Érase una vez hace mucho, mucho tiempo, en un país muy, muy lejano, una ciudad sucia y gris en la que solo eran felices las gaviotas reidoras que moraban en las exiguas aguas del Manzanares.
Esta ciudad, otrora capital de la movida, famosa en el mundo entero por su hospitalidad, por la libertad con la que se divertían sus ciudadanos, por convertirse en el hogar de todo el que a ella llegaba, se volvió un sitio inhóspito, cuya atmósfera, casi irrespirable para el ser humano, mataba cualquier brote de alegría que surgiera.
La malvada alcaldesa de la ciudad Ann Bottle ferviente defensora de la separación de peras y manzanas so pena de muerte, dejó muy claro que lo importante no era la calidad del aire que se respiraba, sino poder seguir respirando y los anestesiados ciudadanos la dejaron hacer, Ann era así.
Ann, cada mañana, cogía sus coches oficiales, sus chóferes y sus escoltas y se iba a la peluquería porque ser una arpía no está reñido con ir bien peinada y depilada, antes muerta que sencilla. Y si algún incauto periodista le afeaba semejante dispendio del erario público, la alcaldesa le achuchaba a su marido, famoso por tener los abdominales más prietos que Cristiano Ronaldo.
De vez en cuando iba a visitarla su gran amiga, la malvada lider-esa del Reino, Espeonza y ambas se tomaban el tee party mientras cuentaban chistes de pobres y parados, que son los que más gracia les hacían, por ejemplo le contaba Espeonza a la alcaldesa: ¿Sabéis cómo vamos a remontar la cuesta de enero los del PP? ¡Subidos a vuestras espaldas! ¡¡JAJAJA!! Ya es Navidad en el recorte inglés.
Cuanto más reían nuestras protagonistas menos lo hacían los ciudadanos de Bottle’s Town que poco a poco iban dándose cuenta de lo que hicieron el día que votaron a Napoleón Gallardón sabiendo que tenía los ojos puestos en la Corte. Ann no tiene ni idea de los problemas que acechan a la ciudad. Si le hablan de la contaminación dice que peor es estar parado. Si le hablan de que la ciudad está sucia ella canta por peteneras. Si le preguntan por cómo abordar la enorme deuda de la capital se acuerda de los felices días que pasó en las Azores con las señoras de Bush y Blair.
MORALEJA: a ver si pensamos antes de elegir la papeleta que metemos en la urna que luego llegan las lamentaciones al encontrarnos una alcaldesa como Ana Botella.
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