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AL PSC SOLO LE IMPORTA LA “C”

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INSISTO, AL PSC PARECE QUE SOLO LE IMPORTA LA “C”

Leo con estupor que mis “compañeros” del Partido Socialista Catalán han decidido acudir a las elecciones autonómicas del 21 de diciembre en coalición, o incluyendo en su lista, como número 3 en cada provincia (los del 3%), a los antiguos integrantes de la extinta Unió, cuyo más famoso representante fue Josep Antoni Duran i Lleida, aquel que aseguró que los trabajadores del campo andaluz estaban en la taberna gastándose el P.E.R. mientras que los payeses catalanes se deslomaban en los campos.

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El número 3 de la lista del PSC por Barcelona será Ramón Espadaler que siendo miembro de Unión Democrática de Cataluña escribía barbaridades homófobas ante la posibilidad de que los homosexuales adoptaran, propuesta por el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero en su Ley de Matrimonio Igualitario que permitía casarse a personas del mismo sexo, como que “El debate no debe versar sobre la igualdad entre tradicionales y homosexuales, sino sobre la defensa de los derechos de los niños”. “Si hay que crear vínculos similares a la filiación biológica, debe haber un padre y una madre”.

Me cuesta entender qué tenemos en común los socialistas, socialdemócratas, de izquierda moderada, rositas, si me apuráis, con la derecha catalana, conservadora en las costumbres, católica, burguesa, liberal en lo económico y corrupta, profundamente corrupta. Solo se me ocurre una cosa, el catalanismo y eso me entristece profundamente.

Que el PSC lleva años en crisis es algo que no se puede negar, en las elecciones de 2012, con 3.135.764 votantes, los socialistas catalanes obtuvieron 523.333 votos (esto supone 47.028 votos menos que en 2010 pese a que la participación subió en 521.686 personas). En las elecciones de 2015, con 4.115.807 participantes (458.357 más que en las anteriores), el PSC obtuvo 522.299 votos. Luego el PSC no consigue atraer a las urnas a ni un solo votante más desde hace años pese a que la participación no ha dejado de crecer.

Que incluir en las listas del PSC  a integrantes de Unió (la derecha nacionalista, católica y conservadora catalana) deja libre el campo político a cualquier opción, no nacionalista de izquierda, un terreno, el del centro izquierda, el de la socialdemocracia, el de la izquierda cívica, europeísta, no nacionalista que, precisamente, debería ser el natural que ocupara el PSOE (o PSC), no se puede discutir.

Que es difícil explicar que los del NO ES NO a la derecha corrupta española que representa el PP (no olvidemos que los máximos seguidores de ese mantra del sanchismo fueron los socialistas catalanes, fundamentalmente Iceta), ahora se abracen a la derecha corrupta catalana, que representa Unió. No podemos olvidar que el PSC se saltó la disciplina de partido y conculcó una resolución del Comité Federal del PSOE, para no abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, precisamente con este argumento: “con la derecha corrupta, no”.

Y ahora, para colmo, desde el PSC se le ha pedido a Pedro Sánchez que no se deje ver mucho por Cataluña durante la campaña electoral de las elecciones autonómicas del próximo 21 de diciembre. Ahora, aquel que era lo mejor para el PSOE, por el que merecía la pena romper todos los consensos entre Ferraz y Barcelona, entre el Comité Federal del PSOE y el Consell Nacional del PSC.

Me consta que en el PSC no son bien recibidas mis críticas, me consta porque ellos mismos se quejaron al editor de EL OBRERO de la línea editorial que fijaba como directora de esa publicación y de mis comentarios críticos sobre la indefinición de los socialistas catalanes ante el Procés en Twitter.

Me consta que en el PSOE de Pedro Sánchez tampoco son muy bien recibidas las críticas (ya me costaron un expediente y expulsión del partido durante un año por ello) y que el máximo apoyo, por no decir el único con cierto peso territorial de Sánchez, ahora mismo, es Miquel Iceta, el primer secretario de los socialistas catalanes.

Por todo lo cual, sé que me la estoy jugando con este artículo, pero hace mucho tiempo que los socialistas de toda España teníamos que haber puesto freno a la deriva soberanista de los socialistas catalanes, cuyos nefastos resultados en las elecciones generales (han pasado de los 25 diputados catalanes que consiguió Carme Chacón en la última legislatura de Zapatero, a los 7 que tenemos hoy en el Congreso de los Diputados) nos hacen muy difícil volver a gobernar este país.

El enorme espacio en el centro izquierda que ha ido dejando el PSC lo ha ocupado sin disimulo Ciudadanos, que nació en Cataluña como partido socialdemócrata y español, y que se hizo con todo el voto obrero del cinturón rojo. Un voto de gente que estaba contenta en Cataluña, contenta y agradecida por la oportunidad de tener allí un proyecto de vida, pero que seguía sintiéndose española. Españoles de Andalucía, o de Extremadura, o de Murcia, o de cualquiera de las dos Castillas. De gentes que veían con orgullo que sus hijos aprendieran en la escuela catalán, sin perder su castellano natal. Gentes que veían el soberanismo/independentismo como inquietudes de ricos, de burgueses, lejos de sus problemas reales para sacar adelante a su familia, pagar un piso y llenar la nevera cada semana.

Con el viaje a la derecha de Ciudadanos, no solo porque en su ideario haya abandonado la socialdemocracia y abrazado el liberalismo, sino porque hoy, su contundencia contra el independentismo catalán ha adelantado por la derecha al PP y le ha arrebatado unos cuantos cientos de miles de votos, un PSC que recordara que lo primero debería ser la S de socialista, sin olvidar que son el partido hermano del PSOE, que tiene una E de España por bandera, recuperaría respeto, coherencia, peso político en Cataluña y votos, votos que necesitamos como respirar.

Mucho he escuchado la matraca de que el PSC aglutina el voto dual, catalanista en las regionales y socialista en las generales, pero eso forma parte de un pasado que, desgraciadamente no volverá. Vivimos en un mundo de blancos y negros, de buenos y malos, de infantilismo político y de explicaciones sencillas para problemas complejos. No digo que esto sea bueno, todo lo contrario, un mundo sin matices solo beneficia a los radicales, pero es el mundo que nos ha tocado vivir y, o nos adaptamos a él, o desapareceremos.

¡Cataluña ya está siendo la tumba de Podemos, no permitamos que sea también la del Partido Socialista Obrero Español!

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