Esta mañana me he desayunado con unas declaraciones de Alfonso Guerra en las que decía que se planteaba no repetir en las listas del PSOE en noviembre.
Sus razones eran los muchos años que lleva en política y los muchos años que él mismo tiene, 71, pero dejaba abierta la puerta a que se lo pidieran los compañeros en su circunscripción, Sevilla.
Entiendo que una vida dedicada a la política es más que suficiente, pero al pensar en un Psoe sin Alfonso he sentido como si se apagara un faro en mitad de la peor de las tormentas. Ahora ya no hay una luz que nos indique dónde están las peligrosas rocas del acantilado.
Desde pequeña he admirado a Alfonso Guerra. Creo que ya lo había escrito por aquí. Para mí formaba el tándem perfecto con Felipe González. Nunca hemos vivido momentos mejores en nuestro partido como con ellos dos al frente.
Recomiendo la lectura de sus memorias, aunque falta la tercera y última parte, son muy esclarecedoras. Sobre todo en lo tocante al acoso y derribo del que fue objeto por parte de la derecha mediática. Aclara las mentiras que sobre su persona se dijeron. También en el proceso de alejamiento personal y político que sufrió con Felipe.
He disfrutado con sus intervenciones en el Congreso como pocas veces, quizás solo con el mejor Rubalcaba y aquella María Teresa Fernández de la Vega azote de la oposición.
He tenido el placer de asistir a varios de sus mítines en los que siempre nos arrancó una carcajada con su ocurrente ironía, con su descarnado sarcasmo. Y en los que nuestras bases se sintieron ante uno de los suyos.
También he podido asistir a alguna conferencia, de historia, de poesía y he descubierto al Alfonso más íntimo, culto y sofisticado. Un melómano, gran conocedor de la poesía, sensible y refinado.
Creo sinceramente que con su partida estamos asistiendo al fin de una época gloriosa del socialismo español. Con él se va de la primera línea de fuego el último de los socialistas que se jugó la vida en la clandestinidad por defender nuestros principios. Perdemos al que es probablemente, el mejor conocedor de la Constitución Española y los avatares que acontecieron durante la transición en su elaboración.
Gracias Alfonso, nací guerrera y por ti me volví guerrista.
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