Sentar precedentes o sentar un precedente Hacer una cosa que pueda crear la obligación de actuar de la misma manera ante un caso parecido que ocurra posteriormente.
Tanto en tu vida personal como en tu actividad política, sentar un precedente puede resultar un error con el que tienes que cargar largo tiempo, si no el resto de tu vida.
Cuando alguien te hace daño, con sus palabras o con sus hechos y luego vuelve arrepentido tienes que tener claro que lo que decidas en ese momento hacer sentará un precedente que se convertirá en norma fundamental de tu relación con esa persona. Si decides perdonar y aceptar a esa persona de nuevo en tu vida solo pueden pasar dos cosas, que efectivamente fuera un error y no se repita nunca con lo que habrás apostado a ganador. O que ese peligroso precedente se convierta en la piedra con la que vuelvas a tropezar en tu camino, una y otra vez.
El problema de sentar precedente es que una vez que tragas con la primera ofensa, humillación, engaño o desprecio, ya te han cogido el pan debajo del brazo y tendrás que tragar con muchas más. Decía mi abuelo «amagar y no dar, dos veces marrar» y es así. Si adviertes que es la última vez que perdonas, si avisas de que no tolerarás otra vez pero vuelves a perdonar estás mandando un mensaje inequívoco: «puedes utilizarme de felpudo en que limpiarte los zapatos siempre que quieras que yo gritaré, lloraré, amenazaré pero acabaré aceptándote de nuevo en mi cama».
En política pasa lo mismo, la primera vez que aceptas una injusticia, que te encoges de hombros y dices esta no es mi guerra, no solo has perdido esa batalla sino que estás condenándote a la derrota en posteriores batallas y así es difícil ganar finalmente una guerra.
No hay batalla pequeña. No existe ninguna razón para no pelear por lo que uno cree siempre, en todo momento y contra quien sea. No importa si el enemigo es poderoso o si es muy inferior a ti. Si la razón te asiste, si lo contrario atentaría contra tus principios o valores tienes que dar la batalla. Solo así, conduciéndote siempre según te dicta tu conciencia, siendo absolutamente consecuente con tus actos, no dando un paso atrás ni para coger carrerilla… podras mirar a los ojos de los que te siguen y verte reflejado en ellos.
¡Vuelve con tu escudo, o sobre él!
Replica a James Cancelar la respuesta