Anuncios
Canal RSS

Archivo de la etiqueta: Martu

10 COSAS QUE…

Publicado en

Hoy estoy tan empachada de Catalunya y tan fatigada de mi pelea con el PSOE para que respete mi derecho a la Libertad de Expresión y no me expulse tras abrirme expediente disciplinario, que voy a escribir sobre 10 cosas que no sabéis de mí, o quizás sí, yo que sé, si os lo cuento todo, para desesperación de mis críticos y solaz de mis fanes.

PRIMERA. Hago autodefinidos en el WC, ya sé que es de lo más vintage en estos tiempos en que todo el mundo se lleva el móvil al excusado. Sí, no os hagáis los escandalizados que si vuestro móvil o tablet hablaran, nos contarían que han visto cosas que jamás creeríamos. Yo también lo llevo, pero lo cierto es que mi preferencia son los autodefinidos. Debe ser porque en casa de mi abuela y de mi madre, siempre hubo crucigramas, sopas de letras y demás pasatiempos con su correspondiente boli en el bidé o encima del cesto de la ropa sucia y ya sabéis que lo que se aprende de pequeño, se queda para toda la vida.

SEGUNDA. Lloro, lloro mucho, y con esto de ir cumpliendo años la cosa se está volviendo un tanto patética. Lloro con las noticias, con un anuncio emocionante, con una victoria deportiva, con una peli dramática. LLoro de impotencia, lloro de pena, lloro de alegría, lloro de risa, lloro de amor y de desamor. Nunca es que me haya importado mucho salir del cine con los ojos como pimientos morrones o emocionarme en un mitin lleno de compañeros y compañeras, pero ahora es que casi lo considero un orgullo, esta capacidad de sentir pese a haber superado la cuarentena.

TERCERA. Tengo mil manías, casi rozando el Trastorno Obsesivo Compulsivo, que se me exacerban cuando estoy nerviosa, cosas como tener que ponerme siempre el calcetín derecho antes que el izquierdo y el zapato derecho también antes que el izquierdo; o comprobar antes de acostarme que he echado la llave de la puerta de casa, hasta el punto de tener que levantarme de la cama si dudo; o tocar un botón si veo un pelirrojo, o contar los platos y colocarlos por colores cuando friego; o tender la ropa con pinzas iguales en cada prenda… una auténtica loca, lo sé. Eso sí, descubro compañeros de tara a simple vista, es un don.

CUARTA. Soy negada para la música, tengo un oído enfrente del otro por lo que canto como un gato agonizando, no doy una nota en su sitio y bailo de pena, lo que me da muchísima rabia porque me encanta cantar y bailar, oigo música a todas horas, para cualquier actividad, cuando estudio, cuando corro, cuando limpio la casa, cuando preparo una demanda, cuando…,

QUINTA. Creo en el amor, creo que cualquier locura que se haga por amor merece la pena haberla hecho. Creo que hay que vivir por amor y morir por amor. Que es más importante tener un amor que te caliente el corazón que una cuenta corriente que te caliente el bolsillo. Que es mejor amar y equivocarse y sufrir que nunca haber amado. Y por fortuna he amado y me han amado y sigo amando y me siguen amando.

SEXTA. Siempre he votado al PSOE, en todas y cada una de las elecciones en que pude hacerlo, la primera de ellas en Catalunya en el año 1991 hasta estas últimas municipales y autonómicas del 2015, salvo en una ocasión… Y no, no ha sido esta última pese a todo, sino cuando decidimos poner a Cristina Almeida como cabeza de lista del PSOE a la Comunidad de Madrid en el 99, como si no hubiera socialistas de Madrid capacitados para liderarnos…

SEPTIMA. No me gustan los perros, adoro los gatos, pero no es que prefiera los gatos a los perros, es que no soporto a los perros. Los grandes me dan miedo, los pequeños repelús. En general, huelen mal, a perro, que es el algo que me desagrada profundamente y además son tan buenos, tan leales, tan dependientes, tan cansinos… No me gustan.

OCTAVA. De pequeña quería ser un chico, portero de fútbol, concretamente Arconada. Desde entonces me ha quedado gran afición por el deporte nacional y una gran querencia a la Real Sociedad, que da pocas alegrías y muchos disgustos, bueno, como el PSOE, soy una sufridora nata.

NOVENA. Cuando no puedo dormir amueblo casas. Sí, como un programa de reformas de Divinity, me imagino vuestras casas y cómo las cambiaría yo para que fueran mejores. Creo que es otra cosa de la infancia, como en mi casa no había pasta para redecorar nuestra vida, mi madre cambiaba los muebles de sitio cada cierto tiempo. Un día llegabas y el sofá estaba en la pared de enfrente, la mesa debajo de la ventana…

DECIMA. No veo películas de miedo porque me dan miedo. Están hechas para eso ¿no? pues yo me acojono mucho en cuanto empieza la musiquilla ratonera tengo que taparme los ojos y mirar por un agujerito entre los dedos, que así parece que da menos susto. Mi pobre santo sufre mis pellizcos y que le pregunte a cada momento ¿qué está pasando? porque yo no me atrevo a mirar. Un desastre.

¿Y qué, vosotros compartís algunas de estas cosas mías o soy la única rara por aquí?

Anuncios

EL SILBATO DEL TREN

Publicado en

Samsung 733A veces, cuando no estoy bien, cuando no tengo ganas de ver a nadie, de hablar con nadie, cuando estoy cansada de ser yo, de tener que estar a la altura de lo que se espera de mí, de llevar sobre mis hombros el peso de tantas cosas. Cuando lo míos no son tan míos, cuando ni yo misma soy de los míos, cuando el aire se vuelve espeso y no soporto estar entre cuatro paredes, me gusta ir a correr por el Parque del Humedal, aquí en Coslada, donde hace casi seis años está mi hogar.

Correr es un placer en sí mismo, más bien es un sufrimiento físico que amortigua el psíquico y que me devuelve la paz. Mientras corro apenas si puedo pensar en otra cosa que en seguir corriendo, en ignorar que me falta el aire, que me duelen las piernas, que arde el pecho, solo pienso en poner un pie delante del otro una y otra vez hasta que dejo de pensar.

Correr por cualquier parque es mucho más placentero que hacerlo por la ciudad o en la cinta de un gimnasio, no creo que haya que dar muchas explicaciones al respecto, mientras corres ves el cielo azul, las nubes, los árboles, las flores, sientes el viento en la cara, el calor del sol en la piel, hueles el aroma de las plantas, una orgía de los sentidos que unido a las endorfinas que genera tu cerebro al correr convierten la experiencia en un lujo para gentes de ciudad.

Pero si por algo me gusta correr por el Parque del Humedal es porque este pequeño edén transcurre paralelo a las vías del tren de Cercanías por lo que se puede acceder a él por diferentes pasarelas sobre las vías a lo largo de su extensión. Y es aquí, sobre estos enormes puentes de metal donde se produce bastante a menudo una pequeña historia, una anécdota, apenas una nimiedad que me hace particularmente feliz.

A menudo se ven padres con sus hijos pequeños subidos en el puente pendientes del paso del tren, cuando ven que se acerca saltan y agitan los brazos y gritan adiós y, pese a que esto se sucede a lo largo de todos los puentes casi todo los días, el maquinista hace sonar el silbato devolviéndoles el saludo, lo que los niños celebran gritando y aplaudiendo sonrientes porque el tren les ha visto y les ha contestado.

Siempre que lo veo pienso en ese maquinista, que trabaja muchas horas, en un habitáculo cerrado, solo y pasando cada día, varias veces al día, por los mismos sitios, los mismos paisajes, las mismas estaciones y casi la misma gente cogiendo el cercanías y que en lugar de estar aburrido o amargado, recupera al niño que todos llevamos dentro aunque lo hayamos olvidado y toca el silbado del tren a su paso para regocijo de la chavalería que le saluda desde arriba. Su simple gesto hace felices a los niños y me devuelve a mí la fe en el ser humano, siempre que oigo el silbato del tren saludando siento que aún hay esperanza, que las cosas pueden ser mejores, solo hace falta que queramos que sean mejores.

Quizás será porque tienen algo mágico los trenes, algo que nos hace pensar en aventuras por vivir, en lugares por descubrir, gentes que conocer, algo que simboliza el futuro, el avance hacia algo mejor del que es difícil sustraerse. Quizás será también porque tienen también un punto melancólico, casi trágico de despedidas en andenes solitarios, lágrimas derramadas al cerrarse las puertas del vagón, carreras en paralelo diciendo adiós con la mano… Quizás.

LA SOLEDAD ERA ESTO

Publicado en

Tomo prestado el título de un libro de Juan José Millás porque no ha dejado de venirme a la memoria en las últimas horas y voy a intentar explicaros a continuación por qué.

Una cosa que recomiendo a cualquiera que se quede en paro es madrugar. ¿Madrugar si no hay obligación? ¿Madrugar para qué? Os preguntaréis los más dormilones del lugar. Madrugar por diversas razones. La primera porque así seguiréis con el ritmo de vida de una persona que trabaja, que tiene unas obligaciones y un horario y todo será más fácil el día que tengáis que volver a hacerlo. Madrugar también para seguir el mismo ritmo que el resto de la familia, en mi caso, para ver a mi hija antes de irse a la Universidad, para desayunar con mi santo y poder charlar un rato viendo las noticias de lo que ha pasado en el mundo mientras dormíamos y sobre todo, para no despertarme a media mañana sola, sin nadie a quien dar siquiera, los buenos días. Madrugar para tener sueño por la noche y acostarme pronto, como hacen los que sí tienen que levantarse temprano, para seguir integrada en mi grupo familiar.

Otra cosa muy recomendable es hacer deporte, mejor en compañía que solo, y para ello, si uno se lo puede permitir, lo mejor es el gimnasio. Te obliga a levantarte del sofá, vestirte y salir a la calle y te permite ver gente, hablar con alguien. Además de los ya conocidos beneficios para tu mente y tu cuerpo que no hace falta que explique aquí, durante el tiempo que estés allí no estarás solo, podrás sonreírle a alguien, charlar de cosas intranscendentes como el tiempo, escuchar el sonido de tu voz. Si no, siempre se puede salir a correr o andar por el parque más cercano, aprovechar los aparatos para hacer gimnasia que ponen la mayoría de los Ayuntamientos y, si se tiene un poco de cara, al final se encuentra un grupo con el que acoplarse y disfrutar de la compañía.

Escribiendo esto me acuerdo de mi abuela, tiene 87 años por lo que lleva más de 20 jubilada y más de 10, viuda. Desde entonces convive con una perrita peludilla y muy chillona. A veces, cuando la llamo por teléfono al medio día, noto que tiene la voz ronca y preocupada de que esté enferma le preguntó qué le ocurre y la respuesta me deja estupefacta: “nada, que como estoy sola, estas son las primeras palabras que pronuncio desde ayer…” Otras veces me dice: “aquí estoy hablando con la perra porque si no se me va a olvidar hablar…”

Quizás la soledad es sin duda lo peor de estar en paro. Alguno dirá, lo peor es no tener ingresos, tiene razón, aunque en mi caso, los suple la prestación, que no es como mi anterior salario pero me permite sacar mi proyecto de vida adelante, al menos temporalmente. Por tanto, lo que añoro ahora que no trabajo, no es el salario, sino los compañeros de trabajo, la conversación sobre lo humano y lo divino, la colaboración intelectual en cualquier proceso creativo, y por qué no, las discusiones o pequeños piques que aparecen en cualquier colectivo humano.

Igual serán solo los primeros días, con el paso de las semanas me acostumbraré a pasar la mayor parte del día sola, disfrutaré los desayunos y las cenas en familia, procuraré aprovechar el tiempo libre para quedar con amigos a comer o a tomar café, no me importará charlar un rato con mi gato, que me mira con una cara tan interesada que me da la impresión de que entiende todo lo que le estoy explicando, aunque sea algo tan complejo como el presente del Partido Socialista. Igual, pero hoy solo puedo pensar: “la soledad era esto”.

¡ADIOS FERRAZ!

Publicado en

equipo

Cuando en enero me llamó Elena Valenciano y me ofreció formar parte de su equipo para la campaña electoral de las europeas de mayo, he de reconocer que me sorprendió y emocionó a partes iguales. Me sorprendió porque cualquiera puede ver lo tremendamente crítica que había sido con la primera etapa de Rubalcaba como Secretario General, su síndrome de Estocolmo como ex vicepresidente del Gobierno que le impedía dejar de pensar como un hombre de Estado y le hacía ofrecer pactos al PP, por el bien de España, una y otra vez.

Pero he de reconocer que también me emocionó, desde que tengo uso de razón he participado en las elecciones de mi Partido, repartiendo propaganda, contando votos y desde que en 2010 me sumé a la campaña de las primarias de Tomás Gómez para pararle los pies a los que habían decidido entrar en el Partido Socialista de Madrid para mangonearnos y colocarnos una cabeza de lista, haciendo de todo: fotos, artículos en mi blog, redes sociales… pero siempre desde el voluntariado, desde fuera de la organización, como activista, nunca formando parte del engranaje y esto, para cualquiera que lleve la política en las venas, que entienda el socialismo como una forma de vida, es un sueño hecho realidad, por lo que no dudé en contestar que sí pese a las muchas dificultades que entrañaba el asunto.

No negaré que ir a trabajar a Ferraz (Mordor para los amigos), después de haber sido una peligrosa tomasista, siempre enfrentada al poder del aparato me generaba un sinfín de dudas, pero, qué coño, socialismo o barbarie, dije que sí. Las mismas dudas que tenía yo las tuvieron unos y otros por lo que desde ese momento, para Madrid era una traidora que me vendía a Ferraz y para Ferraz una advenediza, el mejor de los escenarios posibles (ironía on).

Pasadas unas primeras semanas en las que constantemente me sentía como si caminara por un campo de minas con los ojos vendados. Trabajando con un montón de gente que parecía conocerme bien y a la que, en cambio, yo no conocía de nada. Pasó lo que suele suceder en la vida, que ni todo es blanco, ni todo es negro, ni unos son buenos y los otros malos, ni yo soy mi personaje en la red y de manera natural me encontré trabajando con un grupo de gente estupenda, socialistas como yo, que se dejaban la piel para tratar que Elena Valenciano ganara las elecciones europeas.

Independientemente del resultado final, en estos 5 meses he disfrutado mucho, he aprendido mucho y me llevo conmigo el cariño y el respeto de compañeros a los que he visto reír, llorar, sufrir, enfadarse, venirse abajo y recuperarse al punto. He trabajado durante horas bajo presión y el grupo siempre ha permanecido unido, en el momento crítico alguno soltaba una parida y las carcajadas hacían salir la tensión acumulada. Compañeros que, como yo, son y se sienten socialistas, creen en el PSOE y quieren lo mejor para el Partido, aunque en ocasiones no coincidamos en el modo de lograrlo. No sé qué nos deparará el futuro a ninguno de nosotros, pero lo que sí tengo claro es que cualquiera de ellos puede contar conmigo para lo que necesite siempre. Gracias, sois estupendos.

Me guardo el final para Elena. La primera vez que hablé con ella fue en una comida que organizó junto con Beatriz Corredor y a la que invitaron a los activistas en red más díscolos para convencernos de la idoneidad del “militante en red, o virtual” ni que decir tiene que fracasó estrepitosamente en ese intento; la segunda vez fue otra comida, esta vez en Ferraz y a la que fuimos invitados Franesco (que excusó su presencia porque estaba enfermo) Sotillos y yo, como dijo Oscar López, el tridente del PSM y en la que nos pidió colaboración para la Conferencia Política con la que éramos muy críticos porque no era la Conferencia de Organización mandatada por el Congreso de Sevilla. Aquí su éxito también fue escaso, al que tenga curiosidad puede ver mi intervención en el Diálogo de Oviedo pidiendo cosas que hoy estamos viviendo como la elección del Secretario General por toda la militancia. Después comimos otra vez junto con la compañera Aida, guerrista de pro, para charlar sobre lo humano y divino, sobre el pasado, presente y futuro del socialismo, solo porque nos apetecía. Y desde entonces mantuvimos una relación de amistad como con otros muchos compañeros del Partido con cargos de mayor o menor relevancia.

Hoy, considero a Elena una amiga y no porque me haya dado la oportunidad de trabajar en la campaña estos meses, se lo agradezco porque ha sido una experiencia única, pero lo que de verdad me hace considerarla especial fue su papel activo en mi defensa cuando sufrí el despreciable ataque machista de Diego Cruz llamándome puta en su blog y el posterior acoso al que me sometió en la red. Defensa que no hicieron otros/as que se denominaban mis amigos, que presumían de quererme y de estar a mi lado siempre. Por eso y porque es un ser humano excepcional, gracias Elena y me tendrás a tu lado para lo que necesites.

 Fin de una gran experiencia, ¿qué me deparará ahora el destino? Ya os lo iré contando.

NOSTALGIA

Publicado en

nostalgia

Dice nuestra Real Academia Española que la nostalgia es la pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos. Y también una tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

Me gusta esta segunda acepción, tristeza melancólica que te causa el recuerdo de la dicha perdida, de la felicidad que se escapó, de los momentos maravillosos que ya nunca volverán. Me recuerda a la canción de Sabina, “Peces de ciudad” que dice en un momento: “en Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”, qué gran verdad y qué poco caso hacemos el común de los mortales.

Sobre la nostalgia se han escrito y se han cantado las cosas más bonitas y tristes, sobre todo referidas a esta segunda acepción, la tristeza de la pérdida del objeto de nuestro amor, mi favorita “nostalgia” cantada por Diego El Cigala “hermano, yo no puedo rebajarme, ni pedirle, ni rogarle, ni decirle que no puedo más vivir, desde mi triste soledad veré caer las rosas muertas de mi juventud”.

Sin pronunciar la palabra pero abrazando el concepto con una fuerza y sentimiento difíciles de igualar me viene a la memoria “Hoy tengo ganas de ti” de Miguel Gallardo que entre otras perlas maravillosas dice: “Quiero apagar en tus labios la sed de mi alma y descubrir el amor juntos cada mañana, hoy tengo ganas de ti, hoy tengo ganas de ti”.

En la poesía, como os decía antes, también se han ocupado largamente de la nostalgia y aquí quiero destacar la magia de las palabras de Benedetti en un poema titulado precisamente “Nostalgia” y que tras enumerar cosas que podrían evocar ese sentimiento termina con una sentencia de muerte: “la válida la única nostalgia es de tu piel”.

No es necesario estar triste, abandonado o deprimido para sentir nostalgia, se puede ser perfectamente feliz, disfrutar de la persona amada, de una vida cómoda y sentir nostalgia de la nostalgia misma. Eso me pasa a mí en ocasiones, que añoro aquellos viejos malos tiempos en los que moría de amor, como cantaba Miguel Bosé: “yo no sé muy bien qué es lo que está pasando, tengo seco el corazón y es de haber llorado tanto. No me quedan más que dos o tres recuerdos, una carta, alguna flor, un adiós muy corto y un te quiero”.

Porque existe un especial placer en el dolor, ese regodearse en la pérdida del amor y sufrir por lo que pudo haber sido y no fue, un ratito, eso sí, luego se enjuga uno las lágrimas, se pinta la sonrisa de carmín y sale a la calle a vivir la vida loca. La verdad es que, esa bis dramática que yo tenía en mi mocedad se me ha curado con los años, lo que es muy de agradecer porque ser tan intensa es agotador, pero en días como hoy, días raros de primavera, sin motivo ni razón, me posee la nostalgia, nostalgia de mi misma.

PD: Os dejo aquí mi columna de los jueves en Diario Progresista IRA ET IGNIS

MAÑANA ES MI CUMPLEAÑOS

Publicado en

Nacer el 14 de febrero tiene sus ventajas, casi nadie se olvida de tu cumpleaños porque ya se encarga el Corte Inglés, los anuncios de perfumes y toda la parafernalia de brillantes corazones rojos de recordarte la efeméride y también tiene algún inconveniente, no solo ese de que te quedas sin un regalo porque, aprovechando la coyuntura, tu pareja te hace uno doble, sino porque no hay manera de cenar para celebrarlo, están los restaurantes llenos de parejas pastelosas y menús edulcorados.

A mí me encanta que sea mi cumpleaños, desde pequeña y ahora que estoy a punto de cumplir los 42 y convertirme en una señora de mediana edad, me sigue haciendo ilusión el día de mi nacimiento. Y como me encanta siempre lo celebro por todo lo alto. Cuando era pequeña con unos fiestones que me organizaba mi padre que eran famosos en el colegio y ahora con unos fiestones que me organizo yo sola que son famosos en el mundo mundial.

Algunos pueden pensar que lo que me gustan son los regalos, pero os aseguro que son lo de menos, lo que me hace feliz es agasajar a los que más quiero, a los que me importan y a los que importo con buena comida y mejor bebida, con mis famosas croquetas –llevo llenando el congelador desde diciembre para que mis invitados se harten-; con las no menos reconocidas tortillas de patatas de mi santo, las más ricas que he comido en mi ya larga vida; con tartas de las que se encarga mi albóndiga –de queso, de brownie, de chocolate con galletas- que le salen para chuparse los dedos y con todo tipo de bebidas espiritosas para ayudar a la digestión.

Para esto del cumpleaños, yo, soy muy mía, de siempre he apuntado en una figurada “libreta negra” a aquellos que se olvidan de felicitarme, a los que siendo del círculo íntimo ese día se despistan sin querer o deliberadamente. Una vez apuntado en la libreta negra, ese año estarás condenado al ostracismo, no te felicitaré en tu cumpleaños, no te haré regalos de Navidad, estarás en el rincón de pensar hasta el siguiente 14 de febrero. No es una amenaza, es una advertencia…

Por fortuna, mi santo, que es un santo, como su propio nombre indica, cumple el 19 de febrero y también gusta de celebrar su cumpleaños, no es de esos amargados que cuando llega la fecha tratan de pasar desapercibidos, no se lo dicen a nadie y no se pagan ni una ronda de vasos de agua con una ración de palillos. No, él es como yo, de los que le gusta celebrar y compartir y está encantado de llenar la casa de amigos con los que comer, beber y brindar a nuestra salud.

Esta afición mía tiene una cara negativa, que nunca me han hecho una fiesta sorpresa porque un mes antes de mí cumpleaños ya estoy yo mandando invitaciones por Facebook, por Whatsapp, por los clásicos SMS, llamando por teléfono y lo que haga falta para que mis amigos se guarden esa fecha en el calendario. Igual podríais plantearos darme una fiesta en otra fecha cualquiera, por el gusto de sorprenderme, digo yo…

Ahora, con las redes sociales que te chivan los cumpleaños, es fácil quedar bien, hasta cuando se hace por compromiso. A la contra, en mi caso, es una locura porque me felicitáis cientos de vosotros, que da gloria compartir espacio virtual con gente tan salerosa, y aunque intento agradecer todas y cada una de las felicitaciones, siempre se me escapa alguna, ya os voy danto las gracias por adelantado y os pido perdón de antemano si no alcanzo. Gracias por estar ahí.

PD MI COLUMNA DE LOS JUEVES EN DIARIO PROGRESISTA: HIPOCRESÍA

PASÓ 2013

Publicado en

El año pasado por estas fechas escribí en este mi querido #MartuBlog ¡ADIOS 2012! Una entrada triste, que hablaba de decepción, traición, desengaño y tristeza. En ella dejaba claro que nada esperaba para este 2013, no era pesimismo sino simple y llana objetividad, sin trabajo ni previsión de tenerlo, sin perspectivas ilusionantes en el horizonte, sin ganas de volver a plantar batalla, tal vez. Pero lo cierto es que siendo malo, no ha sido peor que su predecesor. Mis cosas.

He terminado el master de práctica jurídica que tantos buenos momentos me ha hecho pasar y que me ha recordado por qué estudié derecho, porque me gustaba, porque me apasionan las leyes y su aplicación, porque desde siempre quise ser abogado y hoy lo sigo queriendo y sé que ese día está más cerca que nunca. Aunque sea abocada por las circunstancias acabaré teniendo que ejercer por mi cuenta y seré emprendedora en contra de todas mis aspiraciones aunque estoy segura que me traerá más alegrías que sinsabores. Mis cosas.

He atesorado buenos amigos, amigos para toda la vida, de los que dan la cara, de los que arriman el hombro, de los que no se esconden, de los que no prometen nada porque nada tienen que dar más allá de su amistad y he descubierto que ni los buenos eran tan buenos, ni los malos terribles sino que en todas partes hay razón, valor, verdad y entrega, solo hace falta mantener los ojos abiertos y la mente despejada. Mis cosas.

He gozado de buena salud, no solo la mía propia sino también la de los míos y eso vale más que cualquier fortuna. No quiere eso decir que no nos hayan pasado percances, pero han sido pequeñeces que hemos superado sin arrostrar graves secuelas y que, como bien reza el dicho, no nos han matado pero nos han hecho más fuertes. Mis cosas.

En la cosa material empecé el año heredando de mi padre una cantidad tan inesperada como pequeña pero que contribuyó a tapar algún agujero y negocié un despido más que razonable con la UGT porque como buen abogado sé que más vale un mal acuerdo que un buen pleito por lo que el año se ha pasado con apreturas pero sin miserias y eso es más de lo que varios millones de españoles pueden decir por lo que no me quejo. Mis cosas.

Así que no esperaba nada de este 2013 y nada especial me ha dado, pero tampoco me ha quitado, lo que vistas las cosas con perspectiva es casi un triunfo. Por no hablar de los kilos que he perdido, el tipazo que se me ha quedado, la forma física que he adquirido tras todos estos meses de gimnasio y dieta; la melena que me ha crecido, un año sin pisar la peluquería, por aquello de ahorrar y porque me quiero casar con un recogido y eso requiere cantidad de pelo y lo bien que me siento tan cerca de cumplir los 42 tacos. Mis cosas.

Ahora a esperar el 2014 que parece no tiene muchas ganas de ser mejor que este, por mucho que nos mienta el que dice que es nuestro Presidente del Gobierno, pero que afrontamos cargados de ilusión, con algunos proyectos, con el corazón latiendo fuerte a la izquierda de nuestro pecho, con valor y con la certeza de tener razón, que es mucho más de lo que pueden decir la mayoría de los que nos combaten por lo que la victoria está al alcance de nuestras manos, solo hace falta dirigir todos los esfuerzos para lograrla. ¡Feliz 2014! Mis cosas.