Desde pequeños nos cuentan que si das lo mejor de ti, que si te esfuerzas lo suficiente, puedes conseguir casi cualquier cosa.
Después la vida te enseña que no es así. Que por mucho que te esfuerces en ser la mejor versión de ti mismo, por mucha entrega, compromiso, preparación, planificación y cualquier otra «ción» que se te ocurra, por muchas ganas que le eches a esta cosa loca de vivir, las cosas no siempre acaban bien.

Puedes trabajar duro, ser muy bueno en lo tuyo, cumplir con creces los objetivos fijados y que tu empresa decida que no le interesa seguir contando contigo por cualquier razón. Y da igual que hayas dado lo mejor de ti y que eso que has dado sea realmente bueno, hay un montón de variables que no dependen de ti: jefes a los que no les caes bien, mercados cambiantes, fondos de inversión, crisis, pandemias…
Puedes ser un buen amigo, preocuparte de estar siempre ahí para cuando te necesitan, organizar planes alucinantes, ser la salsilla de todas las fiestas y los brazos de todas la mudanzas y un día verte solo porque lo mejor de ti deja de interesarles. Las cosas cambian, la gente cambia, unos se casan y tienen hijos cuando tú ya estás en otra fase vital, otros se mudan, algunos, sencillamente, encuentran gente más interesante que tú.

Puedes amar mucho a alguien y esforzarte en hacer que su vida sea mejor a tu lado y objetivamente estar seguro de que es así, pero ese alguien puede decidir que lo mejor de ti que le has dado, no le llega, no le llena, no le interesa o no le hace feliz. O incluso puede que lo mejor de ti sea demasiado y les abrume, por lo que acaben buscando alguien menos «intenso», con menos compromiso o menos requerimientos.

Pero lo que no debes consentir jamás es que lo mejor de ti no te sea suficiente a ti. Tú sabes que eres una persona maravillosa, con «tus pedradas», como cualquiera. Un ser humano único que merece ser respetado en su trabajo, querido por sus amigos y amado por su pareja, lo sabes y no debes decirte nunca lo contrario. En muchas ocasiones nosotros somos los jueces más crueles que existen. Analizamos los hechos de manera enfermiza, buscamos hasta el más ínfimo error, juzgamos con rigor y nos condenamos sin piedad.

Si me permites darte un consejo: cuando te encuentres frente a cualquier situación en la que lo mejor de ti no haya sido suficiente: llora lo que tengas que llorar, cambia lo que tengas que cambiar, elimina lo que tengas que eliminar y después, levántate y al lío, porque por ahí hay algo, un curro, unos amigos, una pareja, un club de punto de cruz o de espeleología, qué sé yo, esperando la gran suerte de que le toque lo mejor de ti.

Deja un comentario