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UNA CAMPAÑA TRISTE EN UN PARTIDO APÁTICO

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UNA CAMPAÑA TRISTE EN UN PARTIDO APÁTICO

Con escaso o nulo interés de la menguante militancia madrileña, parece que ya ha comenzado la campaña por la Secretaría General del Partido Socialista de Madrid en la que se “enfrentan”, el candidato de Pedro Sánchez, José Manuel Franco, el candidato de Tomás Gómez, Eusebio González Jabonero y el candidato de… no se le conocen padrinos, Juan Lobato.

En 2010, por estas fechas, hace ya 7 años, se estaban librando otras primarias, en aquella ocasión por ser el cabeza de lista del PSOE en Madrid en las elecciones autonómicas de mayo de 2011. A nuestro Secretario General, Tomás Gómez, Zapatero y Blanco le habían “invitado” a retirarse en favor de la ex ministra, Trinidad Jiménez, a cambio de “favores o prebendas” que, contra todo pronóstico pues no era la costumbre, fueron rechazados en favor de la palabra dada a la militancia.

En aquella ocasión, acompañé a Gómez en su incansable gira por todas y cada una de las Agrupaciones socialistas de la Comunidad de Madrid, en cada Casa del Pueblo nos encontrábamos con una militancia ilusionada, deseosa de escucharle y de apostar por él en contra de la mesa camilla que rápidamente se posicionó al lado de Ferraz (al lado de Zapatero, de Blanco, de Rubalcaba). Allí fueron los Simancas, los Lucas, los Robles, las Porta, los Castro… y casi todos los que tenían un cargo que perder. Del otro lado quedamos la militancia y algún que otro alcalde como Cascallana o algún histórico como Barranco.

En aquella ocasión, la militancia peleaba por lo que creía, detrás de un líder que habían elegido y en contra de unas élites que llevaban repartiéndose la miseria en una mesa camilla, al menos una década. Tomás era nuestro Secretario General, hablaba nuestro idioma, conocía nuestras Casas del Pueblo y nuestros problemas diarios. También prometía huir de las familias que tanto daño habían hecho a la antigua FSM, entonces PSM y unir a los socialistas de Madrid contra el único enemigo común, la derecha corrupta.

Hoy, 7 años después, nuestra Secretaria General se ha retira discretamente a la espera de recoger beneficios por ello, sabedora de su escaso o nulo predicamento entre la militancia, ahora que Pedro Sánchez le ha retirado su protección.  Y los de la mesa camilla se han posicionado cómodamente tras el candidato de Sánchez, sabedores de que serán recompensados con puestos en la multitudinaria ejecutiva que configurará Franco o lugares de salida en las listas municipales y autonómicas del cercano mayo de 2019.

Y la pobre militancia, exhausta tras 7 años de procesos internos: primarias, congresos federales, congresos regionales, congresillos y la madre de todas las primarias disputadas entre Susana Díaz y Pedro Sánchez, hace tan solo unos meses, apenas si es capaz de sacudirse el cansancio, la tristeza, la desilusión, los desengaños y acudir a las agrupaciones a escuchar qué tienen que ofrecer aquellos que pretenden representarnos en Madrid.

A todos los candidatos les ha costado recoger los avales, pese a ser muy escaso el número exigido de ellos y les será aún más difícil conseguir que la militancia acuda en masa a votar el sábado 30 de septiembre. Los partidarios de Franco fían a esa baja participación su victoria en la primera vuelta por más de un 50% de los votos y así no tener que enfrentarse a la temida segunda vuelta, donde no tienen tan claro poder ganar a todos los que consideramos que más de lo mismo en Madrid, no es la solución.

Sé que aquellos que van a los mítines o encuentros con Juan Lobato, quedan contentos de lo que oyen y se deciden a apoyarle, no tanto porque sea un líder carismático sino porque sus propuestas son valientes, sinceras, modernas y bien pensadas para un Madrid del siglo XXI y, sobre todo, porque no vienen acompañadas de los viejos actores con sus viejos vicios, pero no me engaño, también sé que son pocos los que acuden y que necesitaría un año de campaña para conseguir llegar y convencer a toda la militancia madrileña, aunque esta sea escasa.

Va a ser difícil sacar al PSOE de su apatía, hablo del Partido Socialista Obrero Español, no de estos afiliados de nuevo cuño hooligans de Pedro Sánchez que lejos de militar en el socialismo siguen a su líder mesiánico como quien acompañaría a un grupo de rock o una estrella del deporte, sin cuestionarse nada de lo que haga o diga su ídolo.

El resto, apostáramos por quien quiera que apostásemos en las primarias, hemos visto diluirse acomplejado a nuestro partido, hemos soportado que arribistas de Podemos nos den lecciones de socialismo, de democracia, de libertad, hemos tenido que defender lo indefendible y callar lo que había que gritar. Lo cierto es que hemos sufrido demasiado en los últimos años como para atrevernos a confiar nuevamente nuestras ilusiones en alguien o en algo. Y Madrid, no es una excepción.

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HUÉRFANOS (2ª parte)

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HUÉRFANOS (2ª parte)

esta entrada viene de la anterior

Peleados, embarcados en sus aventuras personales o desaparecidos aquellos que habían liderado nuestros corazones en los últimos años, Tomás Gómez, Susana Díaz y Antonio Miguel Carmona, la disyuntiva que se nos presenta a muchísimos militantes de Madrid es ¿qué hacemos de cara al Congreso Regional de Madrid?

Ni que decir tiene que el hombre de Pedro Sánchez, José Manuel Franco, por muy simpático que me caiga y por mucho que haya compartido con él en mi agrupación, Chamartín y en el tiempo que fue hombre fuerte de Tomás Gómez, no puede ser considerada una opción ni para mí, ni para los que hemos sufrido la Secretaría General Federal del madrileño como un castigo. No creo que haga falta que explique que el proyecto personalista que encarna el uno y que dice querer para Madrid el otro, no es mi proyecto para el PSOE. No veo necesario remarcar que quien lleva 8 legislaturas como diputado madrileño, no puede encarnar renovación, empuje, un soplo de aire fresco que ayude a los socialistas madrileños a ser una opción de gobierno, otra vez.

Tampoco me sentiría cómoda apoyando la aventura unilateral de Tomás Gómez, que se ha gestado sin contar con la mayoría de los que siempre apostamos por él, los que le apoyamos y le llevamos hasta Callao, los que nos jugamos un expediente por ir a defenderle a Ferraz. Aventura que tiene más visos de buscar el acomodo de algunos de sus cercanos que de presentar un proyecto alternativo real al de Sánchez/Franco, en Madrid. De hecho, esta presentación extemporánea de candidato más parece un ajuste de cuentas con Carmona que una opción real. El tiempo lo dirá, pero no es mi intención apostar por encarnizar el anti sanchismo sin trasfondo político detrás o la mera y simple venganza, por muy deleznable que fuera el comportamiento de Sánchez con Gómez en el pasado.

Habiéndose borrado de la lista mi opción primera, mi apuesta pública, Antonio Miguel Carmona, con el que llevaba colaborando en la elaboración de una alternativa para Madrid los últimos dos años, sus razones tendrá que, respetándolas, no puedo compartirlas, había llegado a plantearme presentarme yo misma, pero pasaría lo mismo que con el candidato de Tomás. Mi apuesta se entendería como un desafío a Sánchez, algo para confrontar, para destruir, en lugar de lo que pretendería ser, hacer algo distinto a lo que nos ha llevado a perder elecciones en Madrid desde que tengo memoria.

Por tanto, descartada yo misma, junto con todos los anteriores, he dedicado unos días a leer lo que propone el compañero Juan Lobato, y como ya dije en Twitter hace unas semanas, me gusta la música y comparto gran parte de la letra. Me congratula también comprobar que algunos buenos amigos, cuyo criterio político respeto, han apostado por el ‎Sotorrealeño. Y me gusta que sea alguien con experiencia municipal, que sepa que las decisiones de un político afectan a la vida de gente real, gente que te puede parar por las calles de tu pueblo para reprocharte si te equivocas.

Quizás sea bueno que elijamos un Secretario General como Juan, que no haya sido parte activa del drama que hemos vivido en el socialismo madrileño durante los últimos años, alguien que no haya formado parte de ninguna familia, que no se haya sentado en ninguna mesa camilla, que no tenga muertos en el armario, que tenga más futuro que pasado. Una candidatura para construir proyecto, una campaña en positivo, con propuestas, con ideas, con debate ideológico y no la merienda de negros en que se han convertido los últimos procesos de primarias, tanto federales como de Madrid. Algo que también siente mi compañero y amigo, Perico Pan.

Quizás soy una optimista patológica pero creo que se presenta una oportunidad de hacer las cosas de otra manera en Madrid, en positivo, a favor y no a la contra. Que esta ventana que se abre, tras cerrarse las viejas puertas, puede conducirnos a lo que llevamos buscando tanto tiempo, gobernar Madrid para los madrileños y dejar de sentirnos huérfanos siendo artífices de nuestro destino y no meros seguidores de un líder todopoderoso que nos guíe en la oscuridad.

ME DUELE EL PSOE DE MADRID

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CARMONAME DUELE EL PSOE DE MADRID

A unos días de que se tengan que presentar, oficialmente, las pre candidaturas a la Secretaría General del PSOE de Madrid, voy a ver si soy capaz de explicaros cómo están las cosas por Madrid y, sobre todo, cómo hemos llegado a este punto donde nada es lo que parece a simple vista.

Todo empezó el 11 de febrero de 2015 cuando la dirección federal del PSOE, encabezada por Pedro Sánchez y como brazo ejecutor, su Secretario de Organización, César Luena, decidió declarar no apto a Tomás Gómez como cabeza de lista socialista a la Asamblea de Madrid. Un Tomás Gómez que era el Secretario General de los socialistas madrileños por elección de éstos, en varios Congresos y que era el elegido para disputar la Presidencia de la Comunidad de Madrid a Esperanza Aguirre por la firma de avales de más de 7.000 militantes, la mitad de los que éramos afiliados en Madrid.

La federación madrileña fue disuelta, su líder apartado del cargo que le habíamos otorgado sus compañeros, toda su Ejecutiva defenestrada junto a él, disuelto también el Comité Regional que integrábamos unos 600 militantes madrileños y puesta la organización, previo cambio de cerraduras, en manos de un gestor, que no será ajeno a ninguno de vosotros, el ínclito Rafael Simancas.

Conviene recordar que ese día, servidora protestó por esta felonía contra Tomás Gómez en Ferraz, sede del PSOE en Madrid y lo denunció en una tertulia televisiva por la noche, puntos fundamentales que justificaron su expediente disciplinario y posterior expulsión del partido.

Conviene recordar también en esos días, a un frenético Antonio Miguel Carmona, poniendo las manos en el fuego por su amigo, por su Secretario Regional, y siendo objeto de burla en las redes sociales por ello, el tiempo le ha dado la razón porque Tomás Gómez no ha sido siquiera investigado por delito alguno.

En ese verano de 2015, a finales de julio se celebra un Congreso Regional Extraordinario en el que se enfrentan Sara Hernández, entonces candidata de Pedro Sánchez y Juan Segovia, al que apoyamos todos los que consideramos que el sanchismo en Madrid había cometido un atropello. La victoria de Sara, por la mínima, no fue aprovechada por Juan para convertirse en un grupo de oposición fuerte y quedamos diluidos en la nada hasta que Susana Díaz anuncia su candidatura a Secretaria General Federal.

Hago una salvedad, que me parece injusto omitir, de lo sucedido en esos meses entre el verano de 2015 y la primavera de 2017, la incesante labor de Antonio Miguel Carmona como aglutinante en Madrid de todos los críticos con las arbitrariedades federales, visitando Casas del Pueblo, fiestas populares, Asociaciones de Vecinos, Universidades, paellas, cocidos y lo que fuera menester.

En los meses posteriores a la defenestración de Gómez y antes de la celebración del Congreso Extraordinario de Madrid que gana Sara Hernández, hablé con quienes consideraba que tenían un ascendente moral o un liderazgo sobre las bases o como queráis llamarlos, Tomás Gómez, Maru Menéndez y Antonio Miguel Carmona, en ese momento, las tres patas del mismo taburete, la oposición a Pedro en Madrid. Mi conversación solo tuvo un fin, ofrecerles mi apoyo, solidaridad y ayuda, pero advertirles de que ya no lo haría más como infantería tuitera, en primera línea de golpes, sin ostentar ninguna responsabilidad, que si querían contar conmigo y todo lo que había ido construyendo con esfuerzo, tendría que ser desde el puente de mando, que en la sala de máquinas paleando carbón ya llevaba 5 largos años.

Esas conversaciones terminaron en nada y tan amigos, ellos siguieron liderando la resistencia en Madrid como consideraron oportuno y yo me dediqué a mis asuntos profesionales que tenía bastante abandonados por la frenética presencia activista que había estado llevando.

Llegamos así a esta primavera, con una Gestora en Ferraz, con el socialismo madrileño volviendo a la vida, una vez eliminado el puño de hierro federal que lo aplastaba y con la promesa de una victoria, casi segura, de Susana Díaz como Secretaria General del PSOE, que hacía que “los valientes” salieran de los agujeros donde habían estado esperando el advenimiento de tiempos mejores.

Como Susana, inteligentemente, no designó elegido alguno entre los líderes de Madrid, la recogida de avales se convirtió en una absurda competición entre los aspirantes a ser “el elegido”. Cada “familia” recogía avales por su cuenta y si podía, le birlaba alguno a la familia de al lado, para entregarlos como ofrenda a nuestra libertadora y así, ella, valorando el monto de poder de cada uno por el número de firmas entregadas, señalara con su dedo al futuro Secretario General de Madrid.

Así lo hicieron los tomasistas, con Maru Menéndez como representante ante Sevilla, lo hicimos (voy a incluirme en esta categoría porque así fue) los carmonistas, con el propio Antonio Miguel Carmona a la cabeza, lo hicieron los seguidores de Juan Segovia y, lo hizo algún extemporáneo como Cepeda, que, sin intención de liderar Madrid a futuro, si pretendía demostrar su cuota de influencia para garantizarse un lugar en el susanismo. De esta “lucha de avales” salió victorioso, sin ningún género de duda, Antonio Miguel Carmona, pero la “inesperada” derrota de Susana Díaz frente a Pedro Sánchez, hizo que este esfuerzo quedara en agua de borrajas.

Hago otro inciso para contaros mis infructuosos esfuerzos para que tanto Tomás como Carmona se sentaran en una mesa y, poniendo sus exigencias sobre la mesa, pactaran ir juntos, en la recogida de avales y en la presentación de una candidatura a la Secretaría General de Madrid, ya que después de elegido el líder federal, tocaba elegir a todos los líderes regionales. Aún hoy no consigo entender por qué, dos amigos, dos compañeros de fatigas que han sufrido el yugo de Luena o la bota de Simancas, no son capaces de entenderse, y de aquellos barros vienen estos lodos.

Nosotros, los tomasistas, los carmonistas, los que no estamos de acuerdo con el sometimiento del Partido en Madrid a Ferraz, deberíamos estar juntos en un proyecto común, uno que defendiera la unidad de España, sin considerar memeces como que Madrid pueda ser una nación en la España plurinacionalidad, uno que defienda a los trabajadores, como lo hicimos ayer en las Mareas Blancas, Verdes o Negras, donde nunca faltaron Tomás y Antonio. Uno que tenga claro que el PSOE es el único partido de gobierno en la izquierda y que Podemos no es un aliado, sino un adversario político que busca nuestra destrucción.

Hace unas semanas, José Manuel Franco, hoy hombre de Pedro en Madrid, ayer de Tomás, antes de ayer de Simancas y el día de antes de ayer de Leguina, anunció su candidatura a liderar el indómito socialismo madrileño. Frente a él, una Sara Hernández desfigurada tras apostar por Patxi López, pero que volverá al pedrismo en cuanto le den la oportunidad. Y, finalmente, un Juan Lobato, que fue el hombre de Juan Segovia antaño, que apostó por Patxi López pese a que parecía que lo haría por Susana Díaz y que pretende presentarse como algo nuevo y limpio de lastres del pasado, no cuela.

Desde entonces todas las miradas están puestas en Antonio Miguel Carmona, que demostró en la recogida de avales que era el que aglutinaba más apoyo en Madrid en torno a su persona, pero que, seguramente desanimado por el batacazo de Susana Díaz, no acaba de anunciar su candidatura.

A José Manuel Franco se unieron, inmediatamente, quienes tienen por norma estar con el que manda, Simancas, Cepeda, Robles… y se fueron uniendo, poco a poco, otros que, teniendo poder local, siendo alcaldes o alcaldesas de localidades madrileñas, no quieren perder su terruño, hasta Juan Segovia parece haber sucumbido a los encantos del gallego. Pero no nos engañemos, con Franco, han hablado o intentado hablar todos. La derrota de Susana ha asustado a los aspirantes y el carácter diplomático de Franco, hace propicia la mesa camilla, alguno dice que hay que pactar con Franco porque es más de nuestra cultura de partido…

El problema no es José Manuel Franco, le conozco bien, compartimos agrupación y 20 años de posicionamientos políticos, éramos de los llamados “guerristas” en Madrid. Es verdad que es un tío majo, muy dialogante, con mucha cultura de partido, de los de antes, de los que rivalizan en los procesos internos, pero no te convierten en su enemigo si discrepas. El problema es que el que tiene la última palabra es Pedro Sánchez, y a nadie se le escapa que Sánchez ni olvida ni perdona. De una mesa camilla con el representante de Sánchez en Madrid no saldrá vivo ningún tomasista, ni carmonista, por mucho que Franco, Gómez y Carmona pudieran entenderse y hasta quererse.

Lo lógico sería que Antonio Miguel Carmona se presentara, que para eso lleva trabajando desde el 2015, y que su amigo y compañero represaliado, Tomás Gómez le apoyara. Sin duda esto haría que hubiera una segunda vuelta (la Secretaria General de Madrid se va a decidir a 2 vueltas, a la que concurrirán los dos candidatos que más votos tengan en primera votación). En esa batalla definitiva, de concurrir juntos los que nos enfrentamos a Ferraz cuando demolió Madrid, se enfrentarían Franco y Carmona (si se decide a presentarse) y el voto pro Sánchez y anti Sánchez se polarizaría, con resultado incierto, algo que aterroriza a Ferraz.

Esta lógica se ha visto sacudida por dos artículos de opinión de Tomás Gómez en La Razón, donde dice que no se pueden presentar quienes han estado “sobre expuestos mediáticamente” (sic) o quienes llevan 15 años en primera línea del panorama político madrileño (sic). También anuncia una candidatura ilusionante que aglutinará a todos… algo de lo que no tienen/tenemos conocimiento ni alguno de sus más cercanos vecinos o quienes le hemos apoyado, siempre, SIEMPRE.

Hoy, 23 de agosto, a una semana de tener que presentar oficialmente candidatura en Madrid, los que dimos la batalla por Tomás frente a Trinidad Jiménez y el Gobierno de España, quienes volvimos a dar la batalla por Tomás, frente a Rubalcaba y Ferraz, quienes nos jugamos nuestra pertenencia al partido por gritar a los cuatro vientos que lo que Pedro le había hecho a Tomás era una injusticia, no sabemos qué piensa hacer aquel por el que hemos sangrando en el campo de batalla.

Confío en que, en los próximos días, Antonio Miguel Carmona se presentará, como nos prometió a quienes estamos con él desde hace dos años y que Tomás Gómez le apoyará, porque es lo que más le conviene a él mismo, a los suyos y a Madrid. Confío en que los militantes de Madrid recordarán a quienes hicieron oposición a un PP con mayoría absolutísima, trabajando de lunes a domingo, desde la mañana a la noche, sin ayuda del federal, con un bloqueo mediático feroz, pero inasequibles al desaliento. Confío en que aquellos a los que respetamos por su liderazgo natural en el Partido, hoy, ayer, mañana y siempre, descuelguen el teléfono y ayuden a acercar posturas. Confío.