Ayer, la patronal madrileña primero (CEIM) y la española después (CEOE) se descolgaron con unas propuestas sobre el despido más propias de la América del algodón contra la que luchó George Washington que de un país de la Unión Europea en pleno siglo XXI.
Pretenden que el despido improcedente, es decir sin justificación alguna por parte del empresario tenga una indemnización de 20 días (en la actualidad es de 45 para contratos anteriores al 2005 y de 33 para los contratos que se hacen sujetándose a la Ley de Medidas de Fomento al Empleo de ese año).
Pretenden también que el despido objetivo, es decir el que trae causa en la falta de producción, demanda, liquidez, etc. de la empresa pase de 20 días a 12.
Por supuesto sigue existiendo el despido procedente, el que se hace por incumplimientos graves del trabajador que no acarrea indemnización alguna.
Quiere la patronal convencernos de que cuanto más fácil para el empresario sea despedir más gente contratará, lo que es en si mismo una estupidez más grande que la mitad de la provincia de Burgos.
En España el despido es libre, si el empresario quiere echarte no tiene por qué alegar causa alguna pero a cambio de esa libertad, tiene que abonar una indemnización al trabajador que lealmente ha cumplido con sus obligaciones el tiempo que sea.
Lo que quieren los patronos españoles es que además de libre, el despido sea muy barato ¿y para qué?
Para evitar cualquier conato de sindicalismo, protesta, justa reivindicación… Para tener trabajadores callados, obedientes y muy agradecidos con la mano que les alimenta. Para volver a los tiempos de la esclavitud porque ante la posibilidad de ser despedido por cuatro euros ¿algún trabajador va a exigir que se cumplan los Convenios Colectivos, que se apliquen las medidas de Seguridad y Salud en el Trabajo, que se abonen puntual y cabalmente los salarios?
No, señores de la Patronal, ese no es el camino para generar empleo, ese es el camino para pisotear a la clase trabajadora.
Para crear puestos de trabajo hace falta invertir, invertir en tiempos de bonanza en los propios negocios y no en habitar lujosas mansiones llenas de delicias turcas, tener un yate atracado en Puerto Banus o visitar los burdeles más caros del planeta.
Hace falta cuidar y mimar la propia empresa, su maquinaria, su capital humano, mejorar las instalaciones, formar al personal y guardar parte del beneficio por si vienen mal dadas, invertir en investigación y desarrollo del propio producto..
En España no tenemos empresarios, salvo honrosas excepciones, sino piratas, ladrilleros, especuladores y negreros. Así nos va. (Absténganse de ofenderse autónomos que trabajan más horas que un reloj en sus propios negocios, ustedes no son empresarios por más que se empeñen sino trabajadores por cuenta propia, pero trabajadores a fin de cuentas).
PD Mi colaboración semanal con Diario Progresista: LA MATÉ PORQUE ERA MÍA.
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