Hoy he retomado la actividad de este mi querido MartuBlog, pero ya no es aquel que vosotros conocíais porque yo tampoco soy aquella que antaño destilaba política por todos los poros y respiraba PSOE como una forma de vivir y de sentir.
En esta nueva etapa de mi vida, lejos de la política, de Madrid y de todo lo que antaño me parecía imprescindible, he recordado cuánta alegría me daba aquel primer blog que tuve en Blogger con mi añorada amiga del alma, Selina.
Lo que nos hacía felices era escribir de las cosas triviales de la vida, siempre con una mirada caustica, riéndonos de todo y de todos, incluidas nosotras dos, sin ninguna obligación, sin compromisos, sin autocensura y sin creer que aquello que contábamos trascendería más allá de nuestras pantallas. Aquel «Lunáticas, mileuristas, en la treintena».

Claro que, si dado el momento en el que nos encontramos, no hiciera mención a la vergonzosa actuación del PSOE de Sánchez. Desde la aprobación de la amnistía trucha, porque ahí sigue Puigdemont sin atreverse a volver, no sea que el paraguas de la amnistía no le cubra lo de malversar la pasta de todos los catalanes, indepes y no. Hasta el último capítulo, el acuerdo sobre el concierto fiscal fake, que ya ha dicho la Montero que se peinen los del PSC y los de ERC, que en el Congreso ni se plantean aprobar una norma que dé a Cataluña lo que nadie quiere darle, empezando por los socios de gobierno, el PNV, siguiendo por los territorios del PSOE y terminando con la propia ministra de la pasta. Si no dijera algo de esto, pues no sería yo.
Pero también quiero poder escribir de cómo ando luchando con la menopausia, con escaso éxito con remedios naturales, yoga y otras mil recomendaciones instagrameras y cómo he acabado recurriendo a la medicina, a la química, a la terapia hormonal, y sí amigos, esto ya es otra cosa.
O de lo feliz que me ha hecho ser abuela, hace casi 7 meses, de cómo me sentí abrumada, desbordada, por un amor sin límites hacía esa personita a la que tuve el privilegio de ver nacer y que me ha robado el corazón desde el primer aliento de su vida.

Incluso poder contaros que me he vuelto una de esas locas del pádel de las que tanto me reía y de las que tanto renegaba cuando vivía en Madrid y el PP se empeñaba en construir pistas de pádel en cualquier rincón de la capital. «Es un deporte de pijos, de ricos» bramaba yo en los plenos municipales de la Junta de Chamartín y ahora ando con mi pala en el maletero del coche por si surge un partido no me vaya a pillar desprovista.

En fin, que he vuelto, para mí, para disfrutar de esto, sin ningún objetivo más allá de hacer terapia con las teclas, sin pretensiones de alcanzar una gran audiencia o de que mis post se usen como referencia en sesudas tertulias, solo escribir y si a vosotros os apetece, pues nos iremos leyendo por aquí.
Lo que sí prometo esta vez es atender a vuestros comentarios así que si te apetece comentar algo, nos leemos.




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