Avergüenza seguir callada

Hace tiempo que decidí que ya no escribiría de política por aquí, entre otras cosas porque el ambiente político patrio es irrespirable y no me merece la pena el desgaste, personal, emocional y, hasta laboral, que me supuso en el pasado perder mi tiempo y mi salud mental en el debate/barrizal político.

Aquellos viejos tiempos en los que una creía que se podía, con mi amiga Elena.

Hasta ahora he cumplido, al principio con verdadero mono, una suerte de síndrome de abstinencia política en el que el cuerpo me pedía seguir opinando de cada suceso, de cada trampantojo, de cada mentira y de cada desengaño. Después con una suerte de nostalgia que solo pica en ocasiones especiales, campañas electorales, puñaladas traperas a viejos amigos del partido, supuestos avances del «gobierno más progresista de la historia de España» que se quedan en humo y fuegos de artificio…

Pero lo que está sucediendo en Gaza, la retransmisión en directo y para el mundo entero, de un genocidio, del exterminio de un pueblo entero, en un inmenso campo de concentración a cielo abierto, que es la Franja de Gaza, me impide seguir callada.

No puedo dejar de pensar que todos y cada uno de nosotros, tenemos la obligación moral de hacer algo, como seres humanos que nos decimos ser, no podemos asistir impávidos mientras decenas de miles de niños se mueren de hambre, mientras todo un pueblo pasa la mayor de las penurias y es masacrado cuando acude a implorar algo que comer.

Lo complicado es encontrar ese algo que hacer pero se me ocurren algunas cosas, pocas, a mi alcance, y quizás al de muchos de vosotros:

  • Protestar, clamar, quejarnos en público, por todos los medios a nuestro alcance, yo aquí, en mi MartuBlog, pero también con los amigos tomando algo, en la comida familiar, en la cola del súper y donde haga falta. No seamos cómplices silenciosos del nazismo sionista.
  • Apoyar iniciativas decentes como la Global Sumud Flotilla, con dinero, los que puedan y/o con visibilidad en las redes sociales. Que no quede ningún ciudadano sin saber que unos pocos valientes han comprometido su propia integridad física, para tratar de llevar alimentos a Gaza.
  • Tomar nota de la actuación de los que mandan en el mundo, de nuestros políticos, de los magnates de las grandes empresas, de los medios de comunicación, pero también del resto de personajes públicos que nos rodean: músicos, deportistas, periodistas… Tomar nota porque aquellos que hoy no estén en el lado correcto de la historia, deberán percibir nuestro desprecio y nuestro «boicot» con el voto, con el mando de la tele, con nuestras tarjetas de crédito. No seamos cómplices, ni de manera tangencial con el nazismo sionista.
  • Educar, a nuestros hijos y nietos, por supuesto, hay que mostrarles lo que hicieron los nazis en Alemania con los judíos, y lo poco que se diferencia de lo que está haciendo el gobierno de Netanyahu con los palestinos. Tienen que sentir que no es lo mismo el mal que el bien, que no podemos quedarnos indiferentes cuando la maldad y el horror se ceba con una parte indefensa de la humanidad, porque eso nos convierte en monstruos insensibles. Que nosotros no somos como ellos, ni por acción, ni por omisión.
  • Revelarnos, frente a políticos como Ayuso, que pretenden prohibir que en las escuelas madrileñas se apoye al pueblo palestino, camisetas, banderas, pintadas, lo que haga falta. Frente a negacionistas del genocidio como Feijoo, señalamiento de pública cobardía y escasa talla moral. Frente a los que acusan de terroristas a los que mueren despedazados bajos los escombros de las bombas sionistas, frente a todos ellos caiga nuestra ira, nuestro desprecio y nuestro rechazo más profundo.

Igual todo esto es poco, igual no vale para mucho, igual nada va a cambiar, igual solo es una pequeña gota de dignidad en un océano de maldad, pero es una gota, que junto a otras, igual inunda el mundo de humanidad, de compasión, de empatía o de coraje, no sé, qué os parece a vosotros.


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