Reflexiones de Otoño: Superando la Nostalgia Estacional

Como romántica empedernida, víctima de una infancia de amores Disney, media vida de búsqueda infructuosa del príncipe azul y demás estereotipos de una mujer de media edad en la Europa del privilegio, el otoño siempre me puso nostálgica.

Los días se acortan, hay menos luz del sol que tanto amamos los españoles, empieza a refrescar, hay que tirar de manga larga hasta en el paraíso, el Mediterráneo va perdiendo temperatura a marchas forzadas y todo hace presagiar que vuelve el tiempo de salir de trabajar de noche, colmo de la depresión.

No hay que tomarse a broma esto de las depresiones estacionarias porque la literatura clínica ya nos deja claro que es verdad, que hay una relación clara entre el cambio de estación y lo que se denomina trastorno afectivo estacional (TAE), una forma de depresión que se intensifica en los meses del otoño y del invierno.

No soy psicóloga, por tanto me limitaré a divagar por mis sentimientos

Este año, la llegada del otoño coincide con la visita de mis dos personas favoritas, mi hija Alba y mi nieto Manuel, por tanto, lejos de sentir ese pellizco de la nostalgia que venía junto al odioso cambio de hora, estoy feliz, ilusionada y muy ocupada.

Mis personas favoritas, tienen la cara bonita

Si quiero ser honesta, la llegada del otoño, este año, viene también acompañada de un año de visita al psicólogo en el que he trabajado mucho en la ardua tarea de conocerme y sincerarme.

Cuando dejas de hablarte mal, de auto exigirte, de repetirte que tienes que poder con todo porque si no estás fallando a no sé quién, alcanzas una suerte de paz interior que no se ve alterada ni por la bajada de la serotonina que nos altera el ánimo, ni por la subida de melatonina que nos da sueño, provocadas ambas por la disminución de la luz solar.

Lo de vivir en el paraíso y no tener que volver al asfalto madrileño tras disfrutar unas semanas de la playa, el sol, el buceo, la comida rica y el tiempo libre, también ayuda mucho a no sentirse al albur de las inclemencias del tiempo.

Lo cierto es que me bajé de la montaña rusa emocional y no la echo de menos.

Mi querida amiga del alma, Selina, decía siempre que si tuviera que vivir la vida como lo hacía yo, en lo más alto de la montaña rusa cuando estaba feliz, en lo más hondo del infierno cuando las cosas no iban bien, se pegaba un tiro: «es agotador vivir como tú, amiga».

En cambio yo siempre respondía que me encantaba vivirlo todo exageradamente, ser asquerosamente feliz y sentir que el mundo era mío un día y revolcarme en el barro y llorar lágrimas de sangre al otro porque las cosas iban o no como yo ansiaba.

Margaritas en los viejos buenos tiempos con el guapo y mi MariSeli

Mi pobre madre me decía que cuando cerrase los ojos iban a tener que poner en la cajita «se lo llevó tó p’alante» y yo me lo tomaba como un cumplido. A día de hoy no lo tengo tan claro. Quizás un poco menos de intensidad y un mucho más de reflexión, me hubieran ahorrado bastantes desengaños.

No quiero ser injusta, si miro para atrás, mi vida me encanta. Siempre hice lo que consideré, viví con amor, sin miedo, con pasión, con muchas más risas que lágrimas pero con el fantasma de una mala infancia no resuelta, siempre acompañándome, condicionando respuestas, justificando errores, regalándome indulgencias, merecidas o no.

El fin del verano es triste, como cantaba Danza Invisible

Aunque entre las mantas pueda hablar de amor, el cielo es gris, asar castañas y entre el humo anhelar el calor…

Igual unos Euromillones nos curaban toda la tontería. Porque imagino que no tener que trabajar, no sufrir eso de entrar y salir de noche del curro, solo madrugar para ir a bucear, a pescar, hacer una ruta o a jugar al pádel, haría bastante más llevadero el cambio de estación.

Igual el pobre otoño es víctima de la vuelta al cole y la pérdida de la libertad de horario que nos regala el periodo estival. Ese despertar cuando ya no tienes sueño y comer cuando tienes hambre porque no hay clase, no hay trabajo, no hay más obligación que la que te impone tu propio cuerpo.

Por si el dinero que no da la felicidad, pero ayuda a vivir algo que se le parece mucho, es la solución, acabo de echar la primitiva, los euromillones y el gordo. ¡Va todo a ganador!

Las lluvias pre otoñales dejan cielos limpios en el paraíso

¿Cómo afrontáis vosotros la llegada del otoño? ¿Sois de los que se alegran de que se vaya el calor? ¿Estáis ya pensando en poner el árbol de Navidad? ¿Habéis buscado todos los puentes del calendario laboral?


Descubre más desde Marta Garrote, confieso ser la perpetradora de todo lo que aquí leas.

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