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Tercer intento

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Esta es la tercera vez que empiezo hoy una entrada con intención de publicarla en el MartuBlog. La primera, “Cuestión de solidaridad” la he enviado al Diario Progresista que con tanto lío de Junta, Agrupa y demás me había olvidado de mi colaboración semanal.

La segunda “Pa’lantismo”, la he tenido que dejar a medias porque esta mañana estoy sufriendo un severo proceso de ciclotimia y no me acabo de decidir por estar triste o contenta, enfadada o risueña, esperanzada o agónica, y así no hay manera de escribir una entrada coherente.

Igual parte de la culpa la tiene que estoy pasando el día con Raphael. No con él en persona, cosa que me encantaría, sino con su música que se han decidido los de Spotify a publicar sus álbumes antiguos y yo que soy Raphaelista desde pequeñita estoy disfrutando como una enana.

Ahora mismo suena: “A que no te vas, a que sigues como perro aquí a mi lado hasta que te diga ya. A que no te vas, porque vives por mi amor obsesionada y no puedes renunciar. Y aunque siga siendo como ahora y siempre he sido, como tu me has conocido, porque no quiero cambiar, a qué no te vas…” que la he oído cantada por muchos, Rocío Jurado, la más grande, o Juan Gabriel, pero que Raphael le pone un toque chulesco que le va genial a la canción.

Me encantan las letras de las canciones escritas por Manuel Alejandro, creo que es el Rafael de León de la canción ligera. Ahora es cuando alguno me dirá que no sabe quiénes son León, Quintero y Quiroga, los maestros de la copla española y ya me tendré que sentir viejuna.

Escribía Rafael de León unas letras llenas de amor y deseo, de frustración, de tormento que te hacen saltar las tapaderas del sentido. Y dicen las malas lenguas que lo hacía porque era homosexual y en aquella España oscura, su pasión no encontraba más desahogo que la escritura y por eso escribía cosas tan bonitas como que al ver al amado se le paraban los pulsos y toda la sangre se le ponía de pie y sus poemas son tremendos:

PENA Y ALEGRIA DE AMOR
Cuando por la noche a solas
me quedo con tu recuerdo derribaría la pared
que separa nuestro sueño, rompería con mis manos
de tu cancela los hierros,
con tal de verme a tu vera, tormento de mis tormentos,
y te estaría besando
hasta quitarte el aliento.
Y luego, qué se me daba
quedarme en tus brazos muerto.

LA PROFECIA
no dije que iba a matarme,
sino que me daba iguá.
Mas como es rico tu dueño
te vendo esta profesía:
tú, por la noche, entre sueños soñarás que me querías,
y recordarás la tarde
que mi boca te besó
y te llamarás «¡cobarde!»
como te lo llamo yo…

No sigo por ahí que veo cómo se me desbarranca este tercer intento de perpetrar una entrada digna para el día de hoy. Mi madre se ríe de mí por lo melodramática que le he salido, folklórica y peripatética, añado yo. Pero qué bonito es leer que hay hombres que sienten tan profundamente un amor tan grande y un dolor tan hondo.

Tengo mis dudas sobre si enclavaré este atentado a la sensatez en el apartado personal o tontunas, que ya me vale, pero creo que he conseguido terminar algo parecido a un post y sin darle más vueltas que aún lo estropeo, lo publico y como dicen los toreros: “va por ustedes señores.”

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Acerca de martuniki

Abogada. Tertuliana. Bloguera. Incordio en redes sociales. Junta letras, autora de MEMORIAS DE UNA MILITANTE DE BASE, BASE.

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  1. En un día de mierda me has hecho reír. Gracias.

    Responder
  2. corrige mi anterior comment y pon reír por favor que me da vergüenza verlo.

    Responder

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