Por qué España no avanza: una crítica a la clase política actual

La crisis política en España: por qué necesitamos un verdadero pacto de Estado

Me encuentro visitando a una buena amiga, política de raza, de las de antes, de las que pensaban en la Política con mayúsculas y creían que el bien común estaba por encima de los intereses de partido o personales, y es inevitable que la conversación política ocupe muchas de las conversaciones pendientes.

Una conversación sobre la política que ya no tenemos

Lamentábamos ambas la escasa altura de miras con que se conducen nuestros políticos patrios (y me temo que los del resto del planeta salvo honrosas excepciones) y veíamos como una quimera solucionar los grandes problemas de España, como son la vivienda, el agua, el cambio climático, los trabajadores pobres, la sanidad al borde del colapso, la educación fallida… por la imposibilidad de un gran pacto de Estado entre las dos grandes fuerzas políticas, el PP y el PSOE.

Cuando la política miraba a veinte años vista

Recordaba ella que, en tiempos de la Transición, políticos como Felipe González, afrontaba los problemas de nuestra emergente democracia a 20 años vista, que es lo mínimo que necesita cualquier gran reforma o proyecto ambicioso de país para dar sus frutos. No digo que entonces se hiciera todo bien, pero sí defiendo que se hacía con vocación pública, con intención de perdurar, aunque fuera con más o menos acierto.

Comentaba yo los increíbles proyectos energéticos o de reforestación que está llevando a cabo China para garantizarse el agua y la energía necesaria para su presente y su futuro, un plan de país que lleva ejecutando 50 años y lo quimérico que resulta plantearse que España pudiera hacer algo así, siendo mucho más fácil por extensión territorial, por población y por diversidad orográfica, simplemente porque hay que poner de acuerdo a tantas instituciones de tantos colores políticos, que solo pensarlo agota.

La responsabilidad de Pedro Sánchez: acción y omisión

La acción: desigualdad creciente y narrativa vacía

Y sí, la culpa de parte de la crisis política en España recae sobre Pedro Sánchez, por acción. El supuesto “Gobierno más progresista de la historia”, sostenido por los delincuentes de Junts y los fariseos del PNV, está permitiendo que la brecha salarial entre los pocos que se forran y los muchos que las pasamos canutas sea cada día más descomunal, incluso con una economía que crece como un tiro.

Ese desequilibrio facilita que la ultraderecha capture el voto de trabajadores pobres, autónomos asfixiados y gente sencilla que busca ayuda real y solo encuentra retórica progre.

La omisión: el bloqueo del pacto de Estado

Por omisión porque sabiéndose el escollo fundamental para que hubiera un gran pacto de Estado, que aislara a los ultras de uno y otro color, que metiera en cintura las voraces ansias indepes y que pusiera el bien común por encima de todas las cosas, ha decidido mantenerse en la Moncloa contra viento y marea.

La oposición del PP: una estrategia para destruir, no para construir

No le resto un ápice de responsabilidad a la oposición mentecata del PP, cuya única consigna parece ser: “¿Qué dice Pedro Sánchez? Pues yo me opongo”.

Es una oposición que utiliza sus comunidades autónomas como ariete contra el Gobierno. Que rechaza ayudas a fondo perdido. Que se opone incluso a propuestas que salieron de sus propias filas. Que sostiene a personajes tan impresentables como Mazón solo para desgastar a Sánchez.

España no puede avanzar con un principal partido de la oposición instalado en la obstrucción sistemática.

Un país atrapado entre fanatismos y tacticismos

Pero es que un país no puede funcionar así, con unos jaleando a Sánchez como lo más extraordinario que han visto en política, cuando es un oportunista de corto recorrido, con un extraordinario sentido de la propia supervivencia y muy pocos escrúpulos. Y con los otros rasgándose las vestiduras ante cualquier cosa que haga Sánchez, aunque sea beneficiosa para España, como la «excepción Ibérica» y la apuesta por la energía renovable de la que somos potencia mundial, o la oposición al 5% del gasto militar que pretende imponernos el descerebrado de Trump con la única finalidad de salvar su industria armamentística, o los fondos Next Generation, que se devuelven en muchas CCAA solo porque los negoció el malvado Sánchez.

La crisis política en España no es una cuestión de izquierdas o derechas. Es una cuestión de mediocridad transversal.

Lo que realmente necesitamos de la clase política española

Necesitamos una clase política que nos mire y nos vea:

  • Que vea a quienes no llegan a fin de mes porque la cesta de la compra es un infierno.
  • Que vea a quienes no pueden acceder a una vivienda y no pueden iniciar un proyecto de vida digno.
  • Que vea a quienes esperan meses en una sanidad pública desmantelada mientras se favorece a la privada.
  • Que vea a los hijos aparcados en colegios e institutos públicos sin medios, sin profesionales, sin proyecto, sin ilusión.

Solo eso: que nos vea.
Y después, pensar juntos cómo salimos de aquí.


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