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ADOPTA UNA ABUELA

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los ricos también lloran

Estas últimas dos semanas he tenido a mi abuela (camino de los 91 años) en casa y ha sido una experiencia tragicómica que tengo que compartir con vosotros. Los que me seguís en Twitter ya habéis visto algunos comentarios con el hashtag #MartuAbuela, pero para el resto voy a haceros un resumen aquí y así retomo el MartuBlog que lo tengo abandonadito.

Para empezar, nada más llegar se hizo dueña del mando de la tele y eso supuso que adiós tertulias políticas, adiós series americanas, adiós pelis que no sean del oeste… y hola culebrones y concursos sin pausa. Qué manejo para saltar de un canal a otro y así no perder un segundo de nada.

Por la mañana me deja ver el telediario y la mesa política del Programa de Ana Rosa, pero de cambiar a ver a Ferreras en Al Rojo Vivo nada, en cuanto acaba el asunto del corazón, pasamos La Ruleta de la Fortuna y, en el peor de los casos, primero vemos un rato de Arguiñano y sus chistes malos de solemnidad.

Por suerte, cuando acaba empieza el telediario y me deja verlo, pero de ahí vamos a Saber y Ganar y el que ha hecho un pacto con el diablo para que solo envejezca su retrato en el sótano, Jordi Hurtado, luego Amar es para siempre, Acacias y Puente Viejo… Así, del tirón. Hay días que me distraigo un poco con el ordenador y cuando levanto la cabeza pienso ¿pero este qué personaje de Acacias es? Y es que ya estamos en Puente Viejo, la cabeza como un bombo.

Con el cerebro atrofiado con tanto culebrón pasamos a Ahora Caigo y después el Boom que están unos muy listos de otros concursos o no sé qué que se llaman Los Lobos y que ganan a todo el mundo. La diversión consiste en ver cuánto humillan a los pobres incautos que les toquen como rivales esa tarde. Y cuando crees que nada puede ser peor, te cae una telenovela turca en Nova Fatmagul que ya es el no va más. Y ojo, que yo tengo ese canal en el 156, pero el primer día se aprendió el número y cambia en tres simples clicks ¡casi 91 años, insisto!

Los tiempos muertos entre semana y el fin de semana, que la divina providencia nos da descanso de culebrones y concursos, ella se consuela con pelis del oeste, lo mismo de 13tv que de Telemadrid. ¡Es una tortura en sesión continua!

Llevo perdidos 4 capítulos de cómo defender a un asesino, 3 del buen doctor, ni se sabe de Ley y Orden… y esto en cuanto a la tele que ahora voy con lo de la vida misma que no veáis cómo es la gobernanta (no lo digo en sentido figurado, es que es fue su profesión toda la vida y mandar le viene de antiguo).

Por la mañana hay que ventilar, aunque fuera haga 4º en esta primavera invernal. Imposible convencerla de que mejor esperar a las doce que sale el solito para abrir las ventanas. La calefacción a todo lo que da para que no se quede helada una persona mayor que pasa muchas horas sentada en el sofá y ella dejando la ventana abierta a las 9 de la mañana. Si me pillan los ecologistas me nombran persona non grata.

Lo mismo con lo de hacer la cama

Yo: – abuela que hay que dejar unas horas que se mueran los ácaros-

y ella: -si hombre, qué vergüenza, la cama sin hacer…

Cuando me voy al gimnasio (1 hora que la dejo sola) la tengo que dejar deberes, como a los niños: picar la verdura para comer, planchar, quitar el polvo, que si no se me aburre, dice. Y yo sintiéndome como una explotadora de nonagenarias.

Con la comida otro tanto, adiós al sushi o cualquier otra “modernidad de esas” aquí se come un primero (de verduras, o legumbres o arroz) y un segundo NACIONAL… Tanta verdura me está matando, que tengo más gases que una vaca loca.

Y de intimidad ni hablamos, mi abuela no se va a la cama hasta que se acuesta el último y se levanta con el primero… ni la Santa Inquisición conseguía tanta castidad de los pobres feligreses.

Eso sí, tengo todos los botones cosidos, las plantas regadas y podadas, la plancha al día, la nevera llena, todo en perfecto estado de revista, además me sé que Ernesto no tiene amnesia de verdad y que la mala de Acacias es una rusa… Eso sí, como mañana vuelve a casa de mi madre, me quedaré sin saber si a la carapán de Acacias le han robado el hijo o si el coletas mazao que ha salido hoy viene a por la espía o darle con to lo gordo.

Tampoco me enteraré si la dueña del kings sigue borracha perdida o le gana la batalla al tío malvado de Tuñón y si al fin pillan al amnésico que ha metido al psiquiatra en un loquero para curarle de ser maricón porque había descubierto que seguía siendo el mal bicho que había sido toda su vida y que de desmemoriado, nada. De Puente Viejo no os digo ná porque a estas alturas (tercer culebrón de la tarde) ya he desconectado.

Total que mañana vuelvo a las series en HBO, la comida “moderna” y la cama sin hacer. Echaré de menos a mí abuela, pero solo a ratos.

PD Buscando una imagen para esta entrada he recordado que el primer culebrón que vi en mi vida fue “Los ricos también lloran” y, oh, sorpresa, fue con mi abuela Fita, también veíamos Caballo Viejo y la mítica Cristal. ¡Bastante bien he salido después de todo!

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10 COSAS QUE…

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Hoy estoy tan empachada de Catalunya y tan fatigada de mi pelea con el PSOE para que respete mi derecho a la Libertad de Expresión y no me expulse tras abrirme expediente disciplinario, que voy a escribir sobre 10 cosas que no sabéis de mí, o quizás sí, yo que sé, si os lo cuento todo, para desesperación de mis críticos y solaz de mis fanes.

PRIMERA. Hago autodefinidos en el WC, ya sé que es de lo más vintage en estos tiempos en que todo el mundo se lleva el móvil al excusado. Sí, no os hagáis los escandalizados que si vuestro móvil o tablet hablaran, nos contarían que han visto cosas que jamás creeríamos. Yo también lo llevo, pero lo cierto es que mi preferencia son los autodefinidos. Debe ser porque en casa de mi abuela y de mi madre, siempre hubo crucigramas, sopas de letras y demás pasatiempos con su correspondiente boli en el bidé o encima del cesto de la ropa sucia y ya sabéis que lo que se aprende de pequeño, se queda para toda la vida.

SEGUNDA. Lloro, lloro mucho, y con esto de ir cumpliendo años la cosa se está volviendo un tanto patética. Lloro con las noticias, con un anuncio emocionante, con una victoria deportiva, con una peli dramática. LLoro de impotencia, lloro de pena, lloro de alegría, lloro de risa, lloro de amor y de desamor. Nunca es que me haya importado mucho salir del cine con los ojos como pimientos morrones o emocionarme en un mitin lleno de compañeros y compañeras, pero ahora es que casi lo considero un orgullo, esta capacidad de sentir pese a haber superado la cuarentena.

TERCERA. Tengo mil manías, casi rozando el Trastorno Obsesivo Compulsivo, que se me exacerban cuando estoy nerviosa, cosas como tener que ponerme siempre el calcetín derecho antes que el izquierdo y el zapato derecho también antes que el izquierdo; o comprobar antes de acostarme que he echado la llave de la puerta de casa, hasta el punto de tener que levantarme de la cama si dudo; o tocar un botón si veo un pelirrojo, o contar los platos y colocarlos por colores cuando friego; o tender la ropa con pinzas iguales en cada prenda… una auténtica loca, lo sé. Eso sí, descubro compañeros de tara a simple vista, es un don.

CUARTA. Soy negada para la música, tengo un oído enfrente del otro por lo que canto como un gato agonizando, no doy una nota en su sitio y bailo de pena, lo que me da muchísima rabia porque me encanta cantar y bailar, oigo música a todas horas, para cualquier actividad, cuando estudio, cuando corro, cuando limpio la casa, cuando preparo una demanda, cuando…,

QUINTA. Creo en el amor, creo que cualquier locura que se haga por amor merece la pena haberla hecho. Creo que hay que vivir por amor y morir por amor. Que es más importante tener un amor que te caliente el corazón que una cuenta corriente que te caliente el bolsillo. Que es mejor amar y equivocarse y sufrir que nunca haber amado. Y por fortuna he amado y me han amado y sigo amando y me siguen amando.

SEXTA. Siempre he votado al PSOE, en todas y cada una de las elecciones en que pude hacerlo, la primera de ellas en Catalunya en el año 1991 hasta estas últimas municipales y autonómicas del 2015, salvo en una ocasión… Y no, no ha sido esta última pese a todo, sino cuando decidimos poner a Cristina Almeida como cabeza de lista del PSOE a la Comunidad de Madrid en el 99, como si no hubiera socialistas de Madrid capacitados para liderarnos…

SEPTIMA. No me gustan los perros, adoro los gatos, pero no es que prefiera los gatos a los perros, es que no soporto a los perros. Los grandes me dan miedo, los pequeños repelús. En general, huelen mal, a perro, que es el algo que me desagrada profundamente y además son tan buenos, tan leales, tan dependientes, tan cansinos… No me gustan.

OCTAVA. De pequeña quería ser un chico, portero de fútbol, concretamente Arconada. Desde entonces me ha quedado gran afición por el deporte nacional y una gran querencia a la Real Sociedad, que da pocas alegrías y muchos disgustos, bueno, como el PSOE, soy una sufridora nata.

NOVENA. Cuando no puedo dormir amueblo casas. Sí, como un programa de reformas de Divinity, me imagino vuestras casas y cómo las cambiaría yo para que fueran mejores. Creo que es otra cosa de la infancia, como en mi casa no había pasta para redecorar nuestra vida, mi madre cambiaba los muebles de sitio cada cierto tiempo. Un día llegabas y el sofá estaba en la pared de enfrente, la mesa debajo de la ventana…

DECIMA. No veo películas de miedo porque me dan miedo. Están hechas para eso ¿no? pues yo me acojono mucho en cuanto empieza la musiquilla ratonera tengo que taparme los ojos y mirar por un agujerito entre los dedos, que así parece que da menos susto. Mi pobre santo sufre mis pellizcos y que le pregunte a cada momento ¿qué está pasando? porque yo no me atrevo a mirar. Un desastre.

¿Y qué, vosotros compartís algunas de estas cosas mías o soy la única rara por aquí?

EL SILBATO DEL TREN

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Samsung 733A veces, cuando no estoy bien, cuando no tengo ganas de ver a nadie, de hablar con nadie, cuando estoy cansada de ser yo, de tener que estar a la altura de lo que se espera de mí, de llevar sobre mis hombros el peso de tantas cosas. Cuando lo míos no son tan míos, cuando ni yo misma soy de los míos, cuando el aire se vuelve espeso y no soporto estar entre cuatro paredes, me gusta ir a correr por el Parque del Humedal, aquí en Coslada, donde hace casi seis años está mi hogar.

Correr es un placer en sí mismo, más bien es un sufrimiento físico que amortigua el psíquico y que me devuelve la paz. Mientras corro apenas si puedo pensar en otra cosa que en seguir corriendo, en ignorar que me falta el aire, que me duelen las piernas, que arde el pecho, solo pienso en poner un pie delante del otro una y otra vez hasta que dejo de pensar.

Correr por cualquier parque es mucho más placentero que hacerlo por la ciudad o en la cinta de un gimnasio, no creo que haya que dar muchas explicaciones al respecto, mientras corres ves el cielo azul, las nubes, los árboles, las flores, sientes el viento en la cara, el calor del sol en la piel, hueles el aroma de las plantas, una orgía de los sentidos que unido a las endorfinas que genera tu cerebro al correr convierten la experiencia en un lujo para gentes de ciudad.

Pero si por algo me gusta correr por el Parque del Humedal es porque este pequeño edén transcurre paralelo a las vías del tren de Cercanías por lo que se puede acceder a él por diferentes pasarelas sobre las vías a lo largo de su extensión. Y es aquí, sobre estos enormes puentes de metal donde se produce bastante a menudo una pequeña historia, una anécdota, apenas una nimiedad que me hace particularmente feliz.

A menudo se ven padres con sus hijos pequeños subidos en el puente pendientes del paso del tren, cuando ven que se acerca saltan y agitan los brazos y gritan adiós y, pese a que esto se sucede a lo largo de todos los puentes casi todo los días, el maquinista hace sonar el silbato devolviéndoles el saludo, lo que los niños celebran gritando y aplaudiendo sonrientes porque el tren les ha visto y les ha contestado.

Siempre que lo veo pienso en ese maquinista, que trabaja muchas horas, en un habitáculo cerrado, solo y pasando cada día, varias veces al día, por los mismos sitios, los mismos paisajes, las mismas estaciones y casi la misma gente cogiendo el cercanías y que en lugar de estar aburrido o amargado, recupera al niño que todos llevamos dentro aunque lo hayamos olvidado y toca el silbado del tren a su paso para regocijo de la chavalería que le saluda desde arriba. Su simple gesto hace felices a los niños y me devuelve a mí la fe en el ser humano, siempre que oigo el silbato del tren saludando siento que aún hay esperanza, que las cosas pueden ser mejores, solo hace falta que queramos que sean mejores.

Quizás será porque tienen algo mágico los trenes, algo que nos hace pensar en aventuras por vivir, en lugares por descubrir, gentes que conocer, algo que simboliza el futuro, el avance hacia algo mejor del que es difícil sustraerse. Quizás será también porque tienen también un punto melancólico, casi trágico de despedidas en andenes solitarios, lágrimas derramadas al cerrarse las puertas del vagón, carreras en paralelo diciendo adiós con la mano… Quizás.

LA SOLEDAD ERA ESTO

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Tomo prestado el título de un libro de Juan José Millás porque no ha dejado de venirme a la memoria en las últimas horas y voy a intentar explicaros a continuación por qué.

Una cosa que recomiendo a cualquiera que se quede en paro es madrugar. ¿Madrugar si no hay obligación? ¿Madrugar para qué? Os preguntaréis los más dormilones del lugar. Madrugar por diversas razones. La primera porque así seguiréis con el ritmo de vida de una persona que trabaja, que tiene unas obligaciones y un horario y todo será más fácil el día que tengáis que volver a hacerlo. Madrugar también para seguir el mismo ritmo que el resto de la familia, en mi caso, para ver a mi hija antes de irse a la Universidad, para desayunar con mi santo y poder charlar un rato viendo las noticias de lo que ha pasado en el mundo mientras dormíamos y sobre todo, para no despertarme a media mañana sola, sin nadie a quien dar siquiera, los buenos días. Madrugar para tener sueño por la noche y acostarme pronto, como hacen los que sí tienen que levantarse temprano, para seguir integrada en mi grupo familiar.

Otra cosa muy recomendable es hacer deporte, mejor en compañía que solo, y para ello, si uno se lo puede permitir, lo mejor es el gimnasio. Te obliga a levantarte del sofá, vestirte y salir a la calle y te permite ver gente, hablar con alguien. Además de los ya conocidos beneficios para tu mente y tu cuerpo que no hace falta que explique aquí, durante el tiempo que estés allí no estarás solo, podrás sonreírle a alguien, charlar de cosas intranscendentes como el tiempo, escuchar el sonido de tu voz. Si no, siempre se puede salir a correr o andar por el parque más cercano, aprovechar los aparatos para hacer gimnasia que ponen la mayoría de los Ayuntamientos y, si se tiene un poco de cara, al final se encuentra un grupo con el que acoplarse y disfrutar de la compañía.

Escribiendo esto me acuerdo de mi abuela, tiene 87 años por lo que lleva más de 20 jubilada y más de 10, viuda. Desde entonces convive con una perrita peludilla y muy chillona. A veces, cuando la llamo por teléfono al medio día, noto que tiene la voz ronca y preocupada de que esté enferma le preguntó qué le ocurre y la respuesta me deja estupefacta: “nada, que como estoy sola, estas son las primeras palabras que pronuncio desde ayer…” Otras veces me dice: “aquí estoy hablando con la perra porque si no se me va a olvidar hablar…”

Quizás la soledad es sin duda lo peor de estar en paro. Alguno dirá, lo peor es no tener ingresos, tiene razón, aunque en mi caso, los suple la prestación, que no es como mi anterior salario pero me permite sacar mi proyecto de vida adelante, al menos temporalmente. Por tanto, lo que añoro ahora que no trabajo, no es el salario, sino los compañeros de trabajo, la conversación sobre lo humano y lo divino, la colaboración intelectual en cualquier proceso creativo, y por qué no, las discusiones o pequeños piques que aparecen en cualquier colectivo humano.

Igual serán solo los primeros días, con el paso de las semanas me acostumbraré a pasar la mayor parte del día sola, disfrutaré los desayunos y las cenas en familia, procuraré aprovechar el tiempo libre para quedar con amigos a comer o a tomar café, no me importará charlar un rato con mi gato, que me mira con una cara tan interesada que me da la impresión de que entiende todo lo que le estoy explicando, aunque sea algo tan complejo como el presente del Partido Socialista. Igual, pero hoy solo puedo pensar: “la soledad era esto”.

¡ADIOS FERRAZ!

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equipo

Cuando en enero me llamó Elena Valenciano y me ofreció formar parte de su equipo para la campaña electoral de las europeas de mayo, he de reconocer que me sorprendió y emocionó a partes iguales. Me sorprendió porque cualquiera puede ver lo tremendamente crítica que había sido con la primera etapa de Rubalcaba como Secretario General, su síndrome de Estocolmo como ex vicepresidente del Gobierno que le impedía dejar de pensar como un hombre de Estado y le hacía ofrecer pactos al PP, por el bien de España, una y otra vez.

Pero he de reconocer que también me emocionó, desde que tengo uso de razón he participado en las elecciones de mi Partido, repartiendo propaganda, contando votos y desde que en 2010 me sumé a la campaña de las primarias de Tomás Gómez para pararle los pies a los que habían decidido entrar en el Partido Socialista de Madrid para mangonearnos y colocarnos una cabeza de lista, haciendo de todo: fotos, artículos en mi blog, redes sociales… pero siempre desde el voluntariado, desde fuera de la organización, como activista, nunca formando parte del engranaje y esto, para cualquiera que lleve la política en las venas, que entienda el socialismo como una forma de vida, es un sueño hecho realidad, por lo que no dudé en contestar que sí pese a las muchas dificultades que entrañaba el asunto.

No negaré que ir a trabajar a Ferraz (Mordor para los amigos), después de haber sido una peligrosa tomasista, siempre enfrentada al poder del aparato me generaba un sinfín de dudas, pero, qué coño, socialismo o barbarie, dije que sí. Las mismas dudas que tenía yo las tuvieron unos y otros por lo que desde ese momento, para Madrid era una traidora que me vendía a Ferraz y para Ferraz una advenediza, el mejor de los escenarios posibles (ironía on).

Pasadas unas primeras semanas en las que constantemente me sentía como si caminara por un campo de minas con los ojos vendados. Trabajando con un montón de gente que parecía conocerme bien y a la que, en cambio, yo no conocía de nada. Pasó lo que suele suceder en la vida, que ni todo es blanco, ni todo es negro, ni unos son buenos y los otros malos, ni yo soy mi personaje en la red y de manera natural me encontré trabajando con un grupo de gente estupenda, socialistas como yo, que se dejaban la piel para tratar que Elena Valenciano ganara las elecciones europeas.

Independientemente del resultado final, en estos 5 meses he disfrutado mucho, he aprendido mucho y me llevo conmigo el cariño y el respeto de compañeros a los que he visto reír, llorar, sufrir, enfadarse, venirse abajo y recuperarse al punto. He trabajado durante horas bajo presión y el grupo siempre ha permanecido unido, en el momento crítico alguno soltaba una parida y las carcajadas hacían salir la tensión acumulada. Compañeros que, como yo, son y se sienten socialistas, creen en el PSOE y quieren lo mejor para el Partido, aunque en ocasiones no coincidamos en el modo de lograrlo. No sé qué nos deparará el futuro a ninguno de nosotros, pero lo que sí tengo claro es que cualquiera de ellos puede contar conmigo para lo que necesite siempre. Gracias, sois estupendos.

Me guardo el final para Elena. La primera vez que hablé con ella fue en una comida que organizó junto con Beatriz Corredor y a la que invitaron a los activistas en red más díscolos para convencernos de la idoneidad del “militante en red, o virtual” ni que decir tiene que fracasó estrepitosamente en ese intento; la segunda vez fue otra comida, esta vez en Ferraz y a la que fuimos invitados Franesco (que excusó su presencia porque estaba enfermo) Sotillos y yo, como dijo Oscar López, el tridente del PSM y en la que nos pidió colaboración para la Conferencia Política con la que éramos muy críticos porque no era la Conferencia de Organización mandatada por el Congreso de Sevilla. Aquí su éxito también fue escaso, al que tenga curiosidad puede ver mi intervención en el Diálogo de Oviedo pidiendo cosas que hoy estamos viviendo como la elección del Secretario General por toda la militancia. Después comimos otra vez junto con la compañera Aida, guerrista de pro, para charlar sobre lo humano y divino, sobre el pasado, presente y futuro del socialismo, solo porque nos apetecía. Y desde entonces mantuvimos una relación de amistad como con otros muchos compañeros del Partido con cargos de mayor o menor relevancia.

Hoy, considero a Elena una amiga y no porque me haya dado la oportunidad de trabajar en la campaña estos meses, se lo agradezco porque ha sido una experiencia única, pero lo que de verdad me hace considerarla especial fue su papel activo en mi defensa cuando sufrí el despreciable ataque machista de Diego Cruz llamándome puta en su blog y el posterior acoso al que me sometió en la red. Defensa que no hicieron otros/as que se denominaban mis amigos, que presumían de quererme y de estar a mi lado siempre. Por eso y porque es un ser humano excepcional, gracias Elena y me tendrás a tu lado para lo que necesites.

 Fin de una gran experiencia, ¿qué me deparará ahora el destino? Ya os lo iré contando.

NOSTALGIA

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nostalgia

Dice nuestra Real Academia Española que la nostalgia es la pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos. Y también una tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

Me gusta esta segunda acepción, tristeza melancólica que te causa el recuerdo de la dicha perdida, de la felicidad que se escapó, de los momentos maravillosos que ya nunca volverán. Me recuerda a la canción de Sabina, “Peces de ciudad” que dice en un momento: “en Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”, qué gran verdad y qué poco caso hacemos el común de los mortales.

Sobre la nostalgia se han escrito y se han cantado las cosas más bonitas y tristes, sobre todo referidas a esta segunda acepción, la tristeza de la pérdida del objeto de nuestro amor, mi favorita “nostalgia” cantada por Diego El Cigala “hermano, yo no puedo rebajarme, ni pedirle, ni rogarle, ni decirle que no puedo más vivir, desde mi triste soledad veré caer las rosas muertas de mi juventud”.

Sin pronunciar la palabra pero abrazando el concepto con una fuerza y sentimiento difíciles de igualar me viene a la memoria “Hoy tengo ganas de ti” de Miguel Gallardo que entre otras perlas maravillosas dice: “Quiero apagar en tus labios la sed de mi alma y descubrir el amor juntos cada mañana, hoy tengo ganas de ti, hoy tengo ganas de ti”.

En la poesía, como os decía antes, también se han ocupado largamente de la nostalgia y aquí quiero destacar la magia de las palabras de Benedetti en un poema titulado precisamente “Nostalgia” y que tras enumerar cosas que podrían evocar ese sentimiento termina con una sentencia de muerte: “la válida la única nostalgia es de tu piel”.

No es necesario estar triste, abandonado o deprimido para sentir nostalgia, se puede ser perfectamente feliz, disfrutar de la persona amada, de una vida cómoda y sentir nostalgia de la nostalgia misma. Eso me pasa a mí en ocasiones, que añoro aquellos viejos malos tiempos en los que moría de amor, como cantaba Miguel Bosé: “yo no sé muy bien qué es lo que está pasando, tengo seco el corazón y es de haber llorado tanto. No me quedan más que dos o tres recuerdos, una carta, alguna flor, un adiós muy corto y un te quiero”.

Porque existe un especial placer en el dolor, ese regodearse en la pérdida del amor y sufrir por lo que pudo haber sido y no fue, un ratito, eso sí, luego se enjuga uno las lágrimas, se pinta la sonrisa de carmín y sale a la calle a vivir la vida loca. La verdad es que, esa bis dramática que yo tenía en mi mocedad se me ha curado con los años, lo que es muy de agradecer porque ser tan intensa es agotador, pero en días como hoy, días raros de primavera, sin motivo ni razón, me posee la nostalgia, nostalgia de mi misma.

PD: Os dejo aquí mi columna de los jueves en Diario Progresista IRA ET IGNIS

MAÑANA ES MI CUMPLEAÑOS

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Nacer el 14 de febrero tiene sus ventajas, casi nadie se olvida de tu cumpleaños porque ya se encarga el Corte Inglés, los anuncios de perfumes y toda la parafernalia de brillantes corazones rojos de recordarte la efeméride y también tiene algún inconveniente, no solo ese de que te quedas sin un regalo porque, aprovechando la coyuntura, tu pareja te hace uno doble, sino porque no hay manera de cenar para celebrarlo, están los restaurantes llenos de parejas pastelosas y menús edulcorados.

A mí me encanta que sea mi cumpleaños, desde pequeña y ahora que estoy a punto de cumplir los 42 y convertirme en una señora de mediana edad, me sigue haciendo ilusión el día de mi nacimiento. Y como me encanta siempre lo celebro por todo lo alto. Cuando era pequeña con unos fiestones que me organizaba mi padre que eran famosos en el colegio y ahora con unos fiestones que me organizo yo sola que son famosos en el mundo mundial.

Algunos pueden pensar que lo que me gustan son los regalos, pero os aseguro que son lo de menos, lo que me hace feliz es agasajar a los que más quiero, a los que me importan y a los que importo con buena comida y mejor bebida, con mis famosas croquetas –llevo llenando el congelador desde diciembre para que mis invitados se harten-; con las no menos reconocidas tortillas de patatas de mi santo, las más ricas que he comido en mi ya larga vida; con tartas de las que se encarga mi albóndiga –de queso, de brownie, de chocolate con galletas- que le salen para chuparse los dedos y con todo tipo de bebidas espiritosas para ayudar a la digestión.

Para esto del cumpleaños, yo, soy muy mía, de siempre he apuntado en una figurada “libreta negra” a aquellos que se olvidan de felicitarme, a los que siendo del círculo íntimo ese día se despistan sin querer o deliberadamente. Una vez apuntado en la libreta negra, ese año estarás condenado al ostracismo, no te felicitaré en tu cumpleaños, no te haré regalos de Navidad, estarás en el rincón de pensar hasta el siguiente 14 de febrero. No es una amenaza, es una advertencia…

Por fortuna, mi santo, que es un santo, como su propio nombre indica, cumple el 19 de febrero y también gusta de celebrar su cumpleaños, no es de esos amargados que cuando llega la fecha tratan de pasar desapercibidos, no se lo dicen a nadie y no se pagan ni una ronda de vasos de agua con una ración de palillos. No, él es como yo, de los que le gusta celebrar y compartir y está encantado de llenar la casa de amigos con los que comer, beber y brindar a nuestra salud.

Esta afición mía tiene una cara negativa, que nunca me han hecho una fiesta sorpresa porque un mes antes de mí cumpleaños ya estoy yo mandando invitaciones por Facebook, por Whatsapp, por los clásicos SMS, llamando por teléfono y lo que haga falta para que mis amigos se guarden esa fecha en el calendario. Igual podríais plantearos darme una fiesta en otra fecha cualquiera, por el gusto de sorprenderme, digo yo…

Ahora, con las redes sociales que te chivan los cumpleaños, es fácil quedar bien, hasta cuando se hace por compromiso. A la contra, en mi caso, es una locura porque me felicitáis cientos de vosotros, que da gloria compartir espacio virtual con gente tan salerosa, y aunque intento agradecer todas y cada una de las felicitaciones, siempre se me escapa alguna, ya os voy danto las gracias por adelantado y os pido perdón de antemano si no alcanzo. Gracias por estar ahí.

PD MI COLUMNA DE LOS JUEVES EN DIARIO PROGRESISTA: HIPOCRESÍA