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No quiero odiarte

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Hoy me he sentido un poco como la novia de papá. Si no leeis su blog os estáis perdiendo un pequeño tesoro que desde aquí os recomiendo.

A la autora, sus lectores le mandan cartas y e_mails con sus experiencias, sus historias personales o familiares para que ella las cuente en su blog y a cambio les envía un detalle, creo que un libro autobiográfico que escribió el año pasado.

Esta mañana me he encontrado en mi bandeja de entrada de gmail con que una amiga, compañera, lectora, no se muy bien como definirla, anónima me ha mandado algo para que yo le diera una vuelta y escribiera sobre ello aquí, en el #MartuBlog.

Me ha contado que estaba pasando un mal momento, que el amor de su vida era un fraude, que la engañaba con otras, en fin, un drama. Como me pide algo sencillo que es contarlo a quien pueda interesarle, lo hago encantada y pongo en cursiva la historia recibida, por respeto a su verdadera autora:

Cuando nos enamoramos tendemos a adornar de virtudes el objeto de nuestro amor. Idealizamos de tal forma al dueño de nuestro corazón que el retrato que guardamos con celo en nuestra alma nada se parece al original.

Bien dicen que el amor es ciego y sordo, mudo y un tanto retrasado.

El problema llega con el desengaño, el desamor, el olvido y el adiós. Es ahí, cuando despojado de todas aquellas virtudes que nunca tuvo, la razón de nuestra existencia queda reducida a un simple mortal, bastante simple, por regla general.

En ocasiones es mucho más triste la pérdida de la fe en este ser supremo que la del amor en sí mismo. Duele más no tener a quién adorar porque ha caído la venda de los ojos que el final de la relación en si misma.

Cuando adoras a alguien, cuando le amas por encima de sus propios méritos para ser amado, la sensación es tan embriagadora como la más poderosa de las drogas. Estar enamorado, perdidamente enamorado, irremediablemente enamorado es una deliciosa condena capaz de hacerte rozar la gloria y de bajarte a los infiernos en un instante.

Entonces llega una mañana en que te das cuenta de que has desperdiciado una parte de tu vida, mayor o menor, pero importante siempre, intentando atrapar un sueño, porque solo en tus sueños existía eso que tu creías tener.

En el mejor de los casos el desamor es un bálsamo con el que cicatrizar las heridas que te ha ido dejando el tiempo sufrido a su lado. No te quiere, no le quieres y el paso de los días convierte los sinsabores en simples recuerdos del ayer.

Pero en una gran parte de las ocasiones el desamor deja paso a la ira. Con razón dicen que del amor al odio hay solo un paso, el paso que das el día que se te ha caído la venda de los ojos.

Ese día ves con claridad que te han tomado el pelo, que se han reído de ti y de tus sentimientos. Que te han prometido la luna con los dedos cruzados a la espalda. Que no han estado a la altura, no por falta de capacidad, sino por falta de voluntad, de amor, de compromiso.

Ese día comprendes cuán imbécil has sido y sientes vergüenza de ti misma. Lamentas cada beso, cada lágrima, cada minuto pasado tratando de no desmoronarte.

Ese día sientes correr por tus venas una nueva savia que te resulta estimulante, se llama odio. El odio es mucho mejor que la pena o la compasión. El odio te hace fuerte, te da lucidez y exige lo mejor de ti porque amar puede cualquiera pero odiar, odiar es un arte.

Cuando odias el dolor queda arrinconado, olvidado en un rincón de tu corazón porque el odio necesita espacio, necesita un latido fuerte, agota toda la energía convirtiéndola en desprecio, asco, lástima, desdén…

El odio tiene un complemento perfecto (me permito añadir yo), la venganza. Pero esa es otra historia y merece ser contada en una entrada propia.

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Acerca de martuniki

Abogada. Tertuliana. Bloguera. Incordio en redes sociales. Junta letras, autora de MEMORIAS DE UNA MILITANTE DE BASE, BASE.

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  1. Miguel Veyrat

    Aparte de la falta de ortografía: “sabía” por “savia”, todo el escrito es para mí fruto de un error garrafal de paralaje. El odio no hace fuerte ni da lucidez: debilita la razón y la lleva a la locura. Pero consecuencia de ello es haber convertido una pulsión humana, maravillosa de plenitud carnal y espiritual como el amor, en una “fe”, como dice tu corresponsal. El amor no es sordo, ciego, mudo y un tanto retrasado; es la “fe” irracional la que convierte a una persona en un impedido moral. Y de ahí al complemento perfecto, como bien señalas, el deseo irreprimible de vengarse, de eliminar al fruto de aquella fe con la que nos engañamos una vez más, sin remedio y sin hacer caso a la experiencia. ¡Dioses, cuánto cuesta ser “normal”…!

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  2. savia.

    (Del lat. *sapĕa, de sapa, vino cocido y jugo).

    1. f. Bot. Líquido que circula por los vasos de las plantas pteridofitas y fanerógamas y del cual toman las células las sustancias que necesitan para su nutrición.

    2. f. Energía, elemento vivificador.

    No es bueno odiar, una clave de la felicidad es saber pasar página.

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  3. Marisa @macele72

    Esta mujer ha pasado de estar cegada por amor a estarlo por el odio, mientras que lo primero no causa dolor a los demás, lo segundo sí, no crea lucidez sino todo lo contrario, el odio te lleva a hacer cosas como lo que ha hecho el fanático noruego. Hazme caso no te dejes llevar por el odio, es mucho mejor el olvido, haz caso al dicho, “no hay mayor desprecio que no hacer aprecio” o algo así.

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  4. Desde mi indiferencia natural, curtida en mil batallas contra la pereza… No, que me voy de hilo.

    Quiero decir, que desde mi perspectiva, la realidad no se ve exactamente igual que como la ve “amiga-compañera-lectora”. Pero si es verdad, que leyendo las palabras de esta chica, me veo a mi misma en la situación, como el cerebro te hace click y la vida que tenías hecha, se desmorona, porque ya no le quieres, porque todo de él te molesta, porque prefieres hacer otras cosas que pasar tiempo con él. Y ves al que ya no es tu hombre con otros ojos. Como suele decir mi padre, al principio es “mira que lunarcito taaaaan adorable que tiene mi niña” y luego se pasa al “qué ascazo de verruga que tienes, hija”.

    Pero yo, que soy muy racional, muy lineal y muy práctica, desecho casi siempre la parte sentimental. Entre sufrir y no, mi mente rápidamente reanima a mi corazón y lo pone a pensar en otras cosas, asi que soy de sufrir poco. Si, claro, eso implica que soy un poco fría y calculadora, qué le vamos a hacer, no se puede tener todo. Pero vivo más feliz.

    Pues ánimo, no pierdas el tiempo odiando, que es muy cansado!! Hay que mirar hacia delante, levantarse y seguir, que hay más días que longanizas y más hombres en el mundo. Y la mancha de una mora, con otra verde se quita. Desmelénate, date a la vida loca/loba y ya llegará otro y acabarás olvidándote de este porque sólo tendrás tiempo de ser inmensamente feliz!!!

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