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PASÓ 2013

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El año pasado por estas fechas escribí en este mi querido #MartuBlog ¡ADIOS 2012! Una entrada triste, que hablaba de decepción, traición, desengaño y tristeza. En ella dejaba claro que nada esperaba para este 2013, no era pesimismo sino simple y llana objetividad, sin trabajo ni previsión de tenerlo, sin perspectivas ilusionantes en el horizonte, sin ganas de volver a plantar batalla, tal vez. Pero lo cierto es que siendo malo, no ha sido peor que su predecesor. Mis cosas.

He terminado el master de práctica jurídica que tantos buenos momentos me ha hecho pasar y que me ha recordado por qué estudié derecho, porque me gustaba, porque me apasionan las leyes y su aplicación, porque desde siempre quise ser abogado y hoy lo sigo queriendo y sé que ese día está más cerca que nunca. Aunque sea abocada por las circunstancias acabaré teniendo que ejercer por mi cuenta y seré emprendedora en contra de todas mis aspiraciones aunque estoy segura que me traerá más alegrías que sinsabores. Mis cosas.

He atesorado buenos amigos, amigos para toda la vida, de los que dan la cara, de los que arriman el hombro, de los que no se esconden, de los que no prometen nada porque nada tienen que dar más allá de su amistad y he descubierto que ni los buenos eran tan buenos, ni los malos terribles sino que en todas partes hay razón, valor, verdad y entrega, solo hace falta mantener los ojos abiertos y la mente despejada. Mis cosas.

He gozado de buena salud, no solo la mía propia sino también la de los míos y eso vale más que cualquier fortuna. No quiere eso decir que no nos hayan pasado percances, pero han sido pequeñeces que hemos superado sin arrostrar graves secuelas y que, como bien reza el dicho, no nos han matado pero nos han hecho más fuertes. Mis cosas.

En la cosa material empecé el año heredando de mi padre una cantidad tan inesperada como pequeña pero que contribuyó a tapar algún agujero y negocié un despido más que razonable con la UGT porque como buen abogado sé que más vale un mal acuerdo que un buen pleito por lo que el año se ha pasado con apreturas pero sin miserias y eso es más de lo que varios millones de españoles pueden decir por lo que no me quejo. Mis cosas.

Así que no esperaba nada de este 2013 y nada especial me ha dado, pero tampoco me ha quitado, lo que vistas las cosas con perspectiva es casi un triunfo. Por no hablar de los kilos que he perdido, el tipazo que se me ha quedado, la forma física que he adquirido tras todos estos meses de gimnasio y dieta; la melena que me ha crecido, un año sin pisar la peluquería, por aquello de ahorrar y porque me quiero casar con un recogido y eso requiere cantidad de pelo y lo bien que me siento tan cerca de cumplir los 42 tacos. Mis cosas.

Ahora a esperar el 2014 que parece no tiene muchas ganas de ser mejor que este, por mucho que nos mienta el que dice que es nuestro Presidente del Gobierno, pero que afrontamos cargados de ilusión, con algunos proyectos, con el corazón latiendo fuerte a la izquierda de nuestro pecho, con valor y con la certeza de tener razón, que es mucho más de lo que pueden decir la mayoría de los que nos combaten por lo que la victoria está al alcance de nuestras manos, solo hace falta dirigir todos los esfuerzos para lograrla. ¡Feliz 2014! Mis cosas.

¡NO QUIERO EMPRENDER!

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Hoy he estado en Preparate2013, aunque los que me seguís habitualmente debéis saberlo todos, hace catorce meses que me quedé sin empleo y desde entonces, además de actualizarme realizando un Máster de Práctica Jurídica, he estado buscando trabajo aunque sin demasiado éxito, por eso hoy, junto con mi buena amiga Sel, me he animado a visitar esta Feria del empleo, o de la búsqueda de empleo, más bien.

La experiencia ha sido un tanto desconcertante, por un lado, no era lo que esperábamos, la típica feria llena de stands de empresas que ofrecen trabajos, o formación, o ayuda en la búsqueda de empleo, o cosas así, sino más bien, un grupo heterogéneo de experiencias en torno al denominador común de la búsqueda activa de empleo.

Lo mismo había un taller que hacía yoga para relajarse, como otro en que animaban al ritmo de I’m simply the best a aquellos y aquellas que empezaban a perder la esperanza de volver a tener trabajo, como una charla sobre “tu discurso de venta y red de contactos”, como experiencias personalizadas e individuales sobre desarrollo profesional.

He de reconocer que al principio me ha parecido todo un tanto inútil, cosas tan obvias como que cuanta mayor es tu red de contactos más probabilidades tienes de encontrar empleo, que destaques tus fortalezas en tu currículo, que prepares las entrevistas de trabajo hablando con seguridad de lo bueno que hay en ti y algo que me ha hecho mucha gracia: “no prometáis cosas que no podáis ofrecer” que se refería a no presumir en de habilidades que no se tienen realmente porque luego no podrán desempeñarse, pero que me ha parecido buena filosofía de vida en general: “no prometas aquello que no estés dispuesto a cumplir”.

Después he tenido una interesante conversación con Rosa que ha querido convencerme de las excelencias de emprender, de auto emplearse, de no tener un jefe, de disponer del propio tiempo y crear un proyecto personal, sin éxito, eso sí, porque, como bien reza el título de esta entrada: “NO QUIERO EMPRENDER”. No digo que no esté abocada a ello sin remedio, que una abogado, de casi 42 años, habiendo trabajado más de 10 para la UGT y estando tan significada políticamente en el PSOE, lo normal es que no me dé trabajo nadie y que tenga que ejercer por mi cuenta, pero querer, no quiero.

Finalmente he estado recibiendo buenos consejos de Mª Jesús, que ha comprendido rápido que no quiero emprender y que tengo una red importante de contactos pero quizás infrautilizada en el que debería ser mi principal objetivo, encontrar empleo. Es quizás en esta media hora con ella en que he comprendido que no he buscado trabajo de forma sistemática, ni organizada, ni poniendo todos mis recursos en ello, sino más bien como algo que había que hacer, como una obligación y sin ninguna esperanza en que diera frutos.

Tal vez la culpa de este pesimismo o esta falta de fe en el futuro la tengan un exceso de información, este contacto diario con la realidad, cierta dosis de escepticismo contagiado por aquellos que saben algo más que la mayoría y la experiencia de tiempos pasados, pero lo cierto es que hoy he decidido darle una oportunidad al futuro, darme una oportunidad a mí misma y ponerme a la tarea de encontrar un trabajo con el que seguir sacando adelante mi proyecto de vida, mi familia, mi hogar.

Aquí os dejo el enlace a mi Linkedin, donde está mi currículo y si alguno sabe de un sitio donde necesiten una abogada o una técnico en prevención, o alguien con ganas de trabajar, de aprender, de arrimar el hombro, me dais un toque, hoy por ti y mañana por mí.

¿GENTE NORMAL O CASTA?

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En los años 90, en Barcelona, yo trabajaba en una empresa de cimentaciones especiales desde las nueve de la mañana y hasta las siete de la tarde con un montón de tiempo perdido para comer que aprovechaba para pasear por el Exaimple barcelonés y conocer sus joyas arquitectónicas y que me sirvió para aprender a estar sola, a disfrutar de un tiempo de silencio y meditación.

Cuando terminaba en la oficina iba a la facultad de derecho, como me perdía las primeras horas, los compañeros que me pasaban los apuntes me dejaban las últimas para mí por lo que salía de clase a las nueve o las diez de la noche, dependiendo del día. Como vivía a una hora de la universidad imaginad a qué horas llegaba a casa, solo para cenar y acostarme rápido que había que madrugar.

Mi marido trabajaba en Zona Franca en una fábrica de coches por lo que el autobús de la empresa le recogía en nuestro barrio, un barrio obrero de la periferia a las cinco y media de la mañana. Cuando él se iba yo estaba durmiendo, una hora después me levantaba para desayunar y acudir a mi curro. Sobre las seis de la tarde, el autobús de la empresa volvía a dejarle en el barrio pero a esa hora yo estaba aún trabajando o si era viernes y tenía la tarde libre, en la facultad, apenas si nos veíamos.

Entonces no había móviles, internet, whatsapp por lo que en el descanso de clase yo corría a la cabina de teléfonos para poder hablar con él cinco minutos. Como mi aula tenía los asientos corridos y una mesa para todos, si no estaba sentada en el extremo, saltaba corriendo por la mesa para que me diera tiempo a cruzar la Facultad, llegar al teléfono, hablar cuatro palabras con él y volver a tiempo del inicio de la siguiente clase.

Ayer, cuando vi a los diputados salir corriendo para no perder el último tren o avión después de realizar la última votación, tras doce horas en el Congreso y toda la semana en Madrid me acordé de aquellas carreras que yo me daba por la Facultad hasta el teléfono y las que me daba a las diez de la noche por la Diagonal para no perder el autobús y llegar a mi casa después de quince horas de jornada antes de que mi marido se hubiera acostado.

Reivindicamos que queremos políticos como nosotros, gente normal con problemas de gente normal, que nos comprendan porque vivan y sientan como nosotros y cuando nuestros políticos hacen lo que cualquiera de nosotros, nos escandalizamos. Ayer las carreteras de Madrid se colapsaron con toda la gente que salía de puente, esta mañana ha pasado tres cuartos de lo mismo. Y sí, es verdad que hay mucho paro y gente que no puede salir, yo misma me encuentro entre ellos. No he viajado este puente porque en noviembre vienen los pagos del segundo plazo de hacienda y la economía familiar, mermada por el paro, no llega para viajes de placer. Pero no está en mi ideario socialista querer igualarnos a todos en la miseria sino todo lo contrario, volver a gobernar pensando en la gente, para los más desfavorecidos, sin recortes austericidas, ni privatizaciones de lo público en beneficio de los amigos.

Ya había escrito alguna vez aquí en ese sentido, lo absurdo que es hablar de casta política, de que están fuera de la realidad, de que no pisan la calle y luego, cuando, por ejemplo en twitter, se relacionan como personas normales les lapidamos y buscamos tres pies al gato de cada comentario, de cada palabra, haciéndoles huir del ámbito público. Con lo que sucedió ayer pasa algo parecido. ¿Qué mal hay en querer dormir en casa, con los tuyos, después de llevar días fuera? ¿Hubiera cambiado en algo el sentido de la votación por quedarse sentados y firmes hasta que sonara la campana? Ya os digo que no, que lo grave que sucedió ayer no es que un grupo de gente, padres y madres de familia, maridos, esposas, hijos, amigos, evitaran perder el último avión o tren, lo grave que ocurrió ayer es que la mayoría absolutísima del PP se cargó el Sistema Público de Pensiones impunemente y sin que hoy estamos todos afeándoselo sino discutiendo si son galgos o podencos.

Hemos perdido otra batalla, vamos perdiendo la guerra y mucho me temo que de seguir así, jamás recuperaremos todos los derechos perdidos en tan solo dos años. ¡Qué pena tan grande!

COSAS DE MARTU EN LAS REDES SOCIALES

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Aviso para navegantes, esta entrada no va de sesudas reflexiones sobre el mejor hacer y proceder en las distintas redes sociales ni tampoco de consejos en plan gurusa o gurulesa, que no sé muy bien cómo definir el liderazgo de una mujer en la red, sino de cómo procede servidora ante algunas situaciones que se dan más que frecuentemente en ellas.

Ya os adelanto que tampoco es nada especial, mi personalidad virtual se parece bastante a mi personalidad real aunque no son miméticas. Me gusta decir las cosas claras, por derecho y en público, como me gusta que me las digan a mí. Prefiero afrontar los problemas encarándolos que dejando pasar el tiempo, que el tiempo lo pudre todo. No soy rencorosa peor no olvido los agravios más que nada para evitar que vuelvan a producirse. Si me has ayudado alguna vez sabes que me tienes para lo que necesites. Si hemos combatido juntos jamás te sentirás solo en una batalla.

Empezaré por Twitter y algunas cositas que no hago, por ejemplo, mantener conversaciones por DM sobre principios y valores, sobre mi opinión en temas del momento o sobre las discusiones que se estén dando en abierto. Todo lo que tengo que decir de cualquier tema público, lo hago en público y no mantengo conversaciones privadas sobre temas privados salvo con amigos.

Tampoco devuelvo follows automáticamente porque sigo a la gente que me apetece o que me llama la atención por algo. No suelo hacer #ff porque se han pervertido, solo sirven para automimarse los colegas y no para recomendar gente interesante de cara a nuevos usuarios. Paso de los tweets buenos días, buenas, tardes, moláis mil, masivos que meten en el mismo saludo a gente que no se puede ni ver, yo saludo al entrar para sepáis que estoy y me despido al irme, que es lo que se viene denominando, buena educación.

Seguiré con Facebook, por ejemplo, no acepto etiquetas en fotos en las que no aparezco. Si quieres que un cartel, foto, composición o lo que sea tuyo aparezca en mi muro, etiquetarme en ella es tiempo perdido, negaré la publicación y borraré la etiqueta. Al igual que en Twitter, no converso en privado, ni por chat, ni por mensajes. Si quieres darme un recado, pedirme un favor o contarme algo, vale, pero discusiones políticas solo las sostengo en púbico.

No facilito mi teléfono salvo a gente que conozco personalmente o que viene de parte de algún amigo, pero te daré mi email encantada si quieres contarme algo o pedirme que colabore en algún proyecto y a partir de ahí, ya veremos. No busco amigos en la red, ni mucho menos una relación que ya tengo mi santo al que adoro y que hace que mi vida merezca la pena.

Terminaré con Whatsapp, aborrezco los grupos, tanto los de trabajo, como los de amigos. Los de trabajo no funcionan por varios motivos, uno de ellos es que siempre acaba alguien colgando tontunas, fotos, chistes y desbarrando con lo que hace perder el tiempo a los demás; otro es que al final algún Judas acaba contando fuera lo que se trata dentro con lo que la indiscreción está casi garantizada. Los de amigos, salvo para organizar temas puntuales, que sí son la mar de útiles, acaban siendo un delirante chorizo de frases absurdas, chistes privados que no entiende la mayoría, gente que entra una vez al día y no consigue seguir el hilo, saltos en el tiempo, idas y venidas, un sin dios.

En general, en las redes sociales, como en la vida diaria, hay gente maja, hay gente rara y hay mala gente. Son tan difíciles de reconocer a simple vista en la red como lo son en la calle, en el curro, en la escuela o en un bar. La mejor manera de no llevarse disgustos es ser razonablemente prudente. Ni todo lo que escribo es verdad, ni todas las cosas que cuento que estoy haciendo tienen por qué estar sucediendo en ese momento, ni falta que os hace saber qué, cómo, cuándo y con quién hago según qué cosas. Un poco de misterio es más divertido.

COSAS QUE ME DAN PEREZA INFINITA EN TWITTER

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Antes de empezar quiero dejar claro que yo no soy experta en redes, para eso, como para todo en la vida, hay que estudiar, formarse, trabajar y valer, y no es mi caso. Mi tiempo para la formación se lo dedico al Derecho, que para eso soy abogada y por tanto, lo de las redes es una afición, luego todo lo que escriba a partir de ahora serán mis apreciaciones personales sin mayor valor científico.

Todo lo que hago en la red, mi perfil, la imagen que los demás tienen de mi, eso que los expertos llaman la huella digital, es fruto de mi experiencia y mi intuición, no he hecho ningún curso, ni he leído ningún libro sobre la materia y apenas si ojeo por encima los artículos que recomiendan mis gurús de cabecera.

Con formación o sin ella, hay varias cosas que me dan una pereza infinita cuando las veo y que os voy a contar porque hace días que no tengo ganas de escribir de política y este me ha parecido un tema tan interesante como inocuo:

 1.- Repetir hasta la saciedad la misma noticia, enlace, acontecimiento, o lo que sea, incluyendo cada vez a distintos usuarios no solo no consigue captar mi atención y que reutietee el asunto, sino que a la tercera vez que veo pasar el link por mi timeline me conjuro para no abrirlo bajo ningún concepto. Briconsejo, si me mandas un DM pidiéndome ayuda o difusión del asunto, es mucho más fácil que te haga caso que si me abrasas a citas con todo lo que se te pasa por la mente.

 2.- Discutir con discutidores profesionales. A poco tiempo que llevéis por la red del pajarillo ya habréis visto que hay gente experta en meterse en cualquier conversación y reventarla por aburrimiento. Tienen además el vicio de ir incluyendo usuarios en el marrón para que llegue un punto en que apenas puedas poner 30 o 40 caracteres porque los demás están ocupados por la ristra de co-discutidores. Paso enormemente de estas jaulas de grillo y os recomiendo hacer lo mismo, no aportan nada y te descolocan los chacras, el chi y el aura.

 3.- Conseguir seguidores a costa de seguir a miles de personas. Esto no es una competición, a todos nos gusta que nos lean porque nos engorda el ego, que es una de las cosas más satisfactorias de la vida, pero no merece la pena seguir compulsivamente a todo lo que se mueve a la espera del follow back. Por no hablar de que un timeline con miles de personas es ingobernable, os lo digo por experiencia, el mío ya está tomando tintes de barullo insoportable y eso que he ido colocando a la gente en listas.

 4.- Seguir a alguien para que te siga. Otra tontada, primero porque yo no siempre me entero de que alguien me sigue, depende de a través de qué aplicación entre y con cuanto tiempo lo haga, veo o no, si tengo nuevos seguidores. Segundo porque no devuelvo un follow porque sí, miro la biografía y si es socialista casi tiene me tiene ganada, pero también echo un ojo a los últimos tweets que ha puesto, sin son cansinos, me contengo, que ya tengo saturado el timeline.

 5.- Soportar estoicamente aquellos que te insultan, que te atacan, que te dan la brasa mortal porque como son seguidores, si los borras te dejarán de seguir. Pues muy bien, tanta paz lleven, como descanso dejan. De verdad, es mucho mejor tener pocos seguidores de calidad que un montón de plastas, trolls, resentidos, cansinos y demás flora y fauna que anda por aquí.

6.- Apuntarse a toda moda, iniciativa o hahstag que surja. No pongo mi foto del Revés, no me pongo la bandera de Chiquitistán, no repito hastag que me hacen sentir vergüenza ajena de quien los haya propuesto, no hago dibujos artísticos con los 140 caracteres… llamadme estoica pero me gusta que la gente me reconozca rápido por la foto de mi perfil y que sigan pensando que no he perdido del todo el juicio apuntándome a cosas infantiles, faltonas o zafias. Soy así de rancia, qué le vamos a hacer.

 7.- No hacer ni caso de todo lo leído anteriormente. Eso es lo que hago yo porque es mi naturaleza, que no tiene por qué coincidir con la vuestra y que no garantiza, ni mucho menos, el éxito. Esto de twitter es para pasárselo bien, para comunicarse con otros, para informarse de cosas que a uno le interesan, para compartir con otros aquello que nos inquieta y hasta para conocer gente, pero desde luego, no hace falta tomárselo tan en serio, ni siquiera tomarnos a nosotros mismos tan en serio.

EN TIERRA DE NADIE

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Hace varios meses que vengo rumiando esta entrada, que por tocar asuntos delicados voy dejando en el cajón de los borradores sin animarme a completarla, pero en vista de que las cosas son como son y no como nos gustaría que fueran, me enfrento a este folio en blanco que sin duda me va a costar llenar de palabras.

Quién soy yo o cómo pienso dentro y fuera del Partido es de sobra conocido por todos los que tenéis la deferencia de seguirme en las distintas redes sociales en las que participo activamente y, sobre todo, los que me leéis en este MartuBlog que me sirve a la vez de terapia y desahogo.

Creo poder afirmar, que en este tema concreto, pienso y obro igual desde hace ya casi tres años, justo desde el momento en que en la cima del Teide envié un SMS a Maru Menéndez poniéndome a su servicio y al de Tomás Gómez, cuando éste último fue llamado a Moncloa por José Luis Rodríguez Zapatero para que diera un paso atrás como Secretario General de los socialistas de Madrid y permitiera presentar como candidata a las elecciones autonómicas a Trinidad Jiménez.

Hasta esa fecha no había hablado con Gómez pero el paracaidismo va en contra de todo lo que yo defiendo en este Partido y los madrileños ya habíamos pasado por la mala experiencia de presentar a Jiménez a las elecciones municipales, nada menos que a la capital de España y que tras su derrota, que nos dejara a media legislatura para ocuparse de mejores menesteres encargados por Zapatero.

Una vez conseguida la victoria en las Primarias, seguí trabajando leal y desinteresadamente, es decir, sin cobrar un euro, como hace la mayoría de la militancia de este Partido, para intentar que Tomás Gómez ganara las elecciones del 22 de mayo de 2011. No fue posible, el tsunami que se llevó por delante Gobiernos autonómicos emblemáticos como Castilla La Mancha o Extremadura, también ahogó las esperanzas de los socialistas de Madrid.

Ello no fue óbice para seguir colaborando activamente con Gómez, máxime cuando teníamos en ciernes el Congreso Regional de Madrid, para el que sus detractores se habían aglutinado en torno a Pilar Sánchez Acera. Ese Congreso también lo ganamos y abrió una época de cierta calma, tanto interna como externa, al no haber procesos electorales a la vista y también marcó un cambio, Gómez, en su legítimo derecho, como Secretario General del PSM conformó sus equipos de trabajo en los que no estaba yo y por tanto era mi obligación dar un paso atrás y ceder protagonismo a sus elegidos.

Jamás he hecho una crítica externa a nada de lo hecho o dicho por ningún miembro de la Ejecutiva de Gómez, no hay una sola letra en mi MartuBlog criticándole, esté o no de acuerdo con todo lo que se hace. Sí he dado mi opinión en el órgano interno del que soy miembro y me faculta para ello, el Comité Regional, pero como sus deliberaciones son secretas, lo dicho allí dentro por mi parte, allí dentro se quedó.

Esto ha sido considerado por el núcleo duro del tomasismo como alta traición (sic). Creedme si os digo que no me preocupa, me da pena que algunos recién llegados y otros que navegaron entre dos aguas hasta decantarse por el caballo ganador, hoy repartan carnés de buenos socialistas de Madrid. Pero esto sucede en todas los grupos de seres humanos desde que el mundo es mundo y no merece la pena sufrir por ello.

Para fundamentar aún más mi traición, estos puristas de la cosa, arguyen que no soy lo suficientemente crítica con Ferraz, que no ataco despiadadamente todo lo que propone Alfredo Pérez Rubalcaba y que ando conniventemente con el enemigo. Ni que decir tiene que para mí, un socialista jamás es un enemigo y esto se lo he oído decir al propio Gómez en innumerables ocasiones.

Si un compañero, el que sea, propone algo interesante, lanza una iniciativa que considero ajustada a mis principios y valores, lucha contra una injusticia, estaré a su lado, sea de la corriente que sea, apoye o haya apoyado a cualquier candidato en el pasado, me caiga mejor o peor en lo personal, así soy yo y ya estoy muy mayor para cambiar. No voy a mirar quién ha lanzado un tweet antes de retuitarlo, no voy a comprobar quien firma una columna antes de darla difusión en las redes, me niego.

Desde aquí agradezco que socialistas de relevancia como Oscar López o Elena Valenciano me hayan recibido, hayan escuchado mis propuestas y me hayan permitido expresarlas en foros tan interesantes como el Diálogo celebrado en Oviedo hace pocos días. ¿Quiere esto decir que estoy de acuerdo con todo lo que hace Ferraz? En absoluto. No hay más que ver mi intervención en Asturias y mis múltiples escritos anteriores y posteriores. El Modelo de Partido que yo defiendo no es fruto del arribismo o la oportunidad sino del convencsimiento de que sería lo mejor para esta organización que tanto amo, puedo estar equivocada pero no estoy en venta.

Lo que riza el rizo de esta sin razón es que para el núcleo duro del federal, que talibanes los hay en ambas orillas, yo soy una tomasista acérrima y todo lo que hago o digo lo hago para dañar a Alfredo y por ende al Partido Socialista y para que Gómez me de un trabajo, un cargo, o qué se yo.

Esto me deja en una suerte de tierra de nadie, para los tomasistas no paso la prueba de pureza y para los federalistas siempre seré una peligrosa disidente de Madrid, pero os voy a confesar algo, a vosotros que siempre me leéis, yo soy martunikista, lo soy desde el día que nací y creo que lo seré hasta el día que me muera, al que le guste, bienvenido, al que no, puerta, camino y mondeño.

PD. He colaborado con Cádiz Noticias en la lucha contra la violencia de género. SI MATAS A UNA, NOS MATAS A TODAS, NOS MATAS A TODOS

Tristeza infinita

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Hoy ha fallecido José Luis Sampedro, una de las mentes más preclaras de los últimos 1000 años que dijo hace poco “Hay dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres”. Defensor incansable de la clase trabajadora, de la libertad, de la democracia, de los más desfavorecidos y de los principios y valores de la izquierda. Hoy todos los progresistas, los humanistas, nos sentimos un poco huérfanos por la pérdida de un referente, pero para mí, tenía además una historia añadida que hace que sienta una tristeza infinita.

 Mi santo y yo, mi famoso santo, debería decir y yo, nos llevamos 17 años de diferencia. No lo parece porque a ambos da gloria vernos, pero esa es la realidad de nuestras partidas de nacimiento. Al principio, ese era un tema que le preocupaba, sobre todo a él y a la mayoría de los que nos conocen, he de confesaros que no a mí, ni la mente ni el corazón tienen edad.

 Para hacer menos solemne  el asunto de envejecer juntos y en tan dispares fechas, empezamos a especular con lo que haríamos cuando fuéramos mayores, él mucho más que yo y la broma siempre era que le compraría la mantita de cuadros más bonita y suave de la tienda, que le contraría una enfermera pechugona, ese sí, a cambio de tener yo un fornido profesor de tenis… tontunas así.

Un día vimos en la televisión, bajar de un avión a Sofía Loren, tan espléndida ella a cualquier edad y de su brazo, a su marido Carlo Ponti, un anciano frágil y vulnerable pero firmemente asido a ella y yo exclamé: “así seremos tu y yo amor, iremos juntos a todas partes y yo seré una jamona y tu un apuesto anciano” ya os digo que gracia, a mi santo, no le hizo ni pizca, pero yo lo decía de corazón, con envidia. Ponti tenía 95 años cuando murió y Sofia, sólo 67, pero conformaban una pareja que siempre evoco como una aspiración de futuro, juntos y queriéndose hasta el último día.

Después descubrimos a Vicente Ferrer, de cuya Fundación somos parte, tenemos apadrinada una niña de Anantapur (India), que junto a su mujer Anna realizan una labor encomiable en una de las zonas más desfavorecidas del mundo y con uno de los grupos humanos más pobres de entre los pobres, la casta de los Dálits o intocables. Al verlos unidos, pese a los 27 años de diferencia, trabajando mano a mano en un proyecto formidable, se convirtieron en otra de mis parejas de culto. Cuando Vicente murió tenía 89 años y su mujer Anna 62, pero habían trabajado juntos en un sueño hasta el final y solo por eso se quedaron clavados en mi memoria.

Finalmente, en una maravillosa entrevista de televisión, conocimos a José Luis Sampedro y su mujer Olga Lucas. Él un hijo del régimen que descubre tardíamente que lo que le inculcaron no era lo que decían, no en vano afirmaba: “En abril de 1939 comprendí que no habían ganado los míos. Ni los unos ni los otros eran los míos”. Ella hija de exiliados de la Guerra Civil española, sus padres conocieron el horror de los campos de refugiados en Francia. Entre ambos 30 años de diferencia física, ninguno de diferencia intelectual, ellos luchaban por la misma causa, miraban con los mismos ojos indignados, soñaban con el mismo corazón valiente. Y ahora que él ha muerto, con 96 años, que parecen pocos, Olga se queda aquí, con sus 65.

Y entonces yo me pregunto, ¿cómo se hace para empezar otra vida en la frontera de los sesenta y algunos años, después de haber compartido la tuya con un hombre excepcional y un amor inmenso? Por eso hoy, más allá del intelectual, del hombre de letras, del referente, yo pienso en su mujer, en lo corta que es la vida por larga que esta sea y me acuerdo de Sofía y de Anna y me quedo con mi tristeza infinita.