Estábamos viendo el telediario mientras cenábamos, costumbre familiar que nos permite comentar lo que pasa en el mundo con nuestro saco de hormonas, cuando salió Artur Mas advirtiendo que habría referéndum sobre la independencia de Catalunya lo permita la Ley o no.
Mi hija, nacida en Barcelona, se quedó un rato ojiplática y cuando volvió de su asombró nos preguntó: ¿entonces, yo ya no voy a ser española?» Sin tener muy clara la respuesta me aventuré a tranquilizarla: «digo yo que te darán la doble nacionalidad…»
A raíz de ahí, con otros amigos y compañeros que como yo, tienen parte de su historia vital unida a Catalunya, reflexionamos sobre pequeñas dificultades que no sabíamos cómo se resolverían en caso de que triunfara el independentismo: por ejemplo, ¿mi título de Abogado por la Facultat de Dret de Barcelona valdrá en España o lo tendré que homologar? Si a mi hija la dan la nacionalidad catalana, caso de que yo quisiera volver a Barcelona ¿me la darían a mí por reagrupación familiar? Otra compañera, casa en Barcelona en régimen de separación de bienes se preguntaba si seguirían aplicando el régimen matrimonial catalán o le aplicarían el de gananciales como en el resto de España.
Pequeñas frivolidades domésticas a parte, el problema del independentismo en Catalunya esconde un problema mayor de rechazo a los recortes anti sociales, rechazo a los políticos que no han sabido articular medidas eficaces contra la crisis, rechazo al discurso nacional catolicista del Partido Popular, rechazo a que los mercados sometan a las personas.
La enorme manifestación de la Diada, el 11 de septiembre pasado, recogía muy diversos malestares y variopintas peticiones. Allí estaban muchos, muchísimos independentistas, pero también estaban muchos muchísimos funcionarios hartos de que se les mermen sus salarios en aras al bien común. También estaban muchos, muchísimos usuarios de la Sanidad Pública que han visto como durante el mandato de Convergencia y Uniò han cerrado centros de salud, quirófanos y han fallecido ciudadanos por falta de medios. También estaban muchos, muchísimos trabajadores que padecen en sus carnes la contra Reforma Laboral de MariaNO Rajoy, paro, humillación, miedo y hambre. También estaban muchos, muchísimos padres y madres que llevan sus hijos a la Escuela Pública y que ven cómo baja la calidad, cómo les han quitado la becas de libros, la de comedor, que les cobran por llevar su propia comida en tupper, que no van a poder pagarles la Universidad porque la derecha española y la derecha catalana, misma derecha con distinto idioma, han subido las tasas a precios imposibles…
No puedo afirmar que conozco la realidad catalana actual porque yo viví allí toda la década de los 90, trabajé allí, estudié allí, tuve a mi hija allí y me dejé allí grandes amigos, pero de esto hace mucho tiempo y la gente cambia, las sociedades cambian. Pero de lo que recuerdo, de lo que me dice el corazón, creo que los catalanes no se dejarán engañar por la careta independentista de Mas, nunca CIU lo fue, esto es una pose para mejorar sus resultados electorales que se preveían desastrosos.
Se que el tripartito que los socialistas catalanes protagonizamos, hizo unas políticas sociales envidiables pero se enredó en el discurso soberanista que lo alejaba de nuestro electorado y los sometía a los intereses de otros. Se que las tensiones entre federalistas, independentistas y nacionalistas españoles en mi Partido son reales. Se que la prensa española, mayoritariamente en manos de la derecha, con sus discursos incendiarios anti catalanistas no ayudan, como tampoco lo hacen las declaraciones ofensivas desde allí. Se que nada es blanco, ni negro, ni rojo, ni gualda…
Pero también se que durante muchos, muchísimos años, Catalunya se ha sentido cómoda siendo parte de España y España ha estado encantada de que fuera así. Ese tiempo ha coincidido con los distintos gobiernos del Partido Socialista, tanto de Felipe González como de José Luis Rodríguez Zapatero. Es nuestra tarea como socialistas españoles, catalanes, vascos, extremeños, andaluces, gallegos… recoger su legado.
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