Hay un refrán muy español, no se si atreverme a calificarlo de castizo que dice: «antes de meter, prometer. Después de metido, nada de lo prometido» y que hoy tiene mucho que ver con lo que nos compete.
La técnica de prometer cosas, a sabiendas de que son mentira, para conseguir algo, favores, sexo, trabajo, lealtad… no por vieja es menos eficaz. Lo que ocurre es que tiene un recorrido muy corto, justo hasta que la víctima de las falsas promesas se da cuenta de que solo son humo.
Si eres un Tenorio de pacotilla y prometes amor eterno a cambio de un rato de cama, no hay problema, pasas a la próxima víctima y sigues consiguiendo tus miserables victorias, el problema está cuando esta vil técnica la pretende utilizar un político de primera línea.
En este momento, la precampaña, es el tiempo de las promesas falsas, como cuando el ínclito González Pons dijo hace días que el Partido Popular iba a crear tres millones y medio de empleos. Hay que reconocer que en este caso, la promesa era de tal magnitud que se le vio el plumero desde el primer minuto y al día siguiente hubo de rectificar y decir que solo era una aspiración. A otro perro con ese hueso, payaso.
El candidato socialista, Rubalcaba, en cambio, en lugar de prometer ha decidido cumplir. Cree que es bueno que los que más tienen más paguen y pone en marcha un impuesto de patrimonio para los que acumulen bienes y dinero por un importe superior a 700.000€ descontando el valor de la vivienda habitual.
Ahora llega la hora de retratarse. Serán las Comunidades Autónomas las que decidan si aplicar o no este impuesto para que los que más tienen ayuden a los que más lo necesitan.
Si el Partido Popular, dueño y señor de los territorios, decide que no quiere poner impuestos a los ricos para ayudar a crear empleo para los jóvenes, el pueblo tiene derecho a saberlo y debería obrar en consecuencia en las urnas.
Aunque Mariano, el sesteante, haya pretendido pasar los últimos años haciéndose el muertito para no estropear lo que cree una victoria tan segura, como aplastante. Tendrá que mojarse y decidir si quiere seguir despidiendo profesores, cerrando hospitales, no pagando a las farmacias o las clínicas concertadas, quitando becas de libros y comedor, dejando sin pensión a las viudas o los dependientes… para no poner un impuesto a los ricos o no.
Ya sabéis aquello que dijo el sabio de que se puede engañar a una persona durante mucho tiempo o a muchas personas durante algún tiempo, pero no se puede engañar a muchas, durante mucho tiempo…
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