Todo tiene un por qué

Lo primero que tienes que conseguir es hacer las paces contigo mismo. Llevas décadas haciendo lo que hay que hacer, estudiando, trabajando, casándote, teniendo hijos, acumulando trabajos cada vez mejor pagadas, comprándote casa, reformando esa casa, más rápido, más alto, más fuerte, más, más, más…

Un cambio total

Cuando pasas el umbral de los 50, te asalta la sensación de que tienes más cosa que ver por el retrovisor que por el parabrisas, y esto, lejos de incomodarte, te da una extraña sensación de libertad. Lo importante ya está hecho, no tienes que cumplir con las expectativas que tú mismo te habías impuesto de cara a otros, solo te queda aprender a ser feliz para ti.

Elige bien dónde vivir

Pasamos media vida soñando con nuestro «paraíso», ese lugar al que huimos en cuanto tenemos unos días libres, ese pequeño rincón donde nos sentimos felices, a salvo, en casa. Es ahí, no lo dudéis, ahí.

Elige bien con quién compartir

Compartimos nuestro tiempo, que es lo más valioso que tenemos, con gente que, en ocasiones no lo valora, que no se da cuenta del esfuerzo que hacemos para estar ahí y solo nos damos cuenta cuando, al alejarnos, el teléfono deja de sonar y apenas quedan unos cuantos incondicionales, esos son los que importan.

Elige bien cómo ganarte la vida

Nos dejamos gran parte de nuestro tiempo trabajando porque es vital para tener dinero que nos permita vivir, pero el dinero no lo es todo y desgastarse en un ambiente laboral que nos hace infelices solo para pagarnos unos días que nos compensen de tanta infelicidad es una rueda envenenada.

No puedes hacerlo solo, busca ayuda

En ocasiones, te has dicho tantas veces, tú puedes sola, tú puedes con todo, tú no necesitas a nadie, tú, tú, tú, que un día te rompes, y es el mejor día de tu vida porque comprendes que no hace falta hacerlo todo bien, ni siquiera es necesario que te encargues tú de todo, puedes delegar, puedes pasar, puedes decir no puedo o no quiero y sentirte igual de bien o mejor.