El pasado 20 de noviembre, los socialistas sufrimos una derrota histórica en las urnas, perdiendo más de cuatro millones de votos. Ante las lógicas peticiones de auto crítica y responsabilidad de las bases a los que nos llevaron a esta exigua oposición, muchos responden: «pero nos votaron siete millones».
Como parte integrante de esos siete millones de votantes socialistas quiero que dejen de usarme como coartada para no asumir sus errores, para no dar un paso atrás, para no hacer examen de conciencia ni propósito de la enmienda.
Como uno de los votantes socialistas leales a las siglas que siempre han votado Psoe y que ni se plantean la posibilidad de votar otra cosa, ni tan siquiera de no votar, les exijo que no utilicen mi nombre en vano.
La primera vez que tuve que votar, en el año 91, me acababa de mudar a Barcelona. Militaba en Madrid en Juventudes de Chamartín, pero no tenía ni idea de los compañeros que encabezaban las listas por el PSC. Recuerdo que voté a Raimon Obiols que a mí me sonaba a cantaautor de la canción protesta catalana.
Voté a Almunia después de pelear en las primarias por Josep Borrell y tuve que ver como dimitía cuando yo aún estaba contando los poquitos votos del Psoe en un colegio electoral del distrito de Tetuán en Madrid.
Voté a Cristina Almeida como candidata a la Comunidad de Madrid, una mujer que venía de fuera del partido y que llegó a encabezar nuestras listas por encima de compañeros y compañeras con mucho más mérito y capacidad y sobre todo con una lealtad al socialismo demostrada durante años.
Voté a Miguel Angel Sebastián para la Alcaldía de Madrid pese a que la primera declaración que oí del amigo de Zapatero fue, no milito en el Psoe, nunca he militado y no tengo intención de afiliarme. ¡Con dos cojones!
Una vez hecha esta confesión creo que todos entenderéis lo que quiero defender en esta entrada del #MartuBlog: no se puede uno esconder detrás de esos siete millones de votos y esgrimirlos como un salvoconducto para los que les criticamos la falta de asunción de responsabilidades.
Somos muchos, quizás demasiados, los que tenemos tan arraigados los principios y valores del socialismo, que llevamos guardado tan hondo el Partido Socialista Obrero Español que votamos sin querer pensar mucho si a los que votamos realmente defienden los mismos ideales que nosotros.
Ahora la militancia, disciplinada, trabajadora, leal y parte integrante de esos siete millones de votantes ha dicho basta, basta de hablar en nuestro nombre sin preguntarnos, basta de pedirnos responsabilidad y silencio para llevarnos mansos al matadero, basta de partido vertical, de decisiones tomadas en la sombra, de elecciones de candidatos a dedo, de conciábulos, barones y familias, basta ya.
Replica a Cristóbal Sánchez Martínez Cancelar la respuesta