En aquellos tiempos de la caspa de España, cantaba Farina, «vino amargo es el que bebo, por culpa de una mujer. Porque dentro de mi llevo, la amargura de un queré. Quiere reír la guitarra, pero a mí a llanto me suena, cada nota me desgarra, el alma con una pena»
Anoche, en la cena de los populares de Madrid, Esperanza Aguirre bebió uno de los vinos más amargos que se pueden beber, el de la derrota. Ella, la Lider-Esa, la que otrora imponía su voluntad con un gesto se vio sola, plantada por Rajoy que acababa de nombrar Ministro de Justicia a su archi enemigo Gallardón y tuvo que apurar su copa de vino amargo con una falsa sonrisa en los labios.
No creáis que os lo cuento con placer, cuando esta mañana la he visto hacer declaraciones, cansada, envejecida, sola y derrotada, me ha dado verdadera lástima. Hasta las zorras implacables tenemos corazón y yo nunca he sabido ser ajena al sufrimiento de mis semejantes.
Hace cuatro años, cuando Gallardón, con lágrimas en los ojos dio una rueda de prensa en la que reconocía que en política, unas veces se gana y otras se pierde y él había perdido yo sufrí con él. Esperanza Aguirre, cual perro del hortelano ni comió, ni dejó comer. Ella no fue en las listas por Madrid, pero obligó a que tampoco fuera Alberto en un gesto cruel que hoy se vuelve en su contra.
Desde este MartuBlog yo animé a Gallardón a dimitir y dejar el Partido Popular donde no le querían, pero Alberto me ha dado una lección, en política, como en el amor y en la guerra, gana el que no se rinde, el que persevera, el que tras hincar la rodilla en tierra, recoge los pedazos de su alma, se levanta y sigue caminando.
Lo que otrora fueron risas de Esperanza, susurros a micrófono abierto contra el «hijoputa», boicot a las obras del Ayuntamiento de Madrid, zancadillas, codazos, puñaladas y demás lindezas que la Condesa de Murillo fue desgranando contra Gallardón, hoy se tornan vino amargo confirmando que en esta vida recoges lo que siembras.
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