El pasado 22 de mayo, en las elecciones autonómica de Extremadura, el Partido Popular consiguió 32 escaños, el Partido Socialista 30 e Izquierda Unida 3. A poco que sepamos sumar nos damos cuenta de que será determinante lo que decidan estos últimos para la formación del futuro gobierno extremeños.
Durante la campaña electoral, Izquierda Unida juró y perjuró que ni por activa ni por pasiva consentiría gobiernos de derecha. Luego sus votantes lo hicieron convencidos de que sus votos, en ningún caso irían a parar a un apoyo a los populares ni por acción ni por omisión.
Pasado casi un mes nos encontramos con que los dirigentes de Izquierda Unida Extremadura, desoyendo los llamamientos a pactar con Fernández Vara que hace desde Madrid Cayo Lara y toda la organización, han decidido que no quieren permitir la investidura del socialista se pacte lo que se pacte.
Alejandro Nogales, uno de los tres diputados regionales de la coalición, revelaba a su círculo más íntimo que ni por activa ni por pasiva daré mi voto a Vara.
Queda claro que es una cuestión personal y que este señor tiene nulo respeto por sus votantes, por sus compañeros de partido, por la dirección nacional de su formación y por la izquierda en general.
Queda claro que le preocupa muy poco el futuro de su región, le da igual qué tipo de políticas se apliquen, si se defenderá el Estado del Bienestar, si se privatizarán servicios esenciales para la población o si se pondrán las instituciones al servicio de unos pocos, lo importante es joder a Vara que me cae mal.
Con esta madurez de algunos políticos españoles, no me extraña que el número de #indignados crezca.
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