En estos días que os he tenido algo abandonados por motivos personales, laborales, de estudios y de pereza infinita, se han sucedido bastantes hechos que tienen como nexo común un machismo latente y una misoginia mal disimulada que me han preocupado sobremanera en tanto se han dado en el seno de nuestro querido Partido.
El desencadenante de esta furibunda reacción del macho ibérico socialista ha sido la presentación de su candidatura a las Primarias del Partido Socialista en Andalucía de la compañera Susana Díaz y el convencimiento de sus detractores de que es la compañera que cuenta con más apoyos de la militancia de la región por lo que aparece como clara favorita a la victoria.
Desde el inicio hemos tenido que leer frases despectivas como «la niña de Griñán», «Susanita», «la heredera», «la chica esta»…, titulares de prensa del tenor «Susana quiere ser baronesa» , perfiles en twitter para ridiculizarla…, cosa que no ha ocurrido con ninguno de los otros candidatos varones que han manifestado su intención de concurrir a las primarias.
Está claro que lo que late de fondo es la impotencia de no reunir apoyos suficientes entre la base de la militancia andaluza, lo que solo se puede medir en avales, para poder ganar a la compañera en las urnas, pero que esta rabia se canalice a través del desprecio hacia ella por su condición de mujer nos afecta a todas las socialistas que no podemos ni debemos consentir comportamientos machistas en nuestro propio Partido.
Ya me quejé hace un tiempo de frases de ilustres e históricos dinosaurios de nuestra organización dedicadas a la compañera Carme Chacón cuando quiso disputarle a Alfredo Pérez Rubalcaba la dirección federal del PSOE, tan chuscas como: «no está el partido para Señoritas, ni jovencitos» o «Chacón es Zapatero con faldas»…
No hay que rebuscar mucho para observar en las redes sociales, donde más libre e inconscientemente se expresan muchos compañeros, para encontrar frases alusivas a la supuesta utilización de favores sexuales para conseguir objetivos políticos por parte de algunas compañeras que tienen poder de decisión. Algo que jamás se piensa de un hombre, que ha llegado a la Secretaría General acostándose con alguien, se insinúa con indecencia e impunidad demasiado a menudo sobre compañeras.
No me caracterizo por mi militancia activa en el feminismo, sino más bien por todo lo contrario. He sido reprendida muchas veces por compañeras que me acusan de no utilizar un lenguaje no sexista, de referirme a mí misma como abogado en lugar de como abogada y hasta de no tomarme demasiado en serio la discriminación aún existente en España de las mujeres, solo por el hecho de ser mujeres.
Tienen razón, siempre he pensado que el feminismo está incluido en el socialismo porque así lo decidimos y porque no puede existir socialismo sin igualdad y no puede haber igualdad si se considera que el hombre tiene más derechos que la mujer solo por el hecho de serlo. Pero quizás los hechos que se vienen repitiendo cada vez con más asiduidad den la razón a estas compañeras que no han bajado la guardia y que permanecen atentas en la defensa de las mujeres, también en el seno de nuestro Partido.
Espero que estos gallitos lean avergonzados sus palabras de desprecio a la compañera Susana Díaz y comprendan que bajo ellas se esconde un machismo latente del que deben librarse cuanto antes, porque no se puede ser socialista si no se trata con respeto e igualdad a las compañeras, como si se hace con los compañeros.
Se puede y se debe discrepar políticamente con toda la contundencia, vehemencia y rotundidad de la que uno sea capaz pero sin caer en los ataques personales, mucho menos en los ataques sexistas.
Hagamos examen de conciencia, acto de constricción y propósito de la enmienda porque los principios y valores que inspiran el socialismo están reñidos con el machismo, la homofobia, el racismo, la xenofobia y cualquier otra forma de discriminación del ser humano.
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