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¿EXISTE ESO QUE LLAMAN EL FLECHAZO?

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Con la entrada de ayer se generó un divertido debate en varias redes sociales, facebook y twitter, sobre si existe o no el amor a primera vista, eso que llaman flechazo y me comprometí a reflexionar y escribir sobre ello, aquí están mis conclusiones.

Desde el punto de vista personal y como ya adelanté ayer, he sido muy enamoradiza, amor al primer vistazo, seguro, pero con el paso de los años y el análisis frío de aquellos “flechazos” hay que reconocer que no fueron ni tan a primera vista, ni tan flechazos.

El proceso era más bien de esta manera; conoces a alguien, te cae bien, charlas, comienza un tonteo del que no eres consciente y casi siempre ayudado por un comentario externo, te das cuenta de que ese alguien te gusta.

El comentario externo puede ser de una amiga, del tipo “joder qué ojitos le pones a fulano”; de tu novio de ese momento, del tipo “el imbécil este te tira los tejos” o “muy cariñosita se te ve con este imbécil”; tu madre que te dice “ándate con ojo que se te cae la baba con zutano”; y entonces todo aquel frenesí hormonal que lleva tiempo bulléndote por dentro (mucho o poco tiempo, pero bullendo) se convierte en amor del bueno.

Aclaro que todo eso puede pasar en una noche loca, en dos tardes, en tres meses o cuatro años, es decir, que el proceso me cae bien, huele bien, qué ojos tan bonitos tiene, qué manos, qué sonrisa, te comía todo… puede pasar en poco tiempo o necesitar más cocción.

Pero hay otro proceso que también he vivido en dos vertientes:

  • No te gusta alguien sexualmente, pero te cae bien, pasas tiempo con él, te cae aún mejor, compartes más cosas y dices, joer si es que alguien así me conviene, me aporta alegría, estabilidad, lo que sea y haces porque te guste, por quererle y se consigue, no es tan explosivo como el anterior, pero quizás sea más duradero.
  • Esta moneda, tiene su cruz, me gusta alguien a rabiar, pero no lo voy a cultivar porque no me conviene, cuando noto que estoy al borde de esa pendiente emocional, en lugar de saltar al vacio, doy un paso atrás y entonces no me cuelgo, no me dejo, no me abandono a la locura y mantengo pie a tierra porque es lo mejor para mí.

Qué quiero decir, que existen los flechazos si, pero que con el tiempo aprendes a distinguir las señales previas y puedes cultivarlas o esquivarlas y eso ya, queridos míos, depende de vosotros mismos, podéis subiros a la montaña rusa emocional y gozar como puercos revolcándoos en un lodazal con el riesgo de sufrir como perros al final o podéis quedaros en tierra y que el viaje se lo de otro.