Cada mañana mientras subo la cuesta de la calle Gravina camino de mi trabajo, mi Spotify decide ponerme, invariablemente, «¿A quién le importa?» de Alaska y Dinarama.
Reflexionando sobre ello tengo que reconocer que es así como me siento en mi vida personal y política.
En lo personal jamás he tenido dueño aunque si ha habido algún afortunado que ha disfrutado de mí en usufructo. Reconozco que en determinados momentos la nuda propiedad quedó tan nimia que podía confundirse con la nada pero esa es otra historia y será contada en otro lugar.
Es de lo político de lo que quiero hablar hoy, de las entrañas de mi partido, de mi territorio, del Partido Socialista de Madrid.
Cuando decidí apoyar a Tomás Gómez en las Primarias de Madrid, hace ya casi un año, jamás había hablado con él, es más, en el Congreso de su elección yo avalé a José Cepeda contra él. Pero una vez pasado ese momento, el proyecto político de nuestro Secretario General que llevaba trabajando por Madrid varios años me convencía más que el de Trinidad Jiménez que era en aquel momento Ministra de Sanidad y que se había desvinculado de Madrid por voluntad propia.
Hago esta introducción porque desde entonces he oído muchas veces que yo soy la voz de mi amo Tomás, que soy una groupi y hasta una Ultra de Tomás, de ahí la creación del grupo UltraGomez en Facebook.
También he escuchado que soy una chica Cepeda porque trabajo en red y sigo las instrucciones de quién fue legitimado para ello por el Comité de Campaña y es quien más sabe de organizar campañas electorales en red y a las pruebas me remito. Ojo que hay quien dice que somos socios y nos repartimos no se qué dineros de los cientos de conferencias que damos por el mundo…
Otros me encuadran cercana a Eusebio González, aquí debe ser porque vivo en Coslada que es del Corredor del Henares o porque, como él, tengo un acusado buen gusto en el vestir…
Teniendo en cuenta que Jorge Gómez es el Presidente de mi Agrupación y que yo siempre me he comportado lealmente con Chamartín, otros me adjudican su mecenazgo aunque ya os digo que van desencaminados.
El último padre de la patria que me han atribuido como padrino es Antonio Carmona, genial político y muy buen amigo, al que quiero y respeto pero que desde luego no es quien decide mi caminar político.
Se que es raro en estos tiempos no arrimarse a un buen árbol para que su sombra te cobije. Se que no se estila luchar por lo que uno cree sin padrinos porque no se espera nada a cambio. Se que el hombre, como animal social, tiende a diluir sus propias responsabilidades en el totum revolutum del grupo.
Durante las Primarias oí muchas veces que mi apoyo a Tomás era porque iba a ir en las listas a la Asamblea de Madrid, ya se ha visto que no. También que me iba a dar un trabajo, yo ya tengo un buen trabajo que no tiene que ver con el Partido y aquí sigo tan feliz. Incluso que estaba liada con él, menos mal que mi marido se toma a risa tantas tonterías.
Ahora que ya está todo el pescado vendido, que se han perdido las elecciones, que no hay cargos para repartir ni presupuesto para comprar voluntades yo sigo en el mismo sitio en que me coloqué hace un año, junto a mi Secretario General Tomás Gómez.
Mi apoyo no es incondicional, pero no está condicionado por intereses espúrios sino por lo que dicta mi conciencia y mi corazón en cada momento. Así me he conducido en mi Partido y en la vida, los casi cuarenta años que tengo y así pienso seguir. Seguiré apoyando a Tomás Gómez mientras su proyecto político coincida con el mío y si algún día decide seguir otro camino, me opondré a él lealmente.
Aviso para navegantes: no soy de nadie, no tengo dueño…
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