Si yo fuera Rubalcaba sería uno de los mejores políticos que ha dado este país, un socialista ejemplar que ya era grande cuando muchos de los que hoy le critican ni habían nacido. Sería el Ministro del Interior que acabó con ETA pese a todos los obstáculos que puso en su camino la derecha mediática y parlamentaria. Si yo fuera Rubalcaba sería el Secretario General del Partido Socialista Obrero Español y solo por eso ya merece la pena invertir una vida.
Si yo fuera Rubalcaba habría ganado el XXXVIII Congreso por una ajustadísimo resultado contra Carmen Chacón y no habría sabido, no habría querido o no me habrían dejado hacer una ejecutiva que integrara realmente todos los sentires del PSOE, por lo que a día de hoy tendría un Partido dividido, clamando por un nuevo Congreso desde que terminamos de cantar la Internacional en Sevilla. Una prensa que se pregunta a diario quién será mi sucesor o sucesora, cuándo convocaré primarias para elegir el candidato a unas elecciones que no serán hasta el 2015, si yo me presentaré o daré paso a una nueva generación.
Si yo fuera Rubalcaba habría tomado nota de la jugada magistral de José Antonio Griñán en Andalucía. Contra lo que preparaba la jueza Alaya, contra los que conspiraban desde dentro para moverle la silla y poner a otro que encarnara mejor el sentir del Antiguo Testamento, contra los que luchan denodadamente por romper el pacto de las fuerzas de izquierdas porque no pueden soportar el contraste que suponen las políticas sociales de la Junta de Andalucía frente al austericidio popular, Griñán ha sabido gestionar su sucesión con maestría.
Si yo fuera Rubalcaba estaría analizando la jugada que se está preparando con paciencia y tiempo su némesis, Carmen Chacón. Un plan de que de puro sencillo puede funcionar: deja el escaño, se marcha a dar clase a una prestigiosa Universidad de los Estados Unidos y anuncia que volverá cuando soplen vientos favorables. Con ello demuestra que es una política que no tiene miedo a dejar la teta de lo público, que tiene una profesión, una carrera que le permite ganarse la vida cómodamente lejos de los escaños y que podrá volver limpia de la podredumbre que hoy se le presupone a todo lo que rodea la vida política española.
Si yo fuera Rubalcaba leería con atención las encuestas que, pese al desplome salvaje del sobrecogido Partido Popular, dejan al PSOE muy lejos de ser el Partido de la alternativa, ese refugio donde se cobijaban los españoles cuando querían algo mejor en sus vidas, más derechos, más dignidad, más respeto, más libertad, más decencia, más democracia. Encuestas en las que los socialistas no levantamos cabeza pese a que ha transcurrido casi la mitad de la legislatura y el rollo de la herencia recibida y la maldad intrínseca de Zapatero ya no cuela.
Si yo fuera Rubalcaba aprovecharía la Conferencia Política de Noviembre para terminar con un broche de oro este año y medio de trabajo en un nuevo Proyecto Socialista. Aprovecharía la reunión de los socialistas para diseñar entre todos un nuevo Modelo de Partido, para darnos unas reglas de juego más transparentes, participativas, democráticas y modernas. Unos Estatutos donde la militancia volviera a ser el pilar fundamental de este partido, donde se extendiera al máximo posible el concepto utópico de 1 militante 1 voto, donde se limitaran los mandatos, se declararan incompatibilidades entre cargos públicos y orgánicos, donde se armara nuestro Partido contra la corrupción de los nuestros para dar ejemplo a la sociedad de que no somos iguales a esos otros, ni parecidos.
Si yo fuera Rubalcaba anunciaría en la Conferencia Política de noviembre mi dimisión y convocaría inmediatamente un Congreso Extraordinario para elegir a los hombres y mujeres que devuelvan a nuestro amado Partido al lugar que merece consiguiendo con ello un triple objetivo:
- Romper la estrategia de aquellos que esperan en la sombra a que todo se hunda para venir a arreglar los destrozos cual Montoros de pastel.
- Llegar a las elecciones europeas habiendo generado en la sociedad expectación, siquiera interés, por ver si los socialistas realmente habíamos conseguido dejar atrás algunas cosas del pasado y mirábamos al futuro con renovado orgullo socialista.
- Recibir el reconocimiento, el cariño y el respeto que sin duda alguna merece un político de la talla de Alfredo que ha dado tanto por nuestro Partido y que, con sus aciertos y sus errores, sus luces y sus sombras, es uno de los más grandes de entre los nuestros.
PD MI COLUMNA DE LOS JUEVES EN DIARIO PROGRESISTA: MORALINA POPULAR
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