Aviso para lectores: soy socialista practicante, estoy orgullosa de ser socialista, soy de izquierdas, roja, roja colorada y no me siento casta, ni traidora de la clase trabajadora y además me río en la cara de quien utiliza el comodín del artículo 135 de la Constitución sin habérselo leído ni saber qué significa realmente ni qué periodo de carencia tiene.
La última cacicada que planea el Partido Popular es cambiar la forma de elección de los alcaldes en España, a tan solo nueve meses de la celebración de elecciones autonómicas y municipales y completamente en solitario ante el plante de todos y cada uno de los partidos de la oposición. Sin entrar en el fondo del asunto, es decir, si es necesario cambiar las reglas del juego electoral municipal, que es perfectamente legítimo y discutible, lo que no puede hacer el PP es romper la baraja abusando de su mayoría absoluta y con el único objetivo de no perder feudos históricos como Madrid o Valencia.
NI que decir tiene que el hecho de que Mariano Rajoy prometiera textualmente no cambiar la Ley Electoral en solitario, ni disponiendo de mayoría absoluta suficiente para hacerlo, no será óbice ni cortapisa para perpetrar este claro atentado contra la democracia, la participación ciudadana y la decencia que supondrá fijar por norma que aquel que obtenga el 40% de los votos sea alcalde o alcaldesa aunque no consiga pactar el apoyo de ninguna otra fuerza política del consistorio. Un alcalde en minoría que hará inviable cualquier política municipal, un desvarío más de la derecha española.
Ante esto poco podemos hacer el resto de fuerzas políticas, protestar, patalear, denunciar la hipocresía del PP, pero nada de esto los ha detenido antes, no creo que vaya a conseguirlo ahora, ni siquiera que su reforma dará alcaldías a sus odiados independentistas tanto en Euskadi con Bildu, como en Catalunya con ERC, incluso que beneficiará al PSOE en Andalucía, todo les vale con tal de seguir controlando Ayuntamientos emblemáticos y con los cajones llenos de secretos que no quieren que salgan a la luz, como Madrid o Valencia.
La solución que se escucha en boca de muchos es un Frente Popular de Izquierdas, presentar una lista en coalición de las fuerzas progresistas para contrarrestar el rodillo aplastante de un único partido de derechas. He de reconocer que así dicho suena bien, no, suena fenomenal, pero que también es absolutamente inviable.
Una cosa es que, una vez celebradas las elecciones y vista la voluntad del electorado, fuerzas políticas que comparten partes de sus programas, de sus idearios, de sus principios y valores lleguen a acuerdos para gobernar su pueblo o ciudad y que esto sea beneficioso para sus vecinos, y otra muy distinta y harto difícil es que antes de saber con cuántos votos contaría cada una de las formaciones, máxime cuando muchas de ellas se presentan por primera vez a unas municipales, se puedan configurar listas conjuntas con las que concurrir a los comicios.
El problema es que con el pucherazo que planea el PP, las fuerzas políticas de izquierdas no vamos a tener la oportunidad, una vez celebradas las elecciones, ya que en aquellos Ayuntamientos en los que los populares consigan el 40% de los sufragios, impondrán a su alcalde o alcaldesa y el 60% restante pasaremos una legislatura en una consistorio inoperante. Una encrucijada que tiene difícil, por no decir imposible solución y que como acabo de explicar, no pasa por un pacto previo de las fuerzas de izquierdas, el llamado Frente Popular de Izquierdas, entre otros motivos, además de los programáticos y de configuración de lista explicados, porque la parte emergente de esas formaciones progresistas no consideran al PSOE como una de ellas, y sin el PSOE, no hay forma de configurar otro 40% que oponer al del PP. A las encuestas de intención de voto me remito.
Por mucho que algunos crean que los socialistas vamos a bajar, no tanto como algunos “hermanos de la izquierda” desean, seguiremos siendo la segunda fuerza política, cuando no la primera, en muchísimos y relevantes Ayuntamientos. Sin contar con nosotros será aritméticamente imposible evitar alcaldías populares. Se presenta un mes de mayo de 2015 de lo más complicado que requerirá responsabilidad, valentía, generosidad y altura de miras, ¿sabremos tenerlas la izquierda? De corazón espero que sí.
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