Lucía Figar es la Consejera de Educación y Empleo de la Comunidad de Madrid. Aunque resulte extraño, para nuestra presidenta Esperanza Aguirre, ni Empleo, ni Educación tienen la suficiente entidad para tener un Consejero a tiempo completo y por eso Lucía acumula dos áreas de tanto calado.
Lucía, nuestra Consejera de Empleo, necesitaba una niñera para sus criaturas -ignoro cuántas y de qué edad- y por ello, en lugar de acudir al Servicio Regional de Empleo que ella dirige y contratar a un demandante madrileño de su bolsa de empleo decide hacer trampas.
Como no quiere un trabajador nacional, con familia, amigos e incluso filiación política o sindical sino una mucama, una criada, una filipina desarraigada, calladita y obediente se salta las normas que ella misma obliga a cumplir a otros.
En la demanda de empleo pone como condición sine qua non que la empleada del hogar que va a cuidar de sus niños, madrileños, hable tagalo. Imagino que todos sabéis que el tagalo es la lengua nativa de Filipinas y que poner esa condición lleva aparejado que solo una filipina pueda cumplir el requisito.
A nuestra Consejera de Empleo no le vale ninguno de los más de quinientos mil madrileños y madrileñas inscritos en busca de empleo. Ella, que aparece en los medios de comunicación como una ferviente defensora de la Educación pública madrileña, cree tanto en lo público que boicotea al Servicio Regional de Empleo para sentirse una adinerada del XIX con su mucama filipina.
El líder de los socialistas Tomás Gómez ha exigido su cese inmediato por parte de la presidenta regional y esto ha soliviantado al mundo pepero. Ellos creen que uno en su casa contrata a quien quiere para cuidar de sus hijos pero se les olvida que quien está elegido por los madrileños para velar por los intereses de los madrileños, no puede hacer trampas, utilizar atajos, saltarse las normas.
Cualquier Consejero debería ser el primero en dar ejemplo en el cumplimiento de la Ley, más aún la Consejera de Empleo, que tendría que haber sido muy escrupulosa con el respeto a la bolsa de empleo que recoge más de quinientos mil dramas personales y familiares de madrileños y madrileñas en paro.
Señora Esperanza, ya sabemos que Lucía es su proyecto personal de heredera. Su Señoría tiene las mismas artes chulescas y chabacanas de su Lider-Esa pero está malogrando su brillante futuro con su despotismo frente a los docentes, su intolerancia frente a padres y alumnos y su clasismo rayando el racismo con el servicio doméstico.
¡Váyase, doña Luci o échela, doña Espe!
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