El Presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps se sentará en el banquillo de los acusados y será juzgado por un jurado popular por el delito de cohecho pasivo continuado.
Este titular sería motivo de inmediata dimisión en cualquier democracia que se precie de serlo. Si el susodicho se quiere agarrar al cargo como a un clavo ardiendo, debería ser objeto de expulsión del Partido Popular de manera fulminante. Si el líder de los populares no se atreviera a cesarlo por algún oscuro motivo, las bases del principal partido de la oposición deberían salir a la calle clamando por su destitución.
Pero no, aquí en esta España enloquecida del siglo XXI, Francisco Camps que lleva varios años mintiendo, a los ciudadanos, a su partido y a los jueces asegurando que él se pagaba sus trajes. Francisco Camps que vendió su integridad y su credibilidad política por 15.000 € en trajes. Francisco Camps que acudió a su amistad con altos cargos de la carrera judicial para tratar de evitar este momento que ha llegado. Francisco Camps se siente un mártir, cree que esta es una cruzada de todo el mundo contra él y cree que las urnas le han limpiado de todos sus pecados, cual bula papal.
Por si esto no fuera suficientemente grave, Francisco Camps es solo la punta del iceberg. Con él serán juzgados por el mismo delito otros 3 altos cargos del Partido Popular en Valencia. Por debajo de este sainete se esconde la financiación irregular del Partido Popular a través de las empresas de la trama Gurtel.
Aunque la derecha no quiera recordarlo, su tesorero nacional, el hombre del dinero en Génova, Luis Bárcenas, está imputado en el caso Gurtel. No olvidemos que se hizo fuerte en su despacho durante meses y que el jefe de su partido, Mariano Rajoy no conseguía que dimitiese y se marchara, ellos sabrán que ocultan.
Aunque ahora quieran hacer un ejercicio de amnesia colectiva todos tenemos las imágenes de la boda de Aznar con esa alfombra roja al más puro estilo Hollywodiano. Por ella desfilaron personajes como Correa, el Bigotes, el albondiguilla, Ana Mato, la que no había visto el Jaguar que su marido tenía en el Garaje y demás buenas gentes corruptas.
En este país donde un payaso como González Pons puede acusar de traidor al mejor Ministro del Interior de la democracia, Alfredo Pérez Rubalcaba por un sumario, el Faisan, en el que ni siquiera se cita su nombre. En esta España que hizo dimitir al anterior Ministro de Justicia, Bermejo, un hombre íntegro, por la coincidencia en una cacería a la que acudían cientos de personas con el Juez Garzón. En esta tierra nuestra donde los socialistas sufrimos la mácula del pecado original ha llegado la hora de decir BASTA.
Salgamos a las calles, a los muros, a los medios de comunicación, a las tribunas y a donde haga falta para defender el honor de los nuestros y para denunciar la suciedad de los otros. Sin complejos, sin ambages, sin tapujos y sin medias tintas. En cualquier sitio puede saltar un corrupto, pero la única trama de corrupción generalizada de la política española la protagoniza el Partido Popular de Mariano Rajoy y esto hay que gritarlo hasta que nos quedemos sin voz.
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