Desde hace años veraneo en Canarias, sus gentes son amables, sus parajes naturales excepcionales, su gastronomía exquisita, su clima agradabilísimo y sus precios razonables, pero…
Hay algo que me desespera y que hasta este año no he sabido ponerle nombre, su indolencia. No quiero generalizar, ni llenar esta entrada de tópicos, solo voy a explicar varias experiencias de esta semana y vosotros veréis si es o no la palabra acertada.
- El alquiler de coche. Pedimos un coche por la mañana, de un precio x y para las seis de la tarde. Nos llaman al rato para preguntarnos si sabemos conducir un coche automático. Como si sabemos la chica nos dice que tiene para nosotros y Clio automático. Cuando llego a por él por la tarde me entero de que la broma cuesta 16€ diarios más, pero me lo tengo que quedar porque el avión de mi tío sale en un rato y ya no hay tiempo de buscar en otra compañía. ¿Tan difícil era avisarme por la mañana que el único coche disponible era bastante más caro?
- El transportista de muebles. Me deja mi tío encargada de recepcionar un somier. Me llama la tienda de muebles para avisarme de que me lo traen al día siguiente y de que el transportista me llama una hora antes. Le pido que concrete al menos mañana o tarde para no perder un día entero de vacaciones y me apunta por la mañana. A las 13 horas sin haber aparecido nadie llamo y me informan que llegan en hora y media. No hombre, que eso son las 14:30 y yo he quedado para comer en familia. Hablo con el transportista para que venga a las 17 o las 18 y me pone mil excusas por lo que acabo quedando con él a las 16:30. Termino de comer y sin postre ni café salgo volando para estar en la casa a la hora señalada. A las 18 tengo que llamar porque no ha venido ni el gato. Finalmente traen el puñetero somier a las 18:30 ¿Tan difícil era volverme a llamar para avisarme del retraso y yo hubiera comido en calma y todos felices?.
- El arreglo del reloj. El día que llegamos nos dimos cuenta que al reloj de mi santo se le había caído una de las esferas interiores y buscamos una relojería donde se lo arreglaran. El sábado lo dejamos en la relojería y nos dijeron que nos llamarían para darnos un precio de arreglo. El martes sin saber nada de ellos nos acercamos y pese a ser las 18:55 y cerrar a las 19:00 según rezaba un cartel en la puerta estaban cerrados. El miércoles repetimos camino pero más temprano y nos dijeron que estaba en el taller pero aún arreglado. Pero si me ibas a llamar para darme un precio primero que nos vamos en una semana de la isla… El jueves nos llama por la mañana para decir que tiene allí el reloj, pero sin arreglar y ante la pregunta de tiempo y precio del arreglo, no sabe. Por la tarde vamos a por el reloj y nos lo llevamos sin arreglar. ¿Tan difícil es decir, cuesta 20€ poner el cristal y tardamos 2 días?.
Yo no digo que tengan que ir estresados como dicen que estamos los de Madrid. No me quejo por pedir una cerveza en una terraza y terminarme la tapa sin que llegue la cerveza. O quedar para bucear a las 11 y terminar saliendo del club a las 13. En fin, eso lo achaco a la tranquilidad con la que se toman la vida, me refiero a la falta de seriedad en los negocios.
Así no se consigue fidelizar los clientes, no se da una buena imagen de la Isla, ni se sale de un 30% de paro. Con esa indolencia con la que gestionan sus negocios solo conseguirán subsistir, en el mejor de los casos.
OTROSI, os dejo el enlace a mi colaboración semanal en el Diario Progresista, DELEGACION DEL GOBIERNO.
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