Ahora que termina 2011, puedo afirmar sin ningún género de duda que este ha sido un annus horribilis. ¿Ahora que termina? os preguntaréis extrañados teniendo en cuenta que estamos a dos de diciembre. Si, ahora que termina.
Hoy empieza la madre de todos los puentes, el de la Inmaculada Constitución que este año cae en martes y jueves con lo que algunos afortunados como yo, aprovechando algún día de vacaciones pendientes, no volvemos a currar hasta el lunes 12.
La Patronal ha puesto el grito en el cielo por la supuesta productividad perdida pero hosteleros en particular y sector turístico en general están más contentos que unas pascuas. Abren algunas estaciones de esquí, en las playas de levante aún se alcanzan temperaturas de 18º con lo que algunos, como yo, vamos a intentar darnos las últimas buceadas de la temporada, la DGT prevé millones de desplazamientos… Gastar, gastar, malditos.
Cuando volvamos del puente queda una semana de trabajo duro y efectivo porque a partir del día 19 estaremos liados con comidas, cenas y vinos navideños, la lotería, las compras de regalos y cuando queramos darnos cuenta, Nochebuena, Navidad y ya está aquí 2012.
Así que para mí, este nefasto 2011 está más que amortizado y no espero ninguna novedad de última hora que le haga cambiar la calificación, salvo que me tocara la Lotería de Navidad pero tengo tan poca fe en ello que aún no he comprado ningún décimo.
Si miro para atrás he de reconocer que ha habido algunos momentos únicos, escasos y preciosos en que 2011 ha sido generoso pero la mayor parte del tiempo ha sido mezquino y egoista. Apenas si ha dejado saborear alguna que otra alegría mientras que repartía las penas a espuertas.
Aunque he reído mucho y me llevo algunos cariños nuevos que no esperaba encontrar ya casi en la cuarentena, he llorado mucho, muchísimo, hacía años que no me pasaba y me ha cogido desprevenida. Demasiada intensidad, demasiada ansiedad, demasiados sueños rotos…
Para ser justa con él también he aprendido mucho, es en la derrota donde más provecho puede sacar un espíritu inquieto y sensible como el mío y si una palabra resume este 2011 es derrota.
No penséis por eso que me rindo, que renuncio a mis sueños, que voy a dejar de pelear por lo que creo, por lo que quiero. Nada más lejos de la realidad. Dejo algunos pedazos de mi alma al final de este annus horribilis pero me levanto y elijo caminar.
Si veníais aquí buscando profundas reflexiones políticas, disculpadme pero no he pegado ojo, me duele el estómago, hace frío y llueve en Madrid y hasta Martu tiene un corazón latiendo a la izquierda de su pecho.
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