Hoy cumplo 39 años y voy a hablar de mí, que por otra parte es el tema que mejor conozco y en el que más experiencia acarreo.
Un día mi mejor amigo/hermano me escribió cuando yo le dije que me había encantado Madamme Butterfly lo siguiente:
Pero por otra parte sabía que te gustaría porque te conozco y aunque tienes ya unos años (siiiiiiiiiiiiiii nueve menos que yo) para ciertas cosas eres como una niña, con ese carácter tuyo que parece que se te va a acabar el tiempo para disfrutar de todo lo que tienes que disfrutar en la vida. Creo que ya te lo he dicho alguna vez, esa quizás es tu más bonita virtud, pero también es tu mayor defecto porque siempre quieres más, más alegría, más ilusión, más sorpresa, más vida. Es bonito, pero consume. De todas maneras si me dan a elegir me quedo mil veces contigo que con tanta y tanta gente que pasa por la vida de refilón, sin que la vida le toque, sin una emoción ni para bien ni para mal.
Este párrafo es el que mejor define mi personalidad, creo que nadie me conoce mejor, ni mi madre, y es verdad que es una bendición pero también es una maldición ser así. Dejarse la piel y la vida en cada instante es agotador.
En ocasiones me parece que todo es posible, que podré hacer cualquier cosa que me proponga, aunque en otras me siento cansada, pero entonces me acuerdo lo que una vez me dijo un amante despechado «tu estás acostumbrada a salirte siempre con la tuya» y quizá tenía razón, por mucho trabajo que me haya costado algo, casi siempre he llegado a la meta que me había puesto. Y no eran metas fáciles, suelo fijarme objetivos inalcanzables porque así me espoleo, me animo a seguir, pero hay un riesgo en esa actitud, una trampa que se pone uno mismo. El peligro está en que si no se triunfa el batacazo puede ser de órdago. De hecho ha sido de órdago más de una vez.
Con los años y la experiencia me he vuelto algo más prudente, aunque los demás no lo notan mucho porque como siempre fui una loca camicace, que no media el peligro, ahora sigo pareciendo un torbellino aunque me haya relajado y mucho.
Se que tengo un carro de defectos, que algunos trato de pulir y que con otros me he resignado a vivir, pero en general, me gusta ser quien soy. Vuelvo la vista atrás y contemplo estos 39 años y no me disgusta lo que veo. Estoy orgullosa de lo que he hecho, incluso de mis errores garrafales, porque de todos ellos he aprendido y han contribuido a convertirme en la persona que ahora soy.
¡Gracias a todos por aguantarme y por las cientos de felicitaciones que estoy recibiendo. Sois lo mejor. No dejéis que nadie os diga lo contrario!
Replica a Sel Cancelar la respuesta