Esta entrada son mis deberes del curso de Drive
Estoy haciendo un curso de DRIVE, subvencionado para personas desocupadas, que no me gusta pasar el tiempo ociosa, en tanto encuentro un curro nuevo, que creo que será muy pronto.
Tengo que hacer cosas que ya había hecho antes de manera intuitiva, pero ahora guiadas por el formador y, la verdad es que, aunque sabía bastante, estoy descubriendo herramientas y trucos a los que les voy a sacar bastante partido en el futuro.
No sé si a vosotros os pasa, pero cada vez que me mandan deberes, aprovecho para hacer algo que tenga otra utilidad, además de mandárselo a mi tutora. Como por ejemplo, en este ejercicio que voy a aprovechar para escribir una entrada personal de mi MartuBlog.
Voy al grano, mis personas favoritas en el mundo son mi hija Alba y mi nieto Manuel.

Habrá quien se sonría pensando, cómo no van a ser tus personas favoritas, son la carne de tu carne, tu única hija y tu único nieto es lógico que los quieras más que a nadie.
Pero también habrá quiénes, conociéndome bien, sepan que hace tiempo que dejé de considerar que lo importante es qué sangre te corre por las venas. Hay gente que sin ser familia estricta ha estado siempre ahí, a tu lado, para lo que ha hecho falta, como mi amiga/hermana Fátima o mi queridísima Selina. En cambio hay sangre de tu sangre, como mi padre, que si no hubieran estado, eso que nos habíamos ahorrado de sufrimiento.
Hubo muchos años en mi vida en que lo importante era lo que me corría por las venas, los míos. Daba igual si eran merecedores o no de mi cariño o mi respeto, eran mi familia y estaban por delante del resto, pero un día me di cuenta de que esa es una soberana idiotez. Doy gracias por ese día.

¿Por qué son entonces, mis personas favoritas?
Mi hija Alba
Mi hija Alba porque es buena persona, inteligente, cariñosa, comprometida, valiente, un orgullo de hija. El medio que ha elegido para ganarse la vida, le va que ni pintado. Es enfermera, cuida de los otros y se preocupa no solo de aplicarles lo que indique cada ocasión desde el punto de vista de asistencia médica, no. Ella va más allá, se implica, hace lo que debe y también lo que puede aunque no sea su obligación. Porque ella es pura empatía, y aquellos que caen bajo su cuidado, tienen suerte.

Como hija, apenas ha dado guerra, más allá de llorar durante meses cuando nació y algunas rebeldías adolescentes, fruto de las hormonas y las compañías.
Estudió, se puso a trabajar para llevar su propia vida, tener su hogar… Ha elegido bien con quién compartirla y está siendo una madre impresionante. Tiene sus pedradas, como todos, pero es consciente de ellas y hace lo que puede por aligerarlas. Me siento muy orgullosa de ella.
Mi nieto Manuel
Mi nieto porque es un sol de niño, alegre, extremadamente alegre, nunca he visto un bebé tan feliz. Su risa es contagiosa, su entusiasmo te calienta el corazón. Es imposible estar con él y no sentirte abrumado por su luz.
Igual tiene mucho que ver que me dejaron estar presente en el parto de Alba y por tanto, Manuel haya sido la única persona que he visto nacer. En mi propio parto casi morimos mi hija y yo, por lo que nació mediante cesárea y conmigo totalmente anestesiada, para cuando la conocí había pasado algunas horas de su llegada al mundo y no me encontraba yo con mucho ánimo de conocerla, pobre hija mía.

Verle nacer, ver cómo su madre lo trajo al mundo serena y valiente, como ella es. Comprobar que nació tranquilo, sin muchas ganas de llorar, con sus ojos despiertos abiertos de par en par, ha sido una de las experiencias más emocionantes y aterradoras de mi vida. Quizás solo comparable al día que buceé en Baja California rodeada de tiburones toro.
La maravillosa experiencia de ser abuela me ha cambiado por dentro.
Supongo que casi todos los abuelos sienten ese amor desmedido por sus nietos, sobre todo por el primero, esa personita que te recuerda a su madre cuando nació, pero sin la ansiedad, sin el miedo, sin la tremenda responsabilidad que es tener que criar un hijo.
Solo puedo deciros que, mientras lo sostenía en brazos, la segunda noche de su vida y le hablaba para que no despertara a su madre con sus ojos fijos en los míos, como si entendiera lo que le estaba susurrando, tuve la brutal certeza de que mataría por esa criatura, de que haría cualquier cosa por ahorrarle sufrimiento, porque sus días fueran plácidos, sin conocer la maldad que hay por el mundo.

Suena melodramático, quizás ridículo, pero siete meses largos después, ese sentimiento sigue ahí, aún más fuerte si cabe. Solo quiero verle crecer feliz y disfrutar del espectáculo maravillándome al reconocer en él cosas mías. Ya lo decía Serrat «a menudo los hijos, se nos parecen y así nos dan la primera satisfacción» y eso se repite aumentado y corregido con los nietos.
Fantaseo con llevarlo a bucear con sus primeras gafitas y su pequeño neopreno para enseñarle pulpos en las rocas y sentir su manita agarrada fuerte a la mía tensa por la emoción (como le sucedía su madre cada vez que veía pasar un pececito).
Espero sin prisa el día que le compre su primer equipito de pádel, sus zapatillitas, su gorrita, su pala y vayamos a dar los primeros golpes. Quiero que disfrute de todo lo que me sea posible ofrecerle, por primera vez y tener la suerte de disfrutarlo a su lado.
Os invito, abuelos y abuelas del mundo, a continuar gozando de la compañía de vuestros nietos y a compartir aquí vuestras vivencias, para que no me sienta tan vieja chocha. Gracias.

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