¿Prioridad o falta de opciones? La confusión que arruina tus relaciones

Trabajar en uno mismo: el viaje más difícil (y más honesto)

Hace tiempo que trabajo en mis necesidades, mis prioridades, mis miedos, mis sentimientos, mis traumas de infancia, mis dificultades para lidiar con el rechazo, mis inseguridades, mi miedo al abandono, mi pánico a la soledad, mi necesidad de reconocimiento, de aprobación… o yo qué sé.

Lo hago yendo al psicólogo, leyendo, escuchando charlas, pero también hablando conmigo misma, que es la parte más difícil.
Ahí no hay filtros ni versiones caritativas que mostrar al público. Solo estás tú, y sueles ser tu peor juez.

No sé si es por la terapia, por conocerme mejor o porque ya soy más vieja que el hilo negro, pero ahora veo con claridad que no todo el mundo puede hacerlo: hablarse con sinceridad, romperse por dentro para entenderse, buscar el origen del dolor y, desde ahí, empezar a vivir más tranquilo. (Lo de la felicidad… eso ya es para Jedis).

Confundir prioridad con falta de opciones

Algo muy común es confundir prioridad con falta de opciones, y esto pasa de dos maneras:

1. La forma más patológica

Hay quienes quieren que su pareja no tenga opciones, que no mire a nadie más, que no fantasee con otros. Creen que eso significa amor, o que así hay menos riesgo de perderlo.
Error clásico de quienes cargamos con el miedo al abandono (yo estuve ahí durante años).

Lo bonito es cuando, aun teniendo opciones, alguien te elige a ti. Cuando eres su prioridad entre todas las maravillas que el mundo ofrece.
El día que entiendes eso, es como si te hubieran dado un superpoder.

2. La forma más sutil (pero igual de equivocada)

También están quienes confunden ser prioridad con que no tengas vida más allá. Que te elijan una y otra vez no significa que no tengas otros planes, intereses o ilusiones.
Y, a veces, quien recibe esa prioridad se siente agobiado, como si tuviera la obligación de hacerte feliz.
Nada más lejos de la realidad.
El problema es que, cuando por fin lo entienden, suele ser tarde.

Necesidad vs. interés: la gran diferencia

Otra confusión habitual es entre necesitar y desear.
Que alguien te interese, que quieras que forme parte de tu vida —una parte importante, incluso prioritaria—, no significa que lo necesites.
No vas a morir de pena si se va. No deberías perderte a ti misma en el proceso.

La verdad es que nadie necesita a nadie.
Amamos, deseamos, extrañamos, odiamos… pero no necesitamos.
Lo único realmente necesario es aprender a estar contigo misma, tratarte tan bien como tratas a los demás, cuidarte, mimarte, comprenderte, perdonarte y ser compasiva con tus miserias.

Parece poco, pero es dificilísimo.
Y es justo ahí donde empieza la verdadera libertad.


Descubre más desde Marta Garrote, confieso ser la perpetradora de todo lo que aquí leas.

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario