobres”, que son pobres acreditados y por ello son susceptibles de recibir ciertos beneficios sociales.

En estos días de eufemismos, corrección política e hipocresía, sobre todo, esto último, ha aparecido un nuevo concepto de pobre, una forma imaginativa de esconder la pobreza a secas, la pobreza con mayúsculas, que consiste en ponerle apellido: energética, alimenticia… Pobreza de conciencia es lo que tienen quienes no quieren ver que si no se tiene dinero para pagar la luz, para poner la calefacción, para dar de comer a tus hijos de todo, se es pobre, sin más y sin menos.

España es el país de la Unión Europea con más pobreza infantil, solo superada por Rumanía. El 30% de nuestros niños viven bajo el umbral de la pobreza, lo que dicho así, y aún sonando dramático, no permite atisbar el sufrimiento que supone que 3 de cada 10 niños españoles conozcan el hambre, el frío, el miedo y el desamparo.

Cuando me separé, hace ya muchos años, me fui a vivir con mi hija, que entonces tenía 4 años, a un apartamento de alquiler de 35 metros cuadrados y por el que pagaba 65.000 pesetazas de las 110.000 que ganaba. Recuerdo como una de mis mayores preocupaciones que mi hija no pasara frío por las noches. Como niña pequeña que era daba vueltas y se desarropaba, pero no teníamos calefacción, solo un radiador eléctrico de aceite que no podía poner todo lo que hubiera sido necesario porque el dinero no me alcanzaba para pagar la luz.

A la pobre la acostaba como un esquimal, con pijama de invierno, sábanas de franela y un saco nórdico con cremalleras del que aún así, era capaz de escapar reptando y acabando acostada como si fuera la almohada. Hoy lo cuento con la pátina de romanticismo que le da el paso de los años, pero fueron momentos durísimos para mí, siempre trampeando, pagando con una tarjeta u otra para ir alargando la miseria y con la ayuda impagable de mi madre y de mi abuela que se encargaban de costear el comedor, los primeros de la clase y las extraescolares de mi hija. Así yo tenía claro que ella desayunaba, comía y merendaba en condiciones y la cena es siempre cosa de poco monto.

Después la vida me ha ido bien, razonablemente bien y aunque no me sobra, jamás me ha vuelto a faltar para lo importante, pero no olvido que entonces era y me sentía pobre –mi niña me decía a veces: nosotras somos pobres, ¿no mamá? Lo somos- y tengo claro lo fácil que es volver a estar así. Te vas al paro, se acaba la prestación, no encuentras trabajo, dejas de pagar la hipoteca, te desahucian y te ves pasando hambre y frío sin saber muy cómo ha pasado.

Porque eso es lo que están trayendo las políticas de austeridad de la derecha europea en general y de la derecha española muy particularmente, miseria y hambre. Con la crisis como excusa inestimable nos van recortando derechos, salarios, libertades y nos van convirtiendo en un pueblo sin esperanza, sin ilusión, sin confianza en el futuro.

No lo consintamos, hay otra manera de hacer las cosas, hay otra forma de salir de la crisis sin dejar a nadie atrás. La izquierda es y tiene que ser la solución que combata la pobreza, con políticas activas de empleo, con una fiscalidad justa en la que paguen más los que más tienen, con inversiones públicas que complementen la actividad privada, con vocación de servir al ciudadano, de mejorar su vida, de hacer de esta vieja Europa un sitio donde merezca la pena vivir.

Y hoy, que se recuerda el aniversario de la muerte del gran poeta Miguel Hernández, termino con unos versos suyos:

Me duele éste niño hambriento,
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento,
revuelve mi alma de encina.

LA LUZ

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Gobierno de España: “subimos el fijo de la luz para ayudar a las familias con hijos”

Para situarnos, El término fijo de la tarifa de luz ha subido un 92% desde agosto del año pasado, sí, habéis leído bien, el 92%, mientras que la media de los sueldos, de los afortunados que aún los mantienen, han bajado un 10%. El término fijo de la luz es ese que pagamos todos igual, los que más consumimos, los que no consumimos, los que dilapidan, los que intentan ahorrar, los que tienen un pisito y los que gastan mansión, los de la empresita familiar y los de la gran industria.

El problema más grave de que suba el término fijo y no el kw /luz, es que no hay manera humana de ahorrar. Aquellas familias más desfavorecidas que tienen contratado el mínimo indispensable, las que apenas ponen radiadores aunque haga un frío atroz, las que pasan el día, todos juntos bajo la falda de la camilla al amor de un brasero, las que no se permiten el lujo de poner lavavajillas, lavadoras en programas largos, aires acondicionados, etc., esas no podrán sustraerse del hachazo del Gobierno de ninguna de las maneras.

Subir el término fijo es por ello una medida injusta y cruel, pero también es una medida contraria a la eficiencia energética porque en lugar de penalizar al gran consumidor, al gran derrochador, a aquel que utiliza sin medida los recursos de todos, a quien realmente perjudica es al soltero, a las pequeñas familias, a los jubilados, a aquellos que están sufriendo en sus carnes con toda la crudeza los rigores de la crisis. El que gasta mucho, aquel cuya factura tiene más de consumo que de cuota fija, ese notará mucho menos la subida porque estará diluida por la enorme parte variable.

Y aclarado todo este asunto técnico un tanto complejo, lo que es de traca es la justificación de estos desvergonzados que nos desgobiernan: que suben el fijo de la luz para ayudar a las familias con hijos. ¿Pero hijos de vuestra madre, a qué familias ayuda que suba el término fijo de la luz? ¿En qué cerebro  malformado cabe la idea de que una subida brutal como la que ha sufrido la luz en España durante los últimos años puede ayudar a alguien, familia con hijos, sin hijos o individuo soltero y sin compromiso? ¿Es que no se han enterado en la Moncloa que en España la pobreza energética es un problema gravísimo para las familias?

En un país con seis millones de parados, con tres millones de hogares con todos sus miembros en situación de desempleo, con casi tres millones de niños bajo el umbral de la pobreza, que van al colegio sin desayunar, que sufren carencias alimenticias porque en sus casas ya no se puede comprar carne ni pescado, con los bancos de alimentos desbordados por aquellos que acuden a ellos como única forma de poner un plato de comida en sus mesas, con un millón cuatrocientos mil hogares en los que se ha cortado la luz por falta de pago en el último año, el Gobierno justifica una infame subida del 18% en el término fijo para ayudar a las familias con hijos. No tienen alma, conciencia ni vergüenza.

POBREZA ENERGETICA

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En los últimos tiempos venimos escuchando hablar sobre un nuevo concepto, la pobreza energética, para referirse a la imposibilidad de pagar los recibos de la luz y el gas en millones de hogares españoles, lo que genera que a un millón doscientos mil de ellos se les haya cortado el suministro en el último año y que muchos más pasen frío o se calienten con medios poco seguros como son braseros, leña, butano…

Se ha llegado a esta situación por varios motivos, el primero de ellos, las brutales subidas en el precio de la energía en España a causa de la especulación, el latrocinio y la desvergüenza de las eléctricas en connivencia con Gobiernos incapaces de ponerlas coto. Al mismo tiempo que la luz sube un 63%, los salarios bajan gracias a la Reforma Laboral del PP, el paro ya alcanza los seis millones de españoles y los bancos salvados con dinero público no sueltan un euro para financiar a la pequeña y mediana empresa.

Siendo verdad todo lo que os acabo de contar, me niego a utilizar el término pobreza energética como edulcorante de la realidad, hablamos de pobreza, sin apellidos. Aquellos que no pueden pagar la luz o la calefacción, tampoco pueden pagar otras muchas cosas. Malviven acudiendo a bancos de alimentos, trampeando un mes el alquiler o la hipoteca, otro las facturas de la luz y el gas.

Parece que al decir pobreza energética suavizamos el hecho de que hay millones de hogares españoles en los que no trabaja ninguno de sus miembros, por lo que están sumidos en la pobreza, la pobreza sin matices, la miseria y el hambre. Parece que al decir pobreza energética, tapamos el hecho de que las clases medias españolas se han empobrecido brutalmente en los últimos años, generando una gran clase trabajadora, obrera, parada, que hace malabares para llegar a fin de mes.

Cuando yo era pequeña, nosotros éramos pobres, mi padre no trabajaba y mi madre era maestra, un sueldo para una familia de cuatro miembros que apenas alcanzaba para lo básico. En invierno, encendíamos una catalítica en el salón que con dificultad llegaba para templarlo y que te levantaba unos monumentales dolores de cabeza. En nuestra habitación, la de mi hermana y mía, teníamos una placa eléctrica que mi padre encendía con el termostato muy bajito para no gastar mucho. Recuerdo levantarme por la noche, a escondidas y subirlo un poquito para que saltara porque el frío no me dejaba dormir.

Creí que aquellas infancias de pijama, bata, calcetines gordos y sábanas de franela habían quedado atrás como anécdota gris del final del franquismo y del nacimiento de la democracia. Estaba convencida de que el Estado del Bienestar era una conquista social que nadie nos podría quitar porque la habíamos construido entre todos, con generosidad y esfuerzo. Jamás se me ocurrió pensar que mi hija podía tener un futuro peor que mi pasado porque es ley de vida evolucionar a mejor, pero me confundí.

Tan solo dos años de Gobierno del Partido Popular y se ha esfumado el papel protector del Estado para las situaciones de necesidad, tenemos en España niños que pasan hambre y frío, familias que se alimentan ya no solo de la caridad, sino de lo que rebuscan en la basura, incendios por calentar las viviendas con métodos inseguros, ancianos que no toman sus medicamentos para que coman sus hijos y nietos, ancianos sacados de las residencias pese a necesitar cuidados específicos porque con su pensión sale adelante la familia entera, dependientes abandonados a su suerte, a su mala suerte…

Con la excusa de la crisis se han cercenado derechos, se han restringido libertades individuales y colectivas, se han impuesto principios morales y se nos ha devuelto a aquella España gris de mi infancia de la que creíamos habíamos huido para siempre.

¡Feliz Navidad!