Desafío político: Socialistas no pedrosanchistas ¿qué opciones quedan?

Los que me conocéis hace tiempo sabéis que me defino como una mujer progresista, socialista, feminista y que por ello, durante 20 años milité en el PSOE, justo hasta que Pedro Sánchez me expulsó (dos veces, para ser justa).

Aun así, sigo considerándome socialista, progresista y de izquierdas, por lo que, a día de hoy, siento una profunda orfandad política, apenas mitigada por la aparición de Izquierda Española en las pasadas elecciones europeas.

Tumba de Pablo Iglesias, fundador de Partido Socialista Obrero Español en el cementerio civil de La Almudena en Madrid.

¿Qué nos queda a los socialistas no pedrosanchistas?

Hay varias maneras de sobrevivir a la destrucción de aquello en lo que creías.

  • Unos resisten, como el valiente Emiliano García Page, manteniéndose fiel a sus principios y valores, ganando elecciones por ello, sufriendo la burla y el desprecio del entorno del amado líder. Reconozco que siento debilidad por el compañero, y sin embargo amigo, Page, porque destila socialismo por cada poro de su piel.
  • Otros, la mayoría, entre los que se encuentran muchos y muy queridos amigos, sestean en su militancia discretamente, esperando la caída del iluminado y el retorno de la sensatez a su partido centenario. Estos me provocan cierta ternura porque es de necios no comprender que, a estas alturas, después de Pedro ya no quedará Partido Socialista al que volver.
  • Algunos, quizás muchos, sentimos una profunda orfandad política, que se traduce en un vacío cruel ante las urnas. No puedes coger la papeleta del PSOE porque lo que hace Pedro con él te avergüenza. El resto de opciones «progresistas» como Podemos, Sumar y demás, no son de fiar. Lo anuncié aquí en su nacimiento y el tiempo me ha dado la razón. Y la derecha nunca podrá ser una opción votable para alguien como yo. Ojalá que Izquierda Española pueda un día tener la oportunidad de cubrir ese vacío.
Dientes, dientes, que es lo que les jode.

He dicho mujer, además de progresista, al principio de esta entrada y lo he dicho por algo.

Si algo ha caracterizado a los «gobiernos progresistas» durante estos años, ha sido su supuesto feminismo, su empecinamiento en legislar para unas mujeres que no necesitábamos ni su protección, ni su sectarismo.

El problema de la visión tan paternalista y sectaria que han tenido los sucesivos gobiernos socialista con Podemos como socio principal, o ahora con Sumar, es que lejos de generar empatía o simpatía hacía la causa de la igualdad entre hombres y mujeres, que debe ser el feminismo, han concitado el rechazo, incluso el odio, de amplios sectores de la sociedad española.

Cualquiera que hable con adolescentes o jóvenes españoles escucha el mismo relato: las mujeres son intocables, las mujeres tienen más derechos que los hombres, si una chica te acusa de algo date por jodido, una chica te puede insultar o pegar y no pasa nada, pero si te defiendes te cae la mundial…

En cualquier conversación de bar puedes oír a un grupo de hombres de mediana edad quejarse de que ya no puedes acercarte a una mujer sin miedo a que al día siguiente te acuse de algo o de que uno de ellos está sufriendo unas condiciones leoninas en su divorcio porque la abogada de su ex mujer le ha sacado el tuétano.

Para alguien como yo, que ha militado siempre en las filas del feminismo, que no entendía otra manera de ser progresista que luchando ferozmente por la igualdad entre hombres y mujeres, ver que todos nuestros esfuerzos del pasado han quedado anulados por ideas tan descabelladas como que los hombres son nuestros enemigos, «que la penetración es una violación» (siendo consentida) como dijo alguna «miembra» del Ministerio de Irene Montero, o cualquiera de las chaladuras que salen del Ministerio de Igualdad, es desolador.

Un día tuvimos un sueño, pero de eso hace ya mucho tiempo.
Si, como parece, hay elecciones generales pronto, me temo que nos esperan muchos años de gobiernos de derechas, en el mejor y más improbable de los casos, sin Vox o como en el resto de Europa, con la ultraderecha al alza.

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  1. Avatar de Jaime Garcia Gonzalez

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