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Cosas de Martu, extendidas.

UNA DE MATRÍCULAS Y OFENDIDITOS EN TWITTER

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En mi casa siempre hemos sido mucho de jugar con las matrículas, las de los coches, me refiero, por si no se había entendido. Hace unos años, cuando llevaban delante las iniciales de la provincia donde había sido matriculado el coche y posteriormente cuatro números, mi madre se inventó varios juegos para tenernos entretenidas cuando andábamos por la calle y, sobre todo, enseñarnos matemáticas, geografía, jugar al mus…

Por ejemplo, cuando éramos más pequeñas jugábamos a pares y nones y cada una tenía que sumar los números que correspondieran al grupo que había elegido y ganaba la que sumaba más. Si solo iba yo pues tenía que sumar todos los números más rápido que mi madre o sumar pares y nones y restarlo…

Más tarde pasamos a jugar a decir antes de dónde venía el coche y así aprendimos que CC era Cáceres, CO Córdoba, CR, Ciudad Real… o que SS era San Sebastían pero SE era Sevilla. La verdad es que cuando se decidió que los coches llevaran 3 letras en lugar de la provincia de matriculación, a nosotras nos privó del juego y de la fantasía de imaginar qué aventuras traían a un coche GE de Gerona hasta M Madrid.

Había una modalidad particularmente onerosa para mí que consistía en buscar coches capicúa (se leen igual de derecha a izquierda que de izquierda a derecha) y el que lo encontraba gritaba “capicúa” y el resto debíamos guardar silencio (imaginad que tortura) hasta no recuerdo qué momento. Este no me gustaba tanto.

Rizando el rizo, ya metida en la adolescencia, jugábamos al mus, siendo 1 y 2 pitos y 3 y 0 reyes, 8 sota y 9 caballo… La de horas que hemos echado en imaginarias partidas de mus gracias a que somos usuarias del coche de San Fernando, un ratito a pie y otro caminando y los paseos eran largos y tediosos.

Y vosotros os preguntareis a qué viene toda esta charla sobre matrículas y me pedís una explicación y como bloguera vuestra que soy os la voy a dar. Ayer domingo, se me ocurrió comentar en Twitter que había visto pasar un coche con la matrícula KKK y que me había llamado la atención porque habíamos estado especulando, mi marido y yo con qué matrículas se retirarían por las connotaciones de las siglas y esta la teníamos entre posibles castigadas por las connotaciones del grupo racista norteamericano.

No emití juicio de valor alguno, solo que en ese interés que arrastro desde la infancia por las matrículas de los automóviles pues me parecía un dato entretenido o curioso ¡gran error por mi parte! Al instante, decenas de ofendididitos de Twitter llamándome de todo porque me molestara esa matrícula KKK (que a mí ni me molesta ni me deja de molestar ni en mi tuit hacía crítica ninguna al respecto) y reprochándome que estando como está el país yo me distraiga con memeces como si yo fuera la presidenta del Gobierno y tuviera la culpa de todo lo que anda mal en España, que es mucho, lo reconozco.

Alguno me dijo que ni no habían quitado CNT, por qué iban a quitar KKK, valga como exponente del mal humor que gasta el personal tuitero un domingo por la tarde, aunque como en todos, hay excepciones, la mejor el que me dijo que la suya era KKP y yo le pregunté si el primer número era un dos KKP2 jijiji (como los niños pequeños que nos sigue haciendo gracia: caca, culo, pedo pis).

¿Vosotros no jugabais con las matrículas de pequeños?

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Se puede, Arturo, pero no es fácil.

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Acabo de leer lo último que ha escrito Arturo Pérez Reverte, NO PASA NADA, SE PUEDE, porque lo había retuiteado mi amiga Elena Valenciano con la apostilla “Se puede, pero también se debe ayudar a todas las Asun que existen y tan cerca!” y no puedo menos que estar de acuerdo con ella.

Al leer el escrito de Pérez Reverte, que es optimista y bien intencionado, podrías tener la sensación de que lo que hizo Asun, tiene su mérito, pero tampoco tanto. Como él lo cuenta, con su prosa ágil y un cierto desapego, podría parecer que todo es ponerse, coger la maleta y a tus niños de la mano y empezar una nueva vida como por arte de magia y no, nada más lejos de la realidad.

Con permiso de mi madre (permiso que me arrogo porque no se lo he pedido) os contaré una anécdota de mi infancia, la meno aterradora, para que comprendáis porqué lo de Asun es una heroicidad, máxime si sucedió, como parece desprenderse del relato en los 70/80, recién momificado Paco. En esa España tan moderna de la movida y tan antigua del divorcio culpable, el delito de adulterio y las mujeres en la cocina.

Mi padre bebía, se lo bebía todo y cuando llegaba a cierto límite de alcohol en vena, tenía las manos muy largas. No es que nos tundiera a palos, no, era quizás peor, porque lo que nos imponía era un régimen de terror psicológico en el que en algún momento acabarías cobrando. Siempre había algo que no harías bien, una mala contestación (o mirada), un juguete desordenado, una mala postura en la mesa… Y por tanto, durante horas, anticipabas el momento en que recibirías el golpe, que casi era liberador, porque duele menos una bofetada que la continua tensión de no hacerte meritorio de ella.

En mi casa, mi padre salía por la tarde a tomar algo y mi madre, mi hermana y yo pasábamos la tarde tranquilas, contentas, quizás viendo la tele hasta que sonaba la puerta de la calle y todo era silencio y miradas de reojo ¿cómo vendría hoy? si venía nublado la noche sería larga. Cuando tienes un padre como el mío desarrollas un especial sentido “arácnido” el de interpretar caras porque de ello depende tu vida, o al menos así lo sentía yo, que nos la jugábamos a diario, a eso de las ocho.

Una de esas noches que mi padre volvió nublado de la bodega entró en el salón y mi madre y yo estábamos viendo no sé qué en la tele supimos de inmediato que la noche sería larga. Sin mediar palabra cambió el canal de la tele ( de la primera al UHF, imagino, porque no había más) y, en un gesto sin precedentes, mi madre se levantó y volvió a poner lo que estábamos viendo. Ahí yo tuve claro que íbamos a cobrar todas pero lejos de sentir miedo una suerte de valor, orgullo, temeridad me hizo mirar a mi madre como a “cat woman”.

Él se quedó tan desconcertado como yo, de hecho juraría que le vi sonreír, como un gato que juega con un ratón antes de comérselo, volvió a cambiar de canal. Mi madre se levantó otra vez del sofá (entonces no había mandos de la tele, total para cambiar de un canal a otro y subir o bajar el volumen ya estábamos los hijos pequeños) y volvió a poner el canal que estábamos viendo. Esto ya pasaba de castaño oscuro, jamás se vio tamaño desafío en casa de los Garrote Cerrato.

Mi padre repitió el gesto una vez más y mi madre se levantó del sofá, nos miró a mi hermana y a mí que conteníamos la respiración aterradas y dijo “nos vamos” y así, en pijama, con el abrigo porque era invierno en Madrid, de noche, sin cenar, sin dinero y sin un plan, salimos por la puerta las tres, cargadas de dignidad y, al menos yo, sintiéndome como un ninja.

En el portal, ante la noche oscura le dije a mi madre “ha estado genial pero ¿ahora qué? Pasamos la noche en casa de una amiga de ella que vivía cerca, una noche de ojos brillantes de emoción, de aventura y de insensatez porque a la mañana siguiente volvimos a la realidad de nuestra casita de los horrores y tuvieron que pasar muchos años más para que definitivamente mi madre pudiera liberarse del monstruo con el que se había casado siendo tan joven e inexperta y con el que había tenido dos hijas.

Las familias no querían ver o no querían entrometerse, la sociedad no quería oír hablar de lo que debía circunscribirse al ámbito “doméstico” y las mujeres como mi madre habían sido educadas en el contigo pan y cebolla y hay que aguantar por el bien de los hijos y porque todos los hombres tienen sus cosas… Nosotras tuvimos la suerte de salir, otras han terminado muertas al tratar de huir o han seguido en el infierno hasta el final de sus días.

¡Educad a vuestras hijas para que no consientan nunca un golpe, ni un insulto, ni un grito! ¡Educad a vuestros hijos para que jamás propinen un golpe, ni profieran un insulto, ni den un grito! Quizás así, lo de Asun y lo de mi madre, deje de ser una heroicidad y pase a ser algo del pasado ominoso.

PD: Edito porque me ha recordado mi madre en Twitter (sí, es muy moderna) esto: “Se te ha olvidado contar que fuimos a una comisaría y allí no nos hicieron ni caso y me recomendaron volver a casa porque me podía denunciar tu padre por abandono del domicilio y llevarme a las niñas”.

#Cuéntalo

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Desde la publicación de la Sentencia de “La Manada”, que muchas han interpretado como un ataque a todas las mujeres, algo que no comparto como podréis leer aquí, se ha lanzado un hashtag en Twitter #cuéntalo, donde miles de mujeres están contando tremendas experiencias de abusos, tocamientos, acoso o sexo no consentido con hombres de su entorno (padres, hermanos, tíos) o con desconocidos, que me han hecho reflexionar.

En mi infancia, mi padre, que bebía más de la cuenta, nos educó en la antigua creencia de que la letra con sangre entra, por lo que era fácil ganarse un capón o una bofetada si no cumplías las estrictas reglas de comportamiento que fijaba, pero eso era todo lo malo que podía pasarte. Jamás algo inapropiado respecto de nuestra sexualidad. Ni él, ni ningún otro hombre de nuestra familia se propasó lo más mínimo conmigo como parece que le ha sucedido a tanta gente.

De niña, en el parque, alguna vez me escondí detrás de un árbol con otro niño de mi edad para “si tu me enseñas yo te enseño”, no había más que mutua curiosidad por lo del otro, que en los años 70 en las casas no se hablaba de sexo con los niños, las películas que tenían dos rombos estaban completamente vetadas y no había libros de educación sexual con bonitos dibujos que explicaran las cosas. Lo que no averiguabas tu por tu cuenta, te quedabas sin saberlo.

En el cole y, hasta en el instituto, como era bastante chicazo, poco femenina, pelo corto, vaqueros, zapatillas de deporte, uñas comidas y cero maquillaje, pues no es que me hiciera mucho caso el sexo opuesto, ni mis compañeros de estudios, ni los adultos por la calle. No recuerdo ni siquiera piropos a gritos de albañiles, mucho menos tocamientos desagrables en el transporte público o cosas peores que muchas denuncian. Lo peor que pasaba en el Ramiro es que llegaran los Skinheads a pegarse con los punkies y había que procurar no estar en el medio.

En la Universidad, ya en Barcelona, estudiaba en el turno de tarde, donde íbamos los que currábamos y teníamos poco tiempo libre. Allí había pocas ganas de cachondeo, nada de pellas, cañas en el bar de la facu, tardes de sol en el cesped… El poco rato que podías ir a clase, ibas a clase, tomabas apuntes, cambiabas apuntes con quienes podían asistir más horas que tu y eso era todo. La única mala experiencia que tuve fue caminando hacia el metro a última hora, con unos ultras del Español que me pareció que me miraban mal y hacían algún comentario, pero salí corriendo como un gamo, salté los tornos del metro y llegue al andén tan rápido que no sé qué pasó con ellos.

En los trabajos siempre he tenido compañeros majos, menos majos, amables, menos amables, pero ningún acosador. He tenido jefes y jefas, nada destacable en este aspecto. Y en el PSOE, tres cuartos de lo mismo. Alguna vez me han invitado a comer, compañeros o periodistas, no creo que fuera con la intención de tener algo conmigo, pero como siempre he dejado claro cuando tenía interés y cuando no lo tenía, no me he sentido nunca incómoda porque las cosas fueran más allá de las líneas que yo ponía.

Recuerdo una vez, con un compañero de máster, luego buen amigo, que quedamos varias veces porque él estaba divorciado con un crío pequeño y yo divorciada con una cría pequeña, pero el primer día le dejé claro que no era más que amistad, textualmente le dije “no me gustas, aunque fueras el último tío del mundo, no me acostaría contigo” y así fue, aunque según me contó su compañero de piso, años después, llegó a casa esa noche y le contó que me tenía en el bote…

Quizás lo que más me ha incomodado es ya teniendo mi hija quince o dieciséis años, que le gritaran algún piropo o que le miraran el escote cuando íbamos andando por la calle. Un día desde una furgoneta nos gritaron “tías buenas” y mi hija se volvió hacia a mí y dijo: “¿tiaS buenaS?” Y yo me reí: “joder que soy tu madre pero aún estoy de buen ver…” No le ofendió el piropo sino que me incluyeran a mí en él. En la mente de un hijo, una madre no es una mujer, solo es SU madre.

En los últimos tiempos, suelo ir al gimnasio en pantalón corto, sea invierno o verano, está muy cerca de casa y así me evito de la pereza de tener que llevar una bolsa de deporte, el candado para la taquilla del vestuario y la pérdida de tiempo de cambiarme allí. Muchos días, me cruzaba con un octogenario sentado en un banco al sol que me decía algo sobre mis piernas, sobre que iba a coger frío… Al final consiguió que fuera por la acera de la sombra, aunque pasara un poco de frío con tal de no oírle.

No puedo decir que en mis 46 años de vida haya tenido desagradables experiencias con el sexo opuesto que me hayan marcado, los hombres de mi vida me han dado y me han quitado tanto como yo a ellos. No puedo contar que el patriarcado me ha oprimido, vejado o pisoteado porque he podido desarrollarme profesionalmente igual que mis compañeros masculinos y sin tener que sortear muchos más obstáculos que ellos.

Eso no significa que no crea que la sociedad española es todavía machista, que sufre la lacra de la violencia de género que está suponiendo la muerte de cientos de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas y que requiere una actuación inmediata de las Administraciones Públicas. Creo que hay discriminaciones insoportables, sobre todo para que las mujeres alcancemos cotas de poder, que si en una familia hay hijos o mayores dependientes, somos mayoritariamente las mujeres quienes nos hacemos cargo de ellos y que lo tenemos más difícil para lograr las mismas cosas que los hombres, pero también creo que vamos avanzando hacia la verdadera igualdad, con normas de discriminación positiva, con obligaciones de cuotas, con educación en las escuelas, con campañas televisivas y que, por tanto, al final lo vamos a lograr, si no perdemos el objetivo final, vivir en una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales.

 

 

 

ADOPTA UNA ABUELA

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los ricos también lloran

Estas últimas dos semanas he tenido a mi abuela (camino de los 91 años) en casa y ha sido una experiencia tragicómica que tengo que compartir con vosotros. Los que me seguís en Twitter ya habéis visto algunos comentarios con el hashtag #MartuAbuela, pero para el resto voy a haceros un resumen aquí y así retomo el MartuBlog que lo tengo abandonadito.

Para empezar, nada más llegar se hizo dueña del mando de la tele y eso supuso que adiós tertulias políticas, adiós series americanas, adiós pelis que no sean del oeste… y hola culebrones y concursos sin pausa. Qué manejo para saltar de un canal a otro y así no perder un segundo de nada.

Por la mañana me deja ver el telediario y la mesa política del Programa de Ana Rosa, pero de cambiar a ver a Ferreras en Al Rojo Vivo nada, en cuanto acaba el asunto del corazón, pasamos La Ruleta de la Fortuna y, en el peor de los casos, primero vemos un rato de Arguiñano y sus chistes malos de solemnidad.

Por suerte, cuando acaba empieza el telediario y me deja verlo, pero de ahí vamos a Saber y Ganar y el que ha hecho un pacto con el diablo para que solo envejezca su retrato en el sótano, Jordi Hurtado, luego Amar es para siempre, Acacias y Puente Viejo… Así, del tirón. Hay días que me distraigo un poco con el ordenador y cuando levanto la cabeza pienso ¿pero este qué personaje de Acacias es? Y es que ya estamos en Puente Viejo, la cabeza como un bombo.

Con el cerebro atrofiado con tanto culebrón pasamos a Ahora Caigo y después el Boom que están unos muy listos de otros concursos o no sé qué que se llaman Los Lobos y que ganan a todo el mundo. La diversión consiste en ver cuánto humillan a los pobres incautos que les toquen como rivales esa tarde. Y cuando crees que nada puede ser peor, te cae una telenovela turca en Nova Fatmagul que ya es el no va más. Y ojo, que yo tengo ese canal en el 156, pero el primer día se aprendió el número y cambia en tres simples clicks ¡casi 91 años, insisto!

Los tiempos muertos entre semana y el fin de semana, que la divina providencia nos da descanso de culebrones y concursos, ella se consuela con pelis del oeste, lo mismo de 13tv que de Telemadrid. ¡Es una tortura en sesión continua!

Llevo perdidos 4 capítulos de cómo defender a un asesino, 3 del buen doctor, ni se sabe de Ley y Orden… y esto en cuanto a la tele que ahora voy con lo de la vida misma que no veáis cómo es la gobernanta (no lo digo en sentido figurado, es que es fue su profesión toda la vida y mandar le viene de antiguo).

Por la mañana hay que ventilar, aunque fuera haga 4º en esta primavera invernal. Imposible convencerla de que mejor esperar a las doce que sale el solito para abrir las ventanas. La calefacción a todo lo que da para que no se quede helada una persona mayor que pasa muchas horas sentada en el sofá y ella dejando la ventana abierta a las 9 de la mañana. Si me pillan los ecologistas me nombran persona non grata.

Lo mismo con lo de hacer la cama

Yo: – abuela que hay que dejar unas horas que se mueran los ácaros-

y ella: -si hombre, qué vergüenza, la cama sin hacer…

Cuando me voy al gimnasio (1 hora que la dejo sola) la tengo que dejar deberes, como a los niños: picar la verdura para comer, planchar, quitar el polvo, que si no se me aburre, dice. Y yo sintiéndome como una explotadora de nonagenarias.

Con la comida otro tanto, adiós al sushi o cualquier otra “modernidad de esas” aquí se come un primero (de verduras, o legumbres o arroz) y un segundo NACIONAL… Tanta verdura me está matando, que tengo más gases que una vaca loca.

Y de intimidad ni hablamos, mi abuela no se va a la cama hasta que se acuesta el último y se levanta con el primero… ni la Santa Inquisición conseguía tanta castidad de los pobres feligreses.

Eso sí, tengo todos los botones cosidos, las plantas regadas y podadas, la plancha al día, la nevera llena, todo en perfecto estado de revista, además me sé que Ernesto no tiene amnesia de verdad y que la mala de Acacias es una rusa… Eso sí, como mañana vuelve a casa de mi madre, me quedaré sin saber si a la carapán de Acacias le han robado el hijo o si el coletas mazao que ha salido hoy viene a por la espía o darle con to lo gordo.

Tampoco me enteraré si la dueña del kings sigue borracha perdida o le gana la batalla al tío malvado de Tuñón y si al fin pillan al amnésico que ha metido al psiquiatra en un loquero para curarle de ser maricón porque había descubierto que seguía siendo el mal bicho que había sido toda su vida y que de desmemoriado, nada. De Puente Viejo no os digo ná porque a estas alturas (tercer culebrón de la tarde) ya he desconectado.

Total que mañana vuelvo a las series en HBO, la comida “moderna” y la cama sin hacer. Echaré de menos a mí abuela, pero solo a ratos.

PD Buscando una imagen para esta entrada he recordado que el primer culebrón que vi en mi vida fue “Los ricos también lloran” y, oh, sorpresa, fue con mi abuela Fita, también veíamos Caballo Viejo y la mítica Cristal. ¡Bastante bien he salido después de todo!

ARREPENTIOS PECADORES

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Anuncio de la NASA Recreación de la superficie del exoplaneta Trappist-1f NASA/JPL-CALTECH

 

 

Dentro de una hora, la NASA ha convocado una rueda de prensa para comunicarnos un anuncio urgente y, después de ver n mil veces la película Armagedon, fundamentalmente porque sale Bruce Willis guapísimo, la banda sonora es ideal y a mi Albóndiga le encanta Ben Affleck… Pero no nos despistemos, digo que ante el anuncio de la NASA y tras haber visto tantas veces cómo un asteroide asesino se disponía a colisionar con la Tierra y provocar la destrucción de todo lo que conocemos y lo que no, yo estoy nerviosa.

Seguramente no sea nada, que han descubierto una bacteria que vive en el azufre de Marte o hielo en la cola de un cometa o un planeta enano a chorro cientos de años luz que podría contar con condiciones que facilitaran algún tipo de vida, cosas de estas inexplicables para la mayoría de los mortales pero que deben de ser de gran utilidad para la CIENCIA, así con mayúsculas, por la alegría con la que nos lo cuentan, pero, pero, pero ¿y si lo que nos anuncian es el inminente fin del mundo, el Apocalipsis, el Armagedon?

Imaginaos por un momento que solo nos quedara una semana de vida, no solo a nosotros, individualmente, sino a todos los que conocemos, a nuestra familia, a nuestros amigos y hasta a nuestros enemigos, ¿qué haríais si esto se acabara?

Lo primero que pensáis es dejarlo todo y salir corriendo a una playa paradisiaca con vuestras parejas y pasar los días que os queden tirados al sol, bañándoos en aguas cristalinas, comiendo manjares exquisitos y haciendo el amor de todas las formas imaginables pero, ¿os imagináis cómo se van a poner los aeropuertos de gente corriendo de un lado a otro para encontrarse con sus familiares, para decirle a aquel gran amor que se equivocaron al dejarle, para reconciliarse con ese hermano al que no ven hace décadas o simplemente para cumplir el sueño de su vida de ver tal o cual ciudad?

Descartada la playa paradisiaca siempre podríamos optar por la costa española, que ahí sí que podemos llegar en coche, pero claro, que estamos en febrero y, aunque con el cambio climático estamos pasando unos días que más parece mayo, no va a ser lo mismo que el Caribe o las Maldivas. Como ventaja tenemos que la comida en cualquier sitio de España es infinitamente mejor que en ningún lugar del mundo, pero ¿acaso quedaría algún camarero o cocinero currando sabiendo que es su última semana de vida? Ni de coña, tampoco saldría nadie a pescar, ni se recolectarían las frutas o verduras, ni se despiezaría la carne, en fin, que íbamos a pasar más hambre que los pavos de Manolo (que no sé muy bien quién es este señor que hacía pasar tanta hambre a sus pobres aves y que ha pasado a formar parte del refranero español).

Convengamos pues que nos tocará pasar nuestra última semana de vida en casa y con lo que tengamos en la nevera que ya os digo yo que el Mercadona no va a abrir por mucho que se empeñe Juan Roch en dar servicio. Olvidaos también de la tele o la radio, quizás las redes sociales sí que sigan funcionando por aquello de que los contenidos los creamos nosotros y seremos tan chorras de andar perdiendo el tiempo contando nuestras últimas horas de vida como si le importara a alguien nuestra última cena o nuestro último polvo, o si alguien fuera a leerlo después de que el meteorito nos hiciera fosfatina.

En mi casa tengo bastantes sobras del cumpleaños de pin y pon que celebramos el sábado y la cava llena de botellas de buen vino, que nuestros amigos fueron muy espléndidos y nada originales en sus regalos y, sabedores de que un buen caldo siempre es bien recibido, repusieron todo lo que se bebieron en la celebración. Sí, creo que podríamos pasar una semana sin demasiadas fatigas alimentarias ni etílicas, confiando en que la luz, el agua y el gas son de esas cosas que funcionarían sin gente porque están bastante automatizadas/informatizadas, aunque igual es mucho confiar.

Pues ya tengo diseñada mi semana del fin del mundo: en casa, con mi santo y mi gato, comiendo sobras del cumpleaños, bebiendo buen vino, viendo pelis antiguas que haya olvidadas por las estanterías, en el sofá bajo la mantita, queriéndonos, pero sin aspavientos que no tenemos edad y, con suerte, recibiendo la visita de mi hija, por aquello de despedirse de sus mayores… ¡Un planazo, oigan! Confío en que la NASA haya descubierto vida inteligente en los alrededores de la Casa Blanca o algo así, porque acabo de deprimirme, mucho.

PD LA NASA HA DESCUBIERTO UN SISTEMA SOLAR CON SIETE PLANETAS COMO LA TIERRA

GANAS DE POLÍTICA CON P MAYÚSCULA

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cropped-nostalgia.jpgGANAS DE POLÍTICA CON P MAYÚSCULA

Hoy, 20 de diciembre, me ha dado por hacer balance del año, pensando que ya están aquí las Navidades y tocará hacer una lista de buenos propósitos de cara al 2017. Siendo socialista comprenderéis que el 2016 nos da para una tesis doctoral de todo lo que no debe hacer una formación política, con 137 años de historia, con vocación de mayorías y que aspira a ser una opción seria de gobierno, pero voy a hacer balance de mí año, en el que el PSOE tiene mucho peso, pero no es el único en mi coraconcito.

Este 2016 que nos hemos pasado en campaña, precampaña o pos campaña, que de todo ha habido, ha sido un año de eslóganes, de mítines, de actos, de espectáculos televisivos o televisados, de frases huecas, de palabras altisonantes, de mucho populismo y aún más demagogia, de mentiras, de imposturas y de eso que ahora se llama la pos verdad y que no es más que repetir algo falso tantas veces como sea necesario para que la gente se convenza de que es la realidad aunque tenga pruebas objetivas de su falsedad.

Este 2016, aquellos que han pretendido pararse a reflexionar, combatir las mentiras con datos, hablar de hechos en lugar de promesas, tratar de contrastar lo dicho con lo hecho anteriormente, proponer un diálogo verdadero y no solo de firmas bajo tapices o en ruedas de prensa sobre ministrables, aquellos que, en suma, han tratado de nadar contra la corriente de unicornios rosas, se han encontrado solos, predicando en el desierto.

Si hay algo que ha caracterizado este annus horribilis que por fin termina han sido los linchamientos públicos, bien en televisión, bien en la prensa clásica o digital, bien en las redes sociales, pero linchamientos todos. Basta que alguien sea señalado por pensar diferente, dentro de una colectividad, para que sea fruto de ataque, insulto, persecución, falta absoluta de respeto… Basta que cualquier medio digital, sin contrastar la información, sin prueba alguna de la veracidad de lo que publican lance a alguien a los leones, para que se monte la orgía de sangre y vísceras que tanto entretiene al pueblo y distrae de sus verdaderos problemas y, los causantes de los mismos.

Desde luego, en este 2016 corren malos tiempos para los que piensan que no todo es blanco y negro, o rojo y azul, por aquello del símil político, para los que gustan de matizar, de encontrar la centralidad, para los que opinan que “la gente, la militancia, el votante…” es algo heterogéneo, que no puede arrogarse ningún partido o líder político sin caer en el totalitarismo, que en todos los colectivos hay gente que se siente atraída por una parte del ideario pero que pone en duda la validez de otra parte, y que eso es legítimo y enriquecedor.

Acabo el año 2016 con ganas de POLÍTICA, así, en mayúsculas, de la política que cambia para bien la vida de las personas, de la política que consigue que todos seamos más libres y más iguales, de la política que piensa en el futuro de nuestros ríos y mares, de nuestros bosques, de nuestras reservas naturales, de la política que ayuda a cohesionar territorios y a rellenar la brecha entre hombres y mujeres, entre el mundo rural y el mundo urbano, entre la España del norte y la del sur, esa política.

Tengo muchas esperanzas puestas en el año 2017. En lo laboral proyectos ilusionantes a los que he dedicado muchas horas y mucho esfuerzo, que arrancan al fin, ¡cruzad los dedos y deseadnos suerte! En lo personal, superados unos problemillas de salud que me han amargado últimamente, todo está en su sitio y así debe seguir. Y en lo político, ¡ay! En lo político, año de Congreso Federal Ordinario del PSOE y a continuación, Congreso Regional Ordinario de los socialistas de Madrid ¿se puede pedir más?

CREO EN LA HONRADEZ Y LA INOCENCIA DE PEPE GRIÑÁN

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pepe

CREO EN LA HONRADEZ Y LA INOCENCIA DE PEPE GRIÑÁN

Hace mucho que no escribo en este mí/nuestro blog y la verdad es que no se me ocurre una razón mejor para volver a hacer que acudir en defensa de la honradez, la honorabilidad y la inocencia de un buen socialista, una buena persona y un mejor amigo, como es José Antonio Griñán.

Algunos me han recomendado que no me moje, que no ponga la mano en el fuego, que no me queme por nadie porque total, ellos tampoco lo harían por mí, pero no saben que Pepe ya ha estado a mí lado cuando ha hecho falta y que, además, aunque no hubiera sido así, mí naturaleza me impide ponerme de canto ante la injusticia y no defiendo lo que creo en función de que me vaya a beneficiar políticamente o no.

Hechas estas aclaraciones he de decir que me ha sorprendido la noticia de que el Fiscal pida para José Antonio Griñán nada menos que 6 años de cárcel cuando el Tribunal Supremo, en un Auto reciente dijo, textualmente: “no constan datos indiciarios incriminatorios de malversación contra José Antonio Griñán pues no se ha acreditado que interviniera en la concesión concreta de ayudas fraudulentas de fondos públicos ni que supiera que se estaba disponiendo de los caudales públicos para las ayudas/subvenciones con destino al lucro ilícitos de terceras personas” De primero de Derecho es que sin datos indiciarios el Fiscal no puede proponer ahora una pena por malversación.

Pero hay otro asunto que el Fiscal conoce de sobra, o debería conocer, y que, aunque sea un poco técnico, quiero compartir con vosotros. La malversación de caudales públicos constituye un delito especial propio de autoridades y funcionarios públicos que pueden cometer con ocasión del ejercicio de su actividad. Es un delito de apropiación indebida, pero con la particularidad que solo puede cometerlo un empleado público o alto cargo.

La malversación puede ser apropiativa, cuando, perdonadme que baje al lenguaje vulgar, el funcionario se lleva la pasta para sí, o puede ser de uso cuando no se lleva la pasta, pero la aplica a un fin anómalo para el que no estaba previsto ser usada. En el primer caso las penas acarreaban cárcel, en este segundo, solo multa e inhabilitación.

Tras la reforma del PP del Código Penal en el año 2015, para ambas modalidades se estableció una pena de 2 a 6 años de prisión, inhabilitación para cargo o empleo público y para el ejercicio del sufragio pasivo (para ser elegido, lo que le ha pasado a Otegi en estas últimas elecciones autonómicas en Euskadi, para poneos un ejemplo).

En España, no cabe la aplicación retroactiva de la norma penal por lo que no es posible aplicar las penas agravadas a supuestos delitos cometidos con anterioridad a la aprobación de la Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo.

Por todo lo anterior, si atendemos a lo que dijo el Tribunal Supremo, no habría razones para acusar a José Antonio de malversación al no haber datos indiciarios incriminatorios, pero, lo que, desde luego no puede hacer el Fiscal sin incurrir en prevaricación, porque le supongo el conocimiento de la norma penal española, es pedir 6 años de cárcel por malversación de uso, aplicando preceptos de una Ley de 2015 para hechos que ocurrieron años antes.

Termino pues como empecé, creo en la honradez y la inocencia de Pepe Griñán y, como parte de la misma, por mi profesión, confío en la Justicia que acabará dándole la razón a quien la tiene, en este caso, el justiciado.