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casi Menopáusica, pero no…

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Como toda mujer a lo largo de su vida, más de una vez me han llamado menopáusica. Normalmente en el curso de una discusión, cuando el contrario, varón, carecía de argumentos de peso para salirse con la suya y zanjaba su derrota con un “estás menopáusica”. He de reconocer que, en mi caso, ha sido en las redes sociales, donde abundan los faltosos, los odiadores profesionales y los carentes de capacidad discursiva y que realmente me ha importado un pito.

Pareciera que el hecho de cumplir años y dejar de ser fértil te hiciera menos mujer. Pareciera que esos hombres que utilizan menopáusica como un insulto consideraran que las mujeres solo son útiles, buenas, respetables o deseables, en tanto que pueden llevar un hijo en su vientre y que dejan de serlo al llegar al climaterio femenino. Pareciera que algunas mujeres asumen que es cierto, que con su menstruación, pierden también una parte esencial de su persona, de lo que las definía en la vida, y no, nada más lejos de la realidad.

Los que hayáis llegado hasta aquí os preguntaréis a qué vienen estas reflexiones y es muy sencilla la explicación, el 2020 me ha regalado para mi 48 cumpleaños, que está a punto de producirse, la desaparición de mi regla. Aunque oficialmente no estaré menopáusica hasta que esta menelipsis no se produzca durante varios meses seguidos, la última vez que mi regla se retrasó, es mí albóndiga y acaba de cumplir 25 años.

Lo cierto es que me importa poco. Hace años que decidí que no tendría más hijos por lo que ovular solo es un incordio que me estropea algunos viajes, algún finde divertido o alguna inmersión en verano. Hace un par de años que vengo engordando, en parte porque me encanta comer y la cervecita sin gluten, en parte porque el curro no me deja mucho tiempo libre para el deporte y en parte porque mi cuerpo que anda mirando a los 50 cara a cara ya no funciona como antes. No siento sofocos, ni sufro insomnio, ni padezco cambios de humor, de momento.

Si te importa tan poco ¿por qué lo estás contando? podríais decirme alguno. Pues como os cuento otras mucha cosas que me pasan, porque es algo nuevo, distinto y que me va a tener ocupada durante una temporada, si es que todo lo que dicen que me va a pasar, me acaba pasando. También lo hago porque sé que hay otras mujeres que lo llevan mal y espero que leer la experiencia de otra las haga sentirse acompañadas. Y por si a alguna os apetece compartir conmigo consejos, trucos, preocupaciones o lo que sea.

También es que necesitaba una excusa para volver a escribir en el MartuBlog y paso de la política como de comer mierda. Podría haber contado que he visto El Irlandés e Historia de un matrimonio y me han encantado, sobre todo esta última, tan triste y tan real que te deja con el corazón encogido. O podría haber comentado lo del coronavirus chino, la que se está liando en el mundo con toda la economía aterrorizada y la comunidad médica mosqueada con el ostracismo del gobierno comunista… Incluso podría haber puesto negro sobre blanco la tremenda decepción que me ha causado una persona a la que admiraba y respetada, aunque eso quizás lo haga en los próximos días. Podría haber escrito de mucas cosas, pero la menopáusia, mí menopáusia, para ser más exactos, me parecía un tema tan adecuado como cualquier otro para comentarlo aquí.

OTRO SÍ DIGO. Esa misma noche del domingo, nada más terminar esta entrada que no publiqué porque le faltaba un final razonablemente redondo, me vino la regla y la verdad es que su aparición inesperada, me resultó tan indiferente, como su ausencia en los días anteriores. No le veo la diferencia en mi vida, no me hace que me sienta ni más ni menos mujer. Tampoco cambia la percepción de mí que tienen los demás, o no debería cambiar.

En memoria de mi amiga SEL

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Hoy se ha celebrado el funeral de mi amiga, mi hermana, Sel. Muchos aquí la conocéis bien, otros os habéis perdido el lujo de conocerla. Esto es lo que he escrito y leído en la Iglesia, a petición de su madre.

Me ha dicho mi abuela cuando le he explicado que me habíais pedido leer unas palabras sobre Selina: “Dile a su gente que nosotros lo hemos sentido mucho porque era de nuestra familia también”. Mi abuela tiene 92 años y ese ojo especial para calar a la gente de quien lo ha visto casi todo y supo enseguida que Selina era alguien muy especial.

Me habéis pedido ser breve pero cómo serlo cuando tienes que glosar la vida de alguien tan grande y que ha sido tan importante en tu vida. Podría estar hablándoos de ella horas y no diría ni una mínima parte de lo que hay que decir.

Hay una familia que te toca al nacer y que si tienes suerte, es tan grande y maravillosa como la vuestra, pero los que no hemos disfrutado de esa lotería, sí hemos tenido el privilegio de poder elegir, para formar parte de nuestra familia, como hermana a alguien tan formidable como Sel.

Todos sabéis qué personas tan especiales son Jaime y Pilar y Selina tenía lo mejor de Jaime: su amor por la lectura, por el orden, por la racionalidad… y lo mejor de Pilaruca, su humor, su alegría, su generosidad… Y de ambos un corazón enorme que no le cabía en el pecho y que te hacen dar gracias de poder haberla tenido en tu vida. De haberlos tenido en tu vida.

Es muy difícil explicar lo que ha representado Selina para nosotros porque sin ella igual hoy no estábamos aquí mi santo y yo, juntos, felices. Fue quien más apostó por nosotros, quién más nos apoyó, nuestra cómplice, nuestra tercera parte.

Generosa en sus relaciones, siempre era la mitad que pone otro cuarto y mitad. Sel hizo mejor a todo el que compartió su vida con ella, incluso cuando no lo merecían.

Creo que sí me está viendo ahora, aquí, en la Iglesia, en su funeral, se estará riendo lo suyo. Cuando me decía alguna maldad o se burlaba de mí por algo yo le reprochaba en broma, “el Señor te va a castigar” y ella siempre preguntaba con sorna ¿Qué señor, quién es ese Señor que yo no lo conozco? Si es verdad que las buenas personas van al cielo, amiga, tu debes estar con ese Señor, en un palco de honor allá arriba con buenas vistas a los que aquí abajo nos hemos quedado tan solos sin ti

Pero no estéis tristes porque nosotras, Sel y yo, Sel y vosotros, nos lo hemos comido todo, nos lo hemos bebido todo, nos lo hemos reído todo y nos lo hemos llorado todo. Podíamos haberlo hecho muchos años más, pero poca gente habrá vivido con tanta intensidad y alegría como ella y nosotros con ella.

¡Te queremos y siempre estarás con nosotros María Selina García- Enríquez y todas las hierbas!


¡Adiós, querido Alfredo, que la tierra de sea leve!

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He tardado unos días en escribir esta carta de despedida a Alfredo Pérez Rubalcaba, en parte porque lo estaban haciendo aquellos que compartieron más que yo con él, que para mí fue mucho, pero que sin duda fue apenas nada, comparado con ellos. En parte porque la sorpresa, la pena, la rabia, no es buena consejera frente a la pantalla en blanco.

Conocí a Rubalcaba cuando era Secretario de Estado de Educación, allá por el año 87 y yo apenas una quinceañera en el Sindicato de Estudiantes que paralizó Madrid con una huelga de meses, en defensa de la gratuidad del bachillerato, de la mejora de la calidad de la Enseñanza Pública… De aquello solo recuerdo que nos toreó y consiguió que desconvocáramos la huelga a cambio de quincalla, baratijas, abalorios. Mi madre que estaba en la Federación de Enseñanza de UGT se reía cuando se lo contaba, si nos convence a los maestros, cómo no va a hacerlo con vosotros que aún sois estudiantes.

Lo cierto es que en política, en el PSOE, siempre estuvimos en “familias” distintas. Yo formaba parte de los Guerristas y él fue peso pesado de los Renovadores. Yo era Tomasista y él Simanquista. Yo apoyé a Chacón aunque nunca fui chaconista practicante, frente al propio Rubalcaba. Yo apoyaba a Carmona y él a su amigo/hermano Jaime Lissavetzky. De hecho, desde 2010 más bien fuimos enemigos íntimos porque Tomás y Alfredo no se podían ni ver y yo defendía al primero frente al segundo, Oscar López, Elena Valenciano…

Gracias a esa crítica feroz en las redes sociales, no de él, pero sí de lo que quería para el PSOE, es que acabamos haciéndonos amigos. Allá por el 2011 o 2012, tanto Óscar como Elena me invitaron varias veces a Ferraz, el primero para debatir conmigo largo y tendido sobre mis propuestas de democratización del PSOE y la segunda para tratar de convencernos (a lo que ella llamaba el tridente de Madrid: Sotillos, Franesco y Martuniki) de que no eran tan reaccionarios como nosotros pensábamos.

En una de esas comidas, en el despacho de Elena, entró Alfredo “dónde está esa Martuniki que tanta caña me da en las redes”, charlamos un rato y se disculpó porque estábamos comiendo el menú del bar de abajo, no había pasta para más. Al llegar a Ferraz, tanto Alfredo como Elena se habían encontrado el partido en números rojos, sanear las cuentas y salvarnos de la quiebra es algo que nadie les ha agradecido lo suficiente. Total que nos reímos, nos caímos bien y aunque seguí criticando aquello que no me parecía lo mejor para el PSOE, ya no podía hacerlo sin cariño. Se gana más teniendo a los adversarios cerca que lejos y Alfredo era totalmente lo opuesto a un sectario.

Un par de años después, Elena me llamó para colaborar en su campaña a las elecciones europeas de 2014 y en los meses que estuve en Ferraz disfruté de poder charlar con Alfredo, trabajar para él y acompañarle en un momento muy difícil, cuando algunos de mis amigos le hicieron dimitir por el mal resultado que tuvo el PSOE en esas elecciones. Algo inaudito, la verdad. Estuve en la sala de prensa cuando comunicó que se iba y al abrazarle le dije cuanto sentía de corazón su dimisión y él me contestó, “te creo y te lo agradezco”. No olvidéis que yo era una tomasista en Ferraz lo que hacía desconfiar a unos y otros.

En las primarias que vinieron tras su dimisión Alfredo me dijo, los tuyos apoyan a Pedro porque piensan que Edu es el mío, pero míos son los dos, yo los he tenido conmigo, yo mandé a Narbona al Consejo de Seguridad Nuclear para que Pedro entrara de Diputado en el Congreso, que andaba por ahí muerto de hambre. También me dijo, se equivoca Susana al elegir a Pedro porque cree que es el más manejable de los dos, éste tiene la mandíbula de acero y se va a ver negra para controlarle. No se equivocó en nada.

Una de las mejores descripciones de Pedro que he oído es que es un lienzo en blanco, puede ser brillante o siniestro en función de la mano que pinte en él. Al poco de ser elegido Secretario General la primera vez, se celebró un Debate sobre el Estado de la Nación en el que Pedro estuvo brillante frente a Rajoy, se había encerrado con Alfredo, durante días, para prepararlo. Poco después, con 89 diputados intentó ser Presidente con los votos de la morralla indepe, algo que Rubalcaba le afeó y Sánchez le retiró la palabra.

Era un trabajador infatigable, si te quedabas algún día más tarde de la hora currando, los demás te hacían la broma “ten cuidado no vayas a encontrarte con el fantasma de Alfredo por los pasillos” Y es que llegaba el primero y se iba el último y como le gustaba pensar paseando, te lo podías encontrar a la vuelta de cualquier esquina de Ferraz.

A mí gustaba decir, “ojo tal o cual como se entere el tito Alfredo” o “esto no le va a gusta al tito Alfredo”… hasta el punto que él me seguía la broma llamándome sobrinita. En mi casa somos mucho de adoptar hermanos, tíos y primos. La familia no se elige, pero los amigos a los que quieres como si fueran de la familia, sí. Y es que era un tío divertido, rápido, encantador, era difícil no quererlo una vez que lo conocías.

Cuando dejó la política y volvió a la Universidad, dando una lección a tantos que no tienen oficio ni beneficio por lo que se aferran a sillón con saña, jamás dejó de contestar al teléfono o de responder a un Whatsapp. ¿Os podéis imaginar un tipo que ha sido todo en España, Vicepresidente, Ministro del Interior, Secretario General del PSOE y que siempre tiene un minuto para todos los que le queríamos y admirábamos por insignificantes que fuéramos? Ya os digo que es una rareza, lo normal es que los líderes se olviden de la plebe en cuanto no les hacemos falta, salvo honrosas excepciones, como Alfredo.

Así que sí, ¡adiós, querido Alfredo! Nos has dejado cuando más falta nos hacía tu inteligencia, tu paciencia, tu prudencia, tu buen juicio. Te echaré de menos. ¡Que la tierra te sea leve!

HACE TIEMPO QUE NO PASABA POR AQUÍ…

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Hace tiempo que no pasaba por aquí, no sé si porque no tenía nada que contaros o porque no encontraba las ganas para contaros lo mucho o lo poco que me pasaba. Ya os he dicho alguna vez que lo de escribir es terapéutico para mí y que lo hago como una necesidad, por tanto, el estar tanto tiempo silente solo puede significar que no sentía la necesidad porque estaba muy bien o porque estaba fatal.

Lo cierto es que el año 2018 ha sido uno de los más complicados de mi vida, no de los más difíciles, que yo las he pasado canutas en el pasado cuando me divorcié con una niña de cuatro años y una mano delante y la otra detrás o cuando trabajaba en el infierno laboral de cuyo nombre no quiero acordarme aquí y salía un día sí y otro también llorando de mi convento.

El año pasado ha sido complicado porque no me encontraba bien, ni física, ni animicamente y no sabía muy bien por qué. No hay duda que recibir el diagnóstico de enfermedad celíaca y tener que cambiar por completo de hábitos de vida para limpiar mi cuerpo hasta volver a sentirme en forma ha contribuido a que todo lo demás me pareciera difícil, complicado, agotador.

Tampoco ayudaba el hecho de haber puesto tantos sueños, tantas ilusiones, tanto esfuerzo, tanto tiempo, tanto trabajo, tanto amor, tanto de todo, en un proyecto que ya no existe y que jamás volverá a ser aquel por el que algunos dimos lo mejor de nosotros mismos, hablo del PSOE, claro.

El año pasado fue el año en que me tocó reinventarme, cambiar de hábitos de vida por la celiaquía, cambiar de hábitos de pensamiento por la orfandad de la izquierda española, cambiar de hábitos laborales porque había que empezar a pensar en una misma antes que en la organización, cambiar de hábitos, cambiar de hábitos…

Hoy, superada la cuesta de enero del 2019, he vuelto a sentir ganas de escribir y sin tener claro sobre qué iba a hacerlo, he abierto mi blog, ni siquiera recordaba la contraseña para hacerlo. He puesto los dedos en el teclado y mirad por dónde voy ya. Sin hablar de política, sin nombrar a mi némesis, Pedro Sánchez, sin pedir el voto para tal o cual formación solo escribiendo, pero claro, esto no vende, esto no tiene tirón para que la gente lo lea, el público quiere carnaza, polémica, lío y yo, vosotros queréis carnaza y yo como bloguera vuestra que soy, os lo voy a dar:

  • NO VOY A VOTAR A PEDRO EL 28 DE ABRIL. POR PRIMERA VEZ EN UNAS GENERALES, MI VOTO NO VA A SER PSOE. 

¿Y a quién vas a votar, Martu? Os preguntaréis y me preguntáis en las redes sociales. Pues no lo sé. Hasta ayer estaba más cerca de votar Ciudadanos, con los que comparto la defensa de la unidad de España, la retirada de privilegios a vascos y catalanes, el uso del castellano como lengua vehicular en todo el territorio nacional, la regulación de la gestación subrogada, etc. que de no votar, pero después de leer que la Junta de Andalucía se plantea retirar la gratuidad de las matrículas universitarias, con la anuencia de Ciudadanos, se me están quitando las ganas.

Y si de aquí al 28 de abril que tengo que decidir a quién votar en las generales no tengo nada claro qué va a pasar, imaginad hasta mayo que me decida a quién votar en las europeas, en las autonómicas y en las municipales… ¡Un sinvivir!

UNA DE MATRÍCULAS Y OFENDIDITOS EN TWITTER

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En mi casa siempre hemos sido mucho de jugar con las matrículas, las de los coches, me refiero, por si no se había entendido. Hace unos años, cuando llevaban delante las iniciales de la provincia donde había sido matriculado el coche y posteriormente cuatro números, mi madre se inventó varios juegos para tenernos entretenidas cuando andábamos por la calle y, sobre todo, enseñarnos matemáticas, geografía, jugar al mus…

Por ejemplo, cuando éramos más pequeñas jugábamos a pares y nones y cada una tenía que sumar los números que correspondieran al grupo que había elegido y ganaba la que sumaba más. Si solo iba yo pues tenía que sumar todos los números más rápido que mi madre o sumar pares y nones y restarlo…

Más tarde pasamos a jugar a decir antes de dónde venía el coche y así aprendimos que CC era Cáceres, CO Córdoba, CR, Ciudad Real… o que SS era San Sebastían pero SE era Sevilla. La verdad es que cuando se decidió que los coches llevaran 3 letras en lugar de la provincia de matriculación, a nosotras nos privó del juego y de la fantasía de imaginar qué aventuras traían a un coche GE de Gerona hasta M Madrid.

Había una modalidad particularmente onerosa para mí que consistía en buscar coches capicúa (se leen igual de derecha a izquierda que de izquierda a derecha) y el que lo encontraba gritaba “capicúa” y el resto debíamos guardar silencio (imaginad que tortura) hasta no recuerdo qué momento. Este no me gustaba tanto.

Rizando el rizo, ya metida en la adolescencia, jugábamos al mus, siendo 1 y 2 pitos y 3 y 0 reyes, 8 sota y 9 caballo… La de horas que hemos echado en imaginarias partidas de mus gracias a que somos usuarias del coche de San Fernando, un ratito a pie y otro caminando y los paseos eran largos y tediosos.

Y vosotros os preguntareis a qué viene toda esta charla sobre matrículas y me pedís una explicación y como bloguera vuestra que soy os la voy a dar. Ayer domingo, se me ocurrió comentar en Twitter que había visto pasar un coche con la matrícula KKK y que me había llamado la atención porque habíamos estado especulando, mi marido y yo con qué matrículas se retirarían por las connotaciones de las siglas y esta la teníamos entre posibles castigadas por las connotaciones del grupo racista norteamericano.

No emití juicio de valor alguno, solo que en ese interés que arrastro desde la infancia por las matrículas de los automóviles pues me parecía un dato entretenido o curioso ¡gran error por mi parte! Al instante, decenas de ofendididitos de Twitter llamándome de todo porque me molestara esa matrícula KKK (que a mí ni me molesta ni me deja de molestar ni en mi tuit hacía crítica ninguna al respecto) y reprochándome que estando como está el país yo me distraiga con memeces como si yo fuera la presidenta del Gobierno y tuviera la culpa de todo lo que anda mal en España, que es mucho, lo reconozco.

Alguno me dijo que ni no habían quitado CNT, por qué iban a quitar KKK, valga como exponente del mal humor que gasta el personal tuitero un domingo por la tarde, aunque como en todos, hay excepciones, la mejor el que me dijo que la suya era KKP y yo le pregunté si el primer número era un dos KKP2 jijiji (como los niños pequeños que nos sigue haciendo gracia: caca, culo, pedo pis).

¿Vosotros no jugabais con las matrículas de pequeños?

Una de historias del Twitter

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Una de historias del Twitter

Ya he escrito en otras ocasiones sobre esa red social, Twitter, seguramente la más fascinante y aterradoras del universo internaútico, pero también la que más me gusta utilizar y con la que más me divierto y mayor alcance tengo. De ahí que soporte ese lado oscuro, cada vez con mejor humor.

Tengo por regla general bloquear a gente que insulta, que dice barbaridades, que amenaza o que cruza algunas líneas rojas sobre el respeto a aquello que es importante para mí, aunque lo que normalmente hago con los cansinos, sin más, es silenciarlos. Si les aplicas el block inmediatamente saben que te han ofendido, que te han hecho daño y que respondes defensivamente impidiéndoles que se acerquen a ti y vuelvan a hacerlo pero, si solo les aplicas el mute, ellos siguen despotricando en el desierto convencidos de que sus palabras te están zahiriendo mientras que tú ni te estás enterando de que gruñen cual verracos. Igual soy un poco retorcida.

Cada cierto tiempo, hago limpieza de mutes y blocks y les doy a todos mis haters, por muy borricos que fueran en el pasado, una segunda oportunidad. Igual alguien ha tenido un mal día, igual ese mal día de alguien coincide con que tú también lo tenías, una conjunción planetaria de esas que le gustaban a Leire Pajín. De esta manera he llegado a apreciar, con el tiempo, la gracia o el intelecto de gente con la que había tenido algún encontronazo en Twitter.

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Hoy quiero referirme a un caso perdido @Sanaraca53, rubia de mediana edad, foto con Pedro Sánchez en la portada, furibunda defensora del actual Presidente, tanto como antes lo fue de Pablo I y “odiadora” profesional del resto del PSOE en general, el que no idolatra a Sánchez y de una servidora en particular. Da igual cuantas veces le levante el castigo, en horas hace méritos para volver al bloqueo, tiene un don.

Hoy he comentado en Twitter que había visto a Pablo I bastante más gordo que antes de su ausencia de la primera línea política por el nacimiento de sus bebés prematuros. No he comentado nada más porque no vi la entrevista anoche, solo un pequeño corte que han puesto en el telediario de primera hora de la mañana que ojeo mientras desayuno. No la vi porque me interesa cero o menos uno lo que tenga que decir este populista trasnochado y porque no me acordé, para qué mentir. Pues ese comentario ha desatado las iras de nuestra protagonista y aquí os voy a poner unas cuantas de las lindezas que me ha soltado:

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ME HA LLAMADO CEPORRA, MENOPAÚSICA Y ME HA DESEADO SUFRIMIENTOS VARIOS ☺☺☺

Como algunos le ha afeado su comentario machista, ordinario y absolutamente fuera de lugar, las contestaciones han estado a la altura del personaje, solo os pondré uno, por no cansar:

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ME HA LLAMADO HIJA DE PUTA, LO SIENTO MADRE, ELLA ES ASÍ

Y para acabar este tema de los delirantes haters que una tiene que aguantar, gratis, va el mejor porque además de ordinaria, faltosa y con mal corazón, lo de la ortografía y la sintaxis no entra dentro de sus capacidades, ni innatas, ni aprendidas:

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SI ALGÚN PROFESOR DE LENGUA QUIERE INTENTAR CORREGIR Y PUNTUAR PARA FACILITAR LA LECTURA AL RESTO DE LOS MORTALES, SIÉNTASE LIBRE.

Se puede, Arturo, pero no es fácil.

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Acabo de leer lo último que ha escrito Arturo Pérez Reverte, NO PASA NADA, SE PUEDE, porque lo había retuiteado mi amiga Elena Valenciano con la apostilla “Se puede, pero también se debe ayudar a todas las Asun que existen y tan cerca!” y no puedo menos que estar de acuerdo con ella.

Al leer el escrito de Pérez Reverte, que es optimista y bien intencionado, podrías tener la sensación de que lo que hizo Asun, tiene su mérito, pero tampoco tanto. Como él lo cuenta, con su prosa ágil y un cierto desapego, podría parecer que todo es ponerse, coger la maleta y a tus niños de la mano y empezar una nueva vida como por arte de magia y no, nada más lejos de la realidad.

Con permiso de mi madre (permiso que me arrogo porque no se lo he pedido) os contaré una anécdota de mi infancia, la meno aterradora, para que comprendáis porqué lo de Asun es una heroicidad, máxime si sucedió, como parece desprenderse del relato en los 70/80, recién momificado Paco. En esa España tan moderna de la movida y tan antigua del divorcio culpable, el delito de adulterio y las mujeres en la cocina.

Mi padre bebía, se lo bebía todo y cuando llegaba a cierto límite de alcohol en vena, tenía las manos muy largas. No es que nos tundiera a palos, no, era quizás peor, porque lo que nos imponía era un régimen de terror psicológico en el que en algún momento acabarías cobrando. Siempre había algo que no harías bien, una mala contestación (o mirada), un juguete desordenado, una mala postura en la mesa… Y por tanto, durante horas, anticipabas el momento en que recibirías el golpe, que casi era liberador, porque duele menos una bofetada que la continua tensión de no hacerte meritorio de ella.

En mi casa, mi padre salía por la tarde a tomar algo y mi madre, mi hermana y yo pasábamos la tarde tranquilas, contentas, quizás viendo la tele hasta que sonaba la puerta de la calle y todo era silencio y miradas de reojo ¿cómo vendría hoy? si venía nublado la noche sería larga. Cuando tienes un padre como el mío desarrollas un especial sentido “arácnido” el de interpretar caras porque de ello depende tu vida, o al menos así lo sentía yo, que nos la jugábamos a diario, a eso de las ocho.

Una de esas noches que mi padre volvió nublado de la bodega entró en el salón y mi madre y yo estábamos viendo no sé qué en la tele supimos de inmediato que la noche sería larga. Sin mediar palabra cambió el canal de la tele ( de la primera al UHF, imagino, porque no había más) y, en un gesto sin precedentes, mi madre se levantó y volvió a poner lo que estábamos viendo. Ahí yo tuve claro que íbamos a cobrar todas pero lejos de sentir miedo una suerte de valor, orgullo, temeridad me hizo mirar a mi madre como a “cat woman”.

Él se quedó tan desconcertado como yo, de hecho juraría que le vi sonreír, como un gato que juega con un ratón antes de comérselo, volvió a cambiar de canal. Mi madre se levantó otra vez del sofá (entonces no había mandos de la tele, total para cambiar de un canal a otro y subir o bajar el volumen ya estábamos los hijos pequeños) y volvió a poner el canal que estábamos viendo. Esto ya pasaba de castaño oscuro, jamás se vio tamaño desafío en casa de los Garrote Cerrato.

Mi padre repitió el gesto una vez más y mi madre se levantó del sofá, nos miró a mi hermana y a mí que conteníamos la respiración aterradas y dijo “nos vamos” y así, en pijama, con el abrigo porque era invierno en Madrid, de noche, sin cenar, sin dinero y sin un plan, salimos por la puerta las tres, cargadas de dignidad y, al menos yo, sintiéndome como un ninja.

En el portal, ante la noche oscura le dije a mi madre “ha estado genial pero ¿ahora qué? Pasamos la noche en casa de una amiga de ella que vivía cerca, una noche de ojos brillantes de emoción, de aventura y de insensatez porque a la mañana siguiente volvimos a la realidad de nuestra casita de los horrores y tuvieron que pasar muchos años más para que definitivamente mi madre pudiera liberarse del monstruo con el que se había casado siendo tan joven e inexperta y con el que había tenido dos hijas.

Las familias no querían ver o no querían entrometerse, la sociedad no quería oír hablar de lo que debía circunscribirse al ámbito “doméstico” y las mujeres como mi madre habían sido educadas en el contigo pan y cebolla y hay que aguantar por el bien de los hijos y porque todos los hombres tienen sus cosas… Nosotras tuvimos la suerte de salir, otras han terminado muertas al tratar de huir o han seguido en el infierno hasta el final de sus días.

¡Educad a vuestras hijas para que no consientan nunca un golpe, ni un insulto, ni un grito! ¡Educad a vuestros hijos para que jamás propinen un golpe, ni profieran un insulto, ni den un grito! Quizás así, lo de Asun y lo de mi madre, deje de ser una heroicidad y pase a ser algo del pasado ominoso.

PD: Edito porque me ha recordado mi madre en Twitter (sí, es muy moderna) esto: “Se te ha olvidado contar que fuimos a una comisaría y allí no nos hicieron ni caso y me recomendaron volver a casa porque me podía denunciar tu padre por abandono del domicilio y llevarme a las niñas”.