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Yo no quiero vivir sin el calor de otra piel

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Escucha una estos días a expertos que ponen como horizonte para volver a la normalidad, cualquiera que esa esa normalidad, el año 2022. Cuando por fin la vacuna contra el coronavirus esté testada en humanos, comprobada su efectividad y producida masivamente para alcanzar a toda la población ¡EL AÑO 2022!

Para este verano se habla de pantallas de metacrilato en las playas para delimitar nuestros cuatro metros cuadrados de seguridad, de mesas separadas por mamparas en los restaurantes, nada de conciertos, ferias de pueblo, verbenas, chiringuitos… Se habla de mantener el alejamiento social, que los niños no se junten con los de otras familias, de no dejar salir a nuestros mayores hasta no se sabe cuándo. No tocar, no besar, no abrazar, no acariciar, no achuchar, no, no, no.

Dice una de mis canciones favoritas de Marwan (si sois de naturaleza querenciosa, como yo, os lo recomiendo mucho porque para el amor y el desamor, es un bálsamo): “no hay mayor dolor para una piel que despedirse de otra piel” y continua al poco “que no hay corazones inmunes a la madrugada cuando el cuerpo te pide una piel a la que poder abrazar” Y esto, es “L’avangelio”, el dolor de la ausencia física de nuestro objeto de deseo es tan profundo que cuesta hasta respirar.

En estos tiempos en que podemos vernos en vídeo llamadas multitudinarias, charlar durante horas, viéndonos las caras, sonriéndonos, intercambiando experiencias, todos echamos de menos el contacto con los que no están ¿qué contacto? El físico. Los besos por la pantalla no humedecen los labios, no erizan la piel del cuello, no ponen la carne de gallina, no endurecen los pezones, los besos por la pantalla, son menos besos.

Faltan las manos resbalando por la espalda, los dedos perdiéndose bajo la ropa, pero también faltan los abrazos de manitas pequeñas, los golpecitos en la espalda que te hacen saber que todo va bien, los besos de abuela, mucho ruido y muchas nueces, los choca esos cinco o golpea este puño, los palmetazos recios entre los omóplatos, los choques de pecho, los azotes en el culo, los pellizcos, los mordiscos, ese alegre intercambio de baba.

Igual más al norte, ya están hechos al saludo frío, distante, a la inclinación de cabeza, al gesto, como mucho un recio apretón de manos, pero por aquí necesitamos plantar dos besos, como poco. Tenemos que agarrar a nuestro interlocutor para que sienta en el cuerpo que lo que oye es cierto. Nos gusta caminar cogidos de la mano, del brazo o de la cintura, sentarnos muy juntos (donde caben 5 caben 7 y 8), y quitarnos la palabra los unos a los otros, si hace falta tapándole la boca al de al lado.

Y nos juntamos todos los que podemos para celebrar y lo celebramos casi todo: cumpleaños, santos, días del padre y la madre, santos, vírgenes, Navidades, Semana Santa, puentes constitucionales o inmaculados, de los difuntos o de mayo, Romerías… Y no solo tenemos una Pascua, que tenemos dos y Feria de Abril y Moros y Cristianos, y Tomatinas y Tamborradas y Entroido y San Isidro y La Paloma y Fallas y La Mercé…, y siempre juntos, y siempre cerca, y siempre muchos.

Tendrán que encontrar una solución, ellos sabrán que para eso les pagamos, a los que dirigen el cotarro y a los científicos, virólogos, economistas, intensivistas, farmaceúticos, ingenieros, la OMS, la NASA, la CIA, el FMI o quién sea, pero entre todos, que juntan tantas neuronas y tantos millones empleados en ellos, ¡ENCUENTREN UNA SOLUCIÓN QUE NO SEA EL OSTRACISMO, GRACIAS!

Acerca de martuniki

Progresista, celíaca, menopaúsica, "jarta" de la política actual.

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  1. No puedo estar más de acuerdo contigo.
    La vida como la entendemos es contacto, cercanía, piel, multitudes….
    Que lo solucionen de una P____ vez
    Para eso pagamos !

    Responder
  2. Alberto Zaragoza Comendador

    Lo más triste de todo es que el riesgo de contagio al aire libre es mínimo. Incluso si el único objetivo en nuestra vida fuese evitar los contagios por coronavirus, tendría más sentido dejarnos salir a la calle. Por supuesto los espacios tipo bares, discotecas, etc. pueden seguir cerrados, pero NO hay motivo científico para prohibirnos ir por la calle, o por el campo, o por la montaña. Y tampoco hay motivo para prohibirnos ver a a nuestros seres queridos al aire libre.

    En este artículo expongo la evidencia. La página web le cambió el título, pero el original era “El confinamiento no tiene base científica”
    https://disidentia.com/el-confinamiento-el-mayor-recorte-de-libertades-de-nuestra-historia-democratica/

    Responder

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