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¿Y AHORA QUÉ?

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Después del batacazo electoral y el anuncio de nuestro Secretario General, Alfredo Pérez Rubalcaba de que habrá Congreso Extraordinario del Partido Socialista Obrero Español en julio, son muchos los que me preguntan, en las redes sociales y en la vida real ¿y ahora qué? Y aunque a ciencia cierta nadie, nadie, insisto, nadie, tiene ni puñetera idea de qué es lo que va a pasar en las próximas semanas, quiero compartir con vosotros mis sensaciones de lo que ha pasado y de lo que me gustaría que pasara.

Lo primero que quiero es reconocerle a Elena Valenciano la gran campaña que ha hecho, con pocos medios pero con muchos enteros, en la calle, pegada a la gente y a la realidad, una campaña en la que empezó como una candidata de trámite y acabó como una gran candidata que supo reconocer en la noche electoral que había perdido, que nos habíamos dado una hostia terrible, todos, porque PSOE solo hay uno y los socialistas perdimos varios millones de votos el domingo y que la responsabilidad de la derrota era suya.

Lo segundo que quiero es reconocerle a Alfredo el mérito de haber asumido el fracaso de su proyecto y haber dimitido, porque convocar un Congreso Extraordinario en julio es lo mismo que dimitir. Hay otros muchos que también han fracasado claramente este domingo que están amagados entre el follaje esperando que nadie repare en ellos, esos me dan bastante más lástima que Rubalcaba, uno de los políticos más brillantes de este país y sin duda alguna un socialista comprometido que ha salvado uno de los peores momentos por los que hemos pasado.

Después quiero pararme un segundo en aquellos que andan convocando marchas sobre Ferraz, firmas de Change.org y otras formas infantiles de patalear más propias de emergentes formas políticas que de un partido serio, con 135 años de historia y unos estatutos que contemplan cómo cambiar las cosas, eso sí, es algo más trabajoso eso de ir a las Agrupaciones, ganar las listas a los congresillos, pelear en el Congreso porque los delegados sean gente decente y con ganas de cambiar las cosas, pasarse horas defendiendo ponencias… lo dicho, una trabajera.

Y una vez reflexionado sobre cómo hemos llegado hasta aquí voy a ver si soy capaz de aclararme con lo que parece que se nos viene encima. Ante la “dimisión” de Rubalcaba podía producirse dos situaciones: una que una gestora se encargara de pilotar el Partido hasta la celebración de las famosas primarias abiertas que eligieran el próximo cabeza de lista a las elecciones generales de noviembre de 2015 y luego convocara un Congreso Extraordinario o que se convocara primero este y después las primarias abiertas que es por la que ha optado la Ejecutiva Federal.

Amén de ser sincera, ambas opciones tienen sus ventajas, sus inconvenientes y sus trampas y yo, para que negarlo, nunca he sido fan de las primarias abiertas, que soy de las que piensa que el que quiera opinar en mi Partido que se afilie, llamadme rara, por lo que la idea de un Congreso Extraordinario no me disgustaría si no fuera porque no hemos conseguido, por mucho que hemos peleado en los últimos 3 años, introducir la elección directa del Secretario General por el voto de los militantes, ni tan siquiera el sucedáneo de volver al mandato de modo que lo que votemos en las Agrupaciones vaya a misa en el Congreso.

En fin, que a estas horas no tengo muy claro quién se quiere presentar a la difícil tarea de ser el Secretario General del PSOE, quien se descarta porque se espera a las Primarias Abiertas para ser el candidato a las generales de 2015, quien apuesta porque recaiga en la misma persona ambos cargos y quien, como yo, creemos que la bicefalia no es mala cosa para evitar la fagocitación del Partido por parte del Gobierno cuando hay un socialista alojado en la Moncloa.

Y con este cacao mental que gasto y este torbellino de emociones que llevo vividas en las últimas 48 horas, lo único que tengo claro es que soy socialista, lo era antes de darnos la hostia terrible y lo seguiré siendo pase lo que pase en el Congreso Extraordinario.

Finalmente para las mentes malpensadas que me acusan de hablar por intereses espurios ya les adelanto que mi paso por Ferraz tenía fecha de caducidad y estaba sujeto a la campaña de las Elecciones Europeas y que el resultado en las mismas no cambiaba la relación contractual por lo que mi pena se restringe al afecto profundo que siento por Elena y el amor verdadero que padezco por el PSOE.