El pasado jueves, 20 de octubre, ETA anuncia el cese definitivo de la violencia y su disposición a defender sus ideas dentro del marco legal.
Los demócratas, los españoles de bien, sentimos una alegría inmensa, una emoción profunda que no pueden aguar los profesionales del miedo, del augurio siniestro, de la capitalización de la violencia en forma de votos.
En cambio Mayor Oreja asegura que: ETA «volverá a las andadas si las cosas no le salen como estaba previsto»… Ellos solos se retratan. O su homóloga en UpyD, Rosa Diez que salió diciendo que para ella era un día normal, nada había cambiado con el anuncio del cese definitivo de la violencia por parte de ETA y solo le faltó añadir, hombre que me van a estropear el discurso los etarras estos rindiéndose.
Conviene no olvidar que si bien cada Presidente del Gobierno desde el inicio de la democracia ha luchado para acabar con ETA de todas las formas posibles. Con la presión policial, con la negociación, con la guerra sucia, con lo que han podido o sabido. Solo a José Luis Rodríguez Zapatero se le ha acusado de terrorista.
Durante sus ocho años de Gobierno, Zapatero ha tenido que escuchar casi a diario y sin ninguna consecuencia jurídica para los envilecidos que lo hacía, que le llamaran terrorista, amigo de los terroristas, vendido a los terroristas, cobarde, pusilánime…
A diferencia de este injusto e inhumano trato hacia José Luis, mientras Aznar negociaba con el Movimiento de Liberación Nacional Vasco (ni siquiera tenía la decencia de llamarles ETA), profesionales de la infamia como Pedro Jota Ramírez titulaban: «Otro valiente paso de Aznar hacia la Paz». O cuando Mayor Oreja decía «los demócratas sabremos ser generosos con los terroristas», Zapatero le ofrecía su apoyo incondicional.
El mismo trato infamante y cruel ha recibido Alfredo Pérez Rubalcaba, el Ministro del Interior que más terroristas ha detenido y con el que hemos logrado años sin muertos, sin extorsiones, con el que ha desaparecido la Kale Borroka… Hemos tenido que soportar que aquel que ha vivido encerrado en un bunker en el Ministerio del Interior porque era la persona más odiada por los etarras, fuera acusado de colaborar con la banda armada con el circo mediático del Faisán del que ya os escribí en este MartuBlog.
Recuerdo varios atentados alrededor de la casa de mi familia. Sobre todo el de la Glorieta de Ruiz de Alda, hoy de Lopez de Hoyos en el año 93 que fue tan brutal que se oyó en todo el barrio y que yo viví desde Barcelona con la angustia de lo cerca que había estado esta vez de mi gente. También una bicicleta bomba en Lopez de Hoyos casi al lado de la casa de mis abuelos. O el de la oficina del BBVA detrás de su casa.
Recuerdo que el padre de mi hija tenía miedo de que viviéramos en Madrid porque en la capital atentaba mucho ETA (la niña nació cuando vivíamos en Barcelona y después de separarnos él se fue a vivir a Sevilla).
Recuerdo haber leído en las memorias de Alfonso Guerra el dolor y la frustración de aquellos años de Gobierno de Felipe González en que era raro el día que no había un atentado, un funeral, una viuda que visitar, unos hijos que se habían quedado sin padre por la sinrazón etarra.
La noche del anuncio salieron los portavoces de alguna asociación de víctimas del terrorismo que se mostraban disconformes con el cese definitivo de la violencia porque ellos querían: disolución de ETA y entrega de armas -hasta aquí estoy completamente de acuerdo y creo además que son los pasos que se van a dar- Pero además querían: que pidan perdón, que se entreguen los fugados y que todos los presos cumplan las condenas íntegras…
Hay que entenderles, hablan desde el dolor de la pérdida y también desde el lógico y natural rencor, pero ellos no pueden decidir por 45 millones de españoles que queremos vivir en paz. Ellos tienen que tener nuestro cariño, nuestro respeto y nuestra comprensión pero no están en condiciones objetivas de fijar las condiciones finales porque serían siempre insuficientes.
Si los terroristas pidieran perdón, querrían que lo pidieran de rodillas y si lo pidieran de rodillas, exigirían que lo hicieran con lágrimas en los ojos y arrepentidos de corazón. Y así ad eternum porque no quieren paz y reconciliación, quieren venganza y sobre la venganza no se construye un país.
Ojo que no son todas las víctimas, de entre las familias de las 829 buenas personas que perdieron su vida inútilmente en manos de los asesinos etarras hay de todo. No son ni siquiera todas las asociaciones de víctimas. Hay quien derrocha generosidad en la victoria y perdona sin olvidar como el caso del compañero Eduardo Madina, un ejemplo de valor y entereza que deberían seguir muchos. O la hija de Ernest LLuc que ha dicho que «ella es una víctima y como tal no puede ni debe formar parte del proceso de paz«. O Rosa Rodero, viuda de un Ertzaina asesinado que dice que ella es una víctima pero no un político ni es quien para negociar.
Tampoco puede sorprendernos que algunos estén revolviendo la memoria de los muertos en busca de votos, recordemos al impresentable de Alcaraz al frente de la AVT encabezando manifestaciones infamantes contra el Gobierno de Zapatero.
En resumen, moleste a quien moleste, esta es una buena noticia, este es un éxito de todos, de los demócratas, de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, de los Gobiernos de España y de Francia, de José Luis Rodríguez Zapatero, de Alfredo Pérez Rubalcaba, de Patxi López, de la paz, de la justicia, de la libertad, pero conviene no olvidar…
Replica a Conviene no olvidar « MartuBlog « Maribel Cancelar la respuesta