Hace unos días, José Luis Feito, directivo de la CEOE, afirmó que aquel desempleado que no acepte una oferta de empleo debe perder la prestación aunque el trabajo sea en Laponia.
Dejando a un lado el hecho de que Laponia es uno de los lugares con mejor renta per capita y menor tasa de desempleo del mundo y que seguramente el lumbrera quería decir Siberia, sus palabras son de una indecencia inenarrable.
La patronal española, aprovechando la excusa de la crisis y que España está en manos de la derecha rancia de Mariano Rajoy ha decidido dinamitar todos los derechos de los trabajadores españoles y no les vale con la salvaje Reforma Laboral que convierte el despido libre en casi gratuito.
Cuando un representante de los empresarios españoles piensa que un parado está encantado con su situación de desempleo y que rechaza posibles ofertas porque le encanta vivir de la prestación, es imposible que comprendan a la clase trabajadora y mucho menos que alcancemos con ellos acuerdo alguno en la Negociación Colectiva.
No tener trabajo es un drama que se puede sufrir con muy distintas caras. Por ejemplo están los que se quedan sin empleo entorno a los sesenta años y que una vez agotados los dos años de prestación se ven abocados a jubilarse perdiendo un 5% de salario por cada año que le falte para la edad mínima de jubilación aunque lleven más de cuarenta años cotizados. Cualquiera de estos parados aceptaría un trabajo que les permitiera completar su vida laboral y cobrar lo que en justicia han aportado a la sociedad con creces, aunque fuera en Laponia.
Otro ejemplo es un padre de familia de unos cincuenta años, con chavales a punto de entrar en la universidad o en ella y que ve como pasan los meses que tiene de prestación sin encontrar empleo. Ese padre de familia sabe que si no trabaja sus hijos tendrán que dejar de estudiar pero tampoco tiene muy claro que sus hijos puedan encontrar empleo en un país donde la tasa de paro juvenil ronda el 40%. Es seguro que ese hombre aceptará un empleo en cualquier sitio y de cualquier cosa que le de esperanza a su vida.
Igual podemos decir de una mujer, separada o soltera que saca adelante su proyecto personal, que quiere pagar el pisito que se ha comprado con mucho esfuerzo porque tenía un buen trabajo en una inmobiliaria y que ahora ve pasar los meses cobrando la mitad como prestación y que sabe que si no encuentra algo rápido será desahuciada y perderá todo por lo que lleva tantos años de sacrificio. Acaso alguien duda de que esa mujer no aceptará un empleo si se lo ofrecen.
Y así podría ir desgranando más de cinco millones de historias, tantas como parados hay en España, tantas como familias que acuden a los comedores sociales porque ya no les llega para alimentar a sus hijos, tantas como padres o madres que rebuscan en los contenedores de basura de los supermercados el pan de sus casas, tantas como desahuciados de sus casas a medio pagar, tantas como sueños rotos, planes frustrados, vidas empobrecidas por la voracidad de un capitalismo salvaje.
Los trabajadores españoles no nos merecemos esta patronal sin escrúpulos, estos grandes empresarios que nada saben del sufrimiento de los autónomos, de los micro empresarios que se las ven y se las desean para sacar adelante sus ideas. Estos patronos que no ven en sus trabajadores personas sino beneficios empresariales.
Porque aún queda mucho que decir, el día 29 de febrero, todos a la calle contra la Reforma Laboral y cualquier otra forma de menoscabo de los derechos de los trabajadores.
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