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Sant Jordi

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El 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro en conmemoración del aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y Garcilaso de la Vega, tres grandes plumas de la literatura universal.

Hasta que no me mudé a Barcelona, allá por el 90, no descubrí la maravillosa forma de celebrar el Día del Libro y de su patrón Sant Jordi, que tienen los catalanes, regalando además de un libro, una rosa, roja, por supuesto.

Cuenta la leyenda que en Montblanc vivía un dragón que cada cierto tiempo exigía el sacrificio de una persona del pueblo. Cuando le tocó a la hija del Rey, la princesa, un apuesto caballero, vestido de brillante armadura, a caballo de un brioso corcel, se enfrentó al dragón hiriéndole de muerte y salvando así a su amada. Allí donde cayó la sangre del dragón, creció un hermoso rosal de rosas rojas como su sangre.

Después de mi primer año en la Ciutat Comtal en el que trabajé mecanografiando actas de infracciones y sanciones en la oficina del entonces Ministerio de Trabajo que había en la ciudad y donde conocí a mi amigo del alma, a mi hermano mayor, a mi alma gemela, Jose. Pasé a trabajar como administrativa en una pequeña empresa de cimentaciones especiales en pleno Eixample.

Hago un inciso para reflexionar sobre algunas diferencias sociales que las nuevas tecnologías han dejado atrás. Hace tan solo 20 años, los pobres estudiábamos mecanografía en los veranos porque podía ayudarnos a encontrar un trabajo con el que pagarnos los estudios universitarios o el alquiler del mes. Hoy, da igual el poder adquisitivo que tengas (salvo en situaciones dramáticas de exclusión), tus hijos saben escribir en un teclado de ordenador. Con mayor o menor velocidad, usando dos dedos o la mano entera, pero ricos y pobres se sientan frente a sus Pcs o portátiles y teclean sus pensamientos, sus ideas, sus sueños y y pesadillas, en una poética imagen de justicia social que nada tiene que ver con lo que sucedía hace años.

Vuelvo al relato. Trabajar en plena calle Marllorca, casi esquina al Paseig de Gracia y disponer de tres horas para comer, me posibilitó conocer al detalle una parte de una de las ciudades más bellas de España, Barcelona.

Cada día, salía de la oficina y tras comerme un menú (800 pesetas el más caro), deambulaba por las rectas calles de esquinas en chaflán del Ensanche barcelonés o me dejaba caer por el Paseo de Gracia hasta llegar a las Ramblas o el Barrio Gótico absorta por la belleza de sus edificios, sobre todo los de Gaudí.

En abril era cuando más me gustaba pasear por la ciudad, las calles se llenaban de puestos de libros y de rosas, rosas rojas, uniendo dos de mis pasiones, la lectura y la botánica. Es verdad que prefiero las flores en maceta, que los ramos se marchitan dejando un rastro de decrepitud que me entristece, pero en Sant Jordi, el olor a rosa perdona el sacrilegio de cortarlas del tallo.

Y luego estaban las cocas, aunque son más famosas las de San Juan, por Sant Jordi también las elaboran, tan ricas, tan llenas de tradición. El Pa de Sant Jordi, que es un pan tradicional elaborado con queso de Mahón y sobrasada de Mallorca, emulando los colores de la Senyera.

Cuánto echo de menos Barcelona, sus calles, sus gentes, sus tradiciones. Cuánto dolor me causa ver el daño que la ultra derecha tertuliana causa a la convivencia de madrileños y catalanes. Cuánto hastío me produce que las rivalidades futbolísticas de dos Sociedades Anónimas, dos máquinas de hacer dinero para sus dueños, nos obliguen a elegir entre las dos ciudades más grandes y hermosas de España Barcelona y Madrid, Madrid y Barcelona.

¡Feliç Sant Jordi! ¡Feliz Día Internacional del Libro!

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Acerca de martuniki

Abogada. Tertuliana. Bloguera. Incordio en redes sociales. Junta letras, autora de MEMORIAS DE UNA MILITANTE DE BASE, BASE.

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  1. Amadeo Gallego

    Ni los que hacen seguidismo del veneno vertido por las viperinas y etanolizadas lenguas de la caverna, ni los que no saben que la rivalidad deportiva debería acabar siempre al final de la batalla, con un apretón de manos y mutuas felicitaciones, merecen las suerte que compartimos de poder disfrutar en dos de las ciudades más bellas, cercanas y humanas del mundo mundial. Ellos se lo pierden! Feliz Sant Jordi y reciba una rosa virtual en forma de besos y abrazos!

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