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Cosas de Martu, extendidas.

FINALES FELICES

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tienda ParísAcabo de terminar de leer una novela de Maxim Huerta, “Una tienda en París” cuyo final feliz me ha evocado la escritura de esta entrada en mi abandonado MartuBlog. No creáis que no me gustan los finales felices, soy de las que aplaude en el cine cuando la película acaba con un largo beso de amor verdadero. Sigo creyendo, como en mi niñez que el bien triunfa, que los buenos siempre ganan y que el crimen no paga, aunque la vida, en demasiadas ocasiones, se empeñe en demostrarme lo contrario.

En la literatura, como en el cine, abundan los finales felices, buenas películas, de amor, de guerra, de aventuras, que terminan con un “y fueron felices y comieron perdices” que nos calientan el corazón, nos llenan los ojos de lágrimas de felicidad y nos arrancan una sonrisa tonta que tarda en abandonar el rostro pero…

Pero solo aquellos finales dramáticos, los que nos desgarran por dentro el alma, los que nos hacen gritar “nooooo” con los ojos desorbitados, llorar y patalear, maldecir al autor y clamar porque alguien repare el agravio, porque alguien reconcilie a la pareja que nos tiene encandilados, porque alguien vengue a nuestros protagonistas ultrajados, esos finales son los que se te clavan en el alma y te hacen volver una y otra vez a ellos.

Porque, ¿recordaríamos igual “Lo que el viento se llevó” si al final de la película, en lugar de decir su mítica frase sobre el comino y marchase, Rhett Butler siguiera plácidamente junto a Scarlett O’Hara? ¿Sería lo mismo si al final de “Casablanca” Rick Blaine no se quedara junto al avión que se lleva a su amada y paseando junto al francés no dijera aquella mítica frase de “este será el comienzo de una gran amistad”?

Es así, nos marca la tragedia. La felicidad es tan etérea como efímera, nos calienta un minuto el corazón pero luego queda empañada por cualquier otro acontecer diario, sin embargo el drama anida en un rinconcito de nuestra alma y tarda una vida en desaparecer. Ya lo canta Sabina: “Tú que tanto has besado tú que me has enseñado, sabes mejor que yo que hasta los huesos sólo calan los besos que no has dado, los labios del pecado…”

Paraos un minuto a pensar en la última vez que os rompieron el corazón. Pensad también ahora en la última vez que os enamorasteis. ¿Qué sentimiento recordáis con mayor nitidez? ¿Qué frases sois capaz de evocar con rotunda claridad, las de la declaración de amor o las de la despedida? ¿Qué os ha hecho cambiar, crecer, madurar y por desgracia, desconfiar, el amor o el desamor?

Quizás no sea así, quizás soy yo que encuentro un cierto consuelo a la desgracia regodeándome en la desgracia en sí misma, pero creo que no soy la única que cuando tiene mal de amores se pone canciones tristes y se abandona por la deliciosa pendiente de la autocompasión. No creo ser un bicho raro por, apremiada por una pena, salir a pasear bajo la lluvia y dejar que las gotas se mezclen con las lágrimas hasta sentir que he vaciado mi alma en lugar de tratar de pensar en otra cosa, tomar un delicioso café caliente y mirar al futuro con optimismo.

Como diría Fangoria, igual es que: “tú eres tan intensa”

EL SILBATO DEL TREN

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Samsung 733A veces, cuando no estoy bien, cuando no tengo ganas de ver a nadie, de hablar con nadie, cuando estoy cansada de ser yo, de tener que estar a la altura de lo que se espera de mí, de llevar sobre mis hombros el peso de tantas cosas. Cuando lo míos no son tan míos, cuando ni yo misma soy de los míos, cuando el aire se vuelve espeso y no soporto estar entre cuatro paredes, me gusta ir a correr por el Parque del Humedal, aquí en Coslada, donde hace casi seis años está mi hogar.

Correr es un placer en sí mismo, más bien es un sufrimiento físico que amortigua el psíquico y que me devuelve la paz. Mientras corro apenas si puedo pensar en otra cosa que en seguir corriendo, en ignorar que me falta el aire, que me duelen las piernas, que arde el pecho, solo pienso en poner un pie delante del otro una y otra vez hasta que dejo de pensar.

Correr por cualquier parque es mucho más placentero que hacerlo por la ciudad o en la cinta de un gimnasio, no creo que haya que dar muchas explicaciones al respecto, mientras corres ves el cielo azul, las nubes, los árboles, las flores, sientes el viento en la cara, el calor del sol en la piel, hueles el aroma de las plantas, una orgía de los sentidos que unido a las endorfinas que genera tu cerebro al correr convierten la experiencia en un lujo para gentes de ciudad.

Pero si por algo me gusta correr por el Parque del Humedal es porque este pequeño edén transcurre paralelo a las vías del tren de Cercanías por lo que se puede acceder a él por diferentes pasarelas sobre las vías a lo largo de su extensión. Y es aquí, sobre estos enormes puentes de metal donde se produce bastante a menudo una pequeña historia, una anécdota, apenas una nimiedad que me hace particularmente feliz.

A menudo se ven padres con sus hijos pequeños subidos en el puente pendientes del paso del tren, cuando ven que se acerca saltan y agitan los brazos y gritan adiós y, pese a que esto se sucede a lo largo de todos los puentes casi todo los días, el maquinista hace sonar el silbato devolviéndoles el saludo, lo que los niños celebran gritando y aplaudiendo sonrientes porque el tren les ha visto y les ha contestado.

Siempre que lo veo pienso en ese maquinista, que trabaja muchas horas, en un habitáculo cerrado, solo y pasando cada día, varias veces al día, por los mismos sitios, los mismos paisajes, las mismas estaciones y casi la misma gente cogiendo el cercanías y que en lugar de estar aburrido o amargado, recupera al niño que todos llevamos dentro aunque lo hayamos olvidado y toca el silbado del tren a su paso para regocijo de la chavalería que le saluda desde arriba. Su simple gesto hace felices a los niños y me devuelve a mí la fe en el ser humano, siempre que oigo el silbato del tren saludando siento que aún hay esperanza, que las cosas pueden ser mejores, solo hace falta que queramos que sean mejores.

Quizás será porque tienen algo mágico los trenes, algo que nos hace pensar en aventuras por vivir, en lugares por descubrir, gentes que conocer, algo que simboliza el futuro, el avance hacia algo mejor del que es difícil sustraerse. Quizás será también porque tienen también un punto melancólico, casi trágico de despedidas en andenes solitarios, lágrimas derramadas al cerrarse las puertas del vagón, carreras en paralelo diciendo adiós con la mano… Quizás.

TROPEZAR N VECES CON LA MISMA PIEDRA

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El domingo que viene, el Congreso Extraordinario del Partido Socialista Obrero Español, ratificará por aclamación al primer Secretario General elegido por el voto directo, secreto y en urna de todos y cada uno de los militantes, Pedro Sánchez y, aunque no fue ni mucho menos mi opción, desde el momento en que la mayoría de mis compañeros determinaron que era el mejor para liderarnos en estos tiempos de zozobra, cuenta con mi lealtad, lo que no significa, ni mucho menos aplaudir todo lo que haga o diga.

Lo que tampoco voy a hacer, porque creo que hay que aprender de los errores pasados, es estarle esperando emboscada dispuesta a refregarle por los morros cualquier incoherencia, metedura de pata o cesión que haga, como hicimos muchos con Alfredo Pérez Rubalcaba cuando ganó el Congreso de Sevilla a la opción que apoyábamos, Carme Chacón, algunos, como el menos malo de los males que se nos ofrecían aquel marzo de 2012.

Sé que esta entrada del blog no va a ser todo lo políticamente correcta que debería ni todo lo políticamente incorrecta que se espera de mí, pero lo que si os garantizo es que va a ser sincera. El que nada tiene, nada pierde y por tanto aprovecho esta calurosa tarde noche madrileña para mostrar un pedacito de mi alma zaherida. Y no, no es que me haya rendido, es que sé reconocer cuándo nos han infringido una derrota, sin paliativos y he aprendido que es mejor aceptar el fracaso y crecer con él que lamerse las heridas.

Ha ganado él y han ganado los que con él diseñaron una buena estrategia, con tiempo, con un objetivo claro y un método para lograrlo y que además han sido los más rápidos en adaptar el paso al cambio de las Primarias Abiertas por 1 Militante 1 Voto. Ahora hay que confiar en que la estrategia no fuera mera táctica para lograr el poder interno y siga desarrollándose para alcanzar la verdadera meta, que la izquierda vuelva a ocupar su lugar al frente de los distintos gobiernos regionales y municipales que perdimos por el tsunami del 2011 como antesala del retorno de un socialista a la Moncloa.

No me veréis hacerles la pelota, las cosas que no me gustaban hace un par de semanas, que me inclinaron por darle mi apoyo a Madina en lugar de a Sánchez, siguen estando ahí, pero tampoco airearé argumentarios cavernarios como he visto a más de uno para atacarle. No, ese no es el camino, dar armas al enemigo contra el que está al frente de nuestra organización es de género gilipollas, compañeros y compañeras, os lo digo con conocimiento de causa, ya he reconocido que al pobre Alfredo no le pasamos una, y aunque en ocasiones se lo merecía, el tiro al Secretario General es un deporte en el que siempre gana la derecha.

He intentado que en este procedimiento interno no se abrieran demasiadas heridas en las relaciones personales con compañeros, a los que además considero amigos y que habían optado por otras opciones distintas a la mía. Confieso que lo he logrado en bastantes casos pero que he fracasado en otros. Este ensañamiento personal que en ocasiones se da cuando competimos entre nosotros es una de las cosas que tenemos que aprender a cambiar para sucesivas ocasiones, máxime cuando parece que vamos a lograr nuestro anhelo de que la elección del Secretario General por toda la militancia se extienda al ámbito regional y provincial y se quede de manera permanente entre los socialistas.

A ratos pienso que hubiera sido mejor hacer caso a mi rubio y ponerme de canto durante todo el proceso, total, “si tampoco te entusiasma ninguna opción”, me decía abriendo mucho sus verdes ojos, pero para eso yo tendría que nacer de nuevo y ser otra Martu, una que piense dos veces las cosas antes de hacerlas o decirlas, una que anteponga su interés a su conciencia, una que no sienta ni padezca, que no se le erice la piel ante la injustica, que no escuche quebrarse un pedazo de su corazón ante la traición, que no llore el desprecio de un amigo, que no se crezca ante el castigo.

LA SOLEDAD ERA ESTO

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Tomo prestado el título de un libro de Juan José Millás porque no ha dejado de venirme a la memoria en las últimas horas y voy a intentar explicaros a continuación por qué.

Una cosa que recomiendo a cualquiera que se quede en paro es madrugar. ¿Madrugar si no hay obligación? ¿Madrugar para qué? Os preguntaréis los más dormilones del lugar. Madrugar por diversas razones. La primera porque así seguiréis con el ritmo de vida de una persona que trabaja, que tiene unas obligaciones y un horario y todo será más fácil el día que tengáis que volver a hacerlo. Madrugar también para seguir el mismo ritmo que el resto de la familia, en mi caso, para ver a mi hija antes de irse a la Universidad, para desayunar con mi santo y poder charlar un rato viendo las noticias de lo que ha pasado en el mundo mientras dormíamos y sobre todo, para no despertarme a media mañana sola, sin nadie a quien dar siquiera, los buenos días. Madrugar para tener sueño por la noche y acostarme pronto, como hacen los que sí tienen que levantarse temprano, para seguir integrada en mi grupo familiar.

Otra cosa muy recomendable es hacer deporte, mejor en compañía que solo, y para ello, si uno se lo puede permitir, lo mejor es el gimnasio. Te obliga a levantarte del sofá, vestirte y salir a la calle y te permite ver gente, hablar con alguien. Además de los ya conocidos beneficios para tu mente y tu cuerpo que no hace falta que explique aquí, durante el tiempo que estés allí no estarás solo, podrás sonreírle a alguien, charlar de cosas intranscendentes como el tiempo, escuchar el sonido de tu voz. Si no, siempre se puede salir a correr o andar por el parque más cercano, aprovechar los aparatos para hacer gimnasia que ponen la mayoría de los Ayuntamientos y, si se tiene un poco de cara, al final se encuentra un grupo con el que acoplarse y disfrutar de la compañía.

Escribiendo esto me acuerdo de mi abuela, tiene 87 años por lo que lleva más de 20 jubilada y más de 10, viuda. Desde entonces convive con una perrita peludilla y muy chillona. A veces, cuando la llamo por teléfono al medio día, noto que tiene la voz ronca y preocupada de que esté enferma le preguntó qué le ocurre y la respuesta me deja estupefacta: “nada, que como estoy sola, estas son las primeras palabras que pronuncio desde ayer…” Otras veces me dice: “aquí estoy hablando con la perra porque si no se me va a olvidar hablar…”

Quizás la soledad es sin duda lo peor de estar en paro. Alguno dirá, lo peor es no tener ingresos, tiene razón, aunque en mi caso, los suple la prestación, que no es como mi anterior salario pero me permite sacar mi proyecto de vida adelante, al menos temporalmente. Por tanto, lo que añoro ahora que no trabajo, no es el salario, sino los compañeros de trabajo, la conversación sobre lo humano y lo divino, la colaboración intelectual en cualquier proceso creativo, y por qué no, las discusiones o pequeños piques que aparecen en cualquier colectivo humano.

Igual serán solo los primeros días, con el paso de las semanas me acostumbraré a pasar la mayor parte del día sola, disfrutaré los desayunos y las cenas en familia, procuraré aprovechar el tiempo libre para quedar con amigos a comer o a tomar café, no me importará charlar un rato con mi gato, que me mira con una cara tan interesada que me da la impresión de que entiende todo lo que le estoy explicando, aunque sea algo tan complejo como el presente del Partido Socialista. Igual, pero hoy solo puedo pensar: “la soledad era esto”.

¡ADIOS FERRAZ!

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equipo

Cuando en enero me llamó Elena Valenciano y me ofreció formar parte de su equipo para la campaña electoral de las europeas de mayo, he de reconocer que me sorprendió y emocionó a partes iguales. Me sorprendió porque cualquiera puede ver lo tremendamente crítica que había sido con la primera etapa de Rubalcaba como Secretario General, su síndrome de Estocolmo como ex vicepresidente del Gobierno que le impedía dejar de pensar como un hombre de Estado y le hacía ofrecer pactos al PP, por el bien de España, una y otra vez.

Pero he de reconocer que también me emocionó, desde que tengo uso de razón he participado en las elecciones de mi Partido, repartiendo propaganda, contando votos y desde que en 2010 me sumé a la campaña de las primarias de Tomás Gómez para pararle los pies a los que habían decidido entrar en el Partido Socialista de Madrid para mangonearnos y colocarnos una cabeza de lista, haciendo de todo: fotos, artículos en mi blog, redes sociales… pero siempre desde el voluntariado, desde fuera de la organización, como activista, nunca formando parte del engranaje y esto, para cualquiera que lleve la política en las venas, que entienda el socialismo como una forma de vida, es un sueño hecho realidad, por lo que no dudé en contestar que sí pese a las muchas dificultades que entrañaba el asunto.

No negaré que ir a trabajar a Ferraz (Mordor para los amigos), después de haber sido una peligrosa tomasista, siempre enfrentada al poder del aparato me generaba un sinfín de dudas, pero, qué coño, socialismo o barbarie, dije que sí. Las mismas dudas que tenía yo las tuvieron unos y otros por lo que desde ese momento, para Madrid era una traidora que me vendía a Ferraz y para Ferraz una advenediza, el mejor de los escenarios posibles (ironía on).

Pasadas unas primeras semanas en las que constantemente me sentía como si caminara por un campo de minas con los ojos vendados. Trabajando con un montón de gente que parecía conocerme bien y a la que, en cambio, yo no conocía de nada. Pasó lo que suele suceder en la vida, que ni todo es blanco, ni todo es negro, ni unos son buenos y los otros malos, ni yo soy mi personaje en la red y de manera natural me encontré trabajando con un grupo de gente estupenda, socialistas como yo, que se dejaban la piel para tratar que Elena Valenciano ganara las elecciones europeas.

Independientemente del resultado final, en estos 5 meses he disfrutado mucho, he aprendido mucho y me llevo conmigo el cariño y el respeto de compañeros a los que he visto reír, llorar, sufrir, enfadarse, venirse abajo y recuperarse al punto. He trabajado durante horas bajo presión y el grupo siempre ha permanecido unido, en el momento crítico alguno soltaba una parida y las carcajadas hacían salir la tensión acumulada. Compañeros que, como yo, son y se sienten socialistas, creen en el PSOE y quieren lo mejor para el Partido, aunque en ocasiones no coincidamos en el modo de lograrlo. No sé qué nos deparará el futuro a ninguno de nosotros, pero lo que sí tengo claro es que cualquiera de ellos puede contar conmigo para lo que necesite siempre. Gracias, sois estupendos.

Me guardo el final para Elena. La primera vez que hablé con ella fue en una comida que organizó junto con Beatriz Corredor y a la que invitaron a los activistas en red más díscolos para convencernos de la idoneidad del “militante en red, o virtual” ni que decir tiene que fracasó estrepitosamente en ese intento; la segunda vez fue otra comida, esta vez en Ferraz y a la que fuimos invitados Franesco (que excusó su presencia porque estaba enfermo) Sotillos y yo, como dijo Oscar López, el tridente del PSM y en la que nos pidió colaboración para la Conferencia Política con la que éramos muy críticos porque no era la Conferencia de Organización mandatada por el Congreso de Sevilla. Aquí su éxito también fue escaso, al que tenga curiosidad puede ver mi intervención en el Diálogo de Oviedo pidiendo cosas que hoy estamos viviendo como la elección del Secretario General por toda la militancia. Después comimos otra vez junto con la compañera Aida, guerrista de pro, para charlar sobre lo humano y divino, sobre el pasado, presente y futuro del socialismo, solo porque nos apetecía. Y desde entonces mantuvimos una relación de amistad como con otros muchos compañeros del Partido con cargos de mayor o menor relevancia.

Hoy, considero a Elena una amiga y no porque me haya dado la oportunidad de trabajar en la campaña estos meses, se lo agradezco porque ha sido una experiencia única, pero lo que de verdad me hace considerarla especial fue su papel activo en mi defensa cuando sufrí el despreciable ataque machista de Diego Cruz llamándome puta en su blog y el posterior acoso al que me sometió en la red. Defensa que no hicieron otros/as que se denominaban mis amigos, que presumían de quererme y de estar a mi lado siempre. Por eso y porque es un ser humano excepcional, gracias Elena y me tendrás a tu lado para lo que necesites.

 Fin de una gran experiencia, ¿qué me deparará ahora el destino? Ya os lo iré contando.

POBRES DE SOLEMNIDAD

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pobreza

El Derecho Civil, en la España liberal, entre 1833 y 1868, se constituye la figura del pobre de solemnidad como ciudadano que era acreedor de los beneficios procesales de la pobreza. Desde entonces se utiliza esta expresión para referirse a los que son “oficialmente pobres”, que son pobres acreditados y por ello son susceptibles de recibir ciertos beneficios sociales.

En estos días de eufemismos, corrección política e hipocresía, sobre todo, esto último, ha aparecido un nuevo concepto de pobre, una forma imaginativa de esconder la pobreza a secas, la pobreza con mayúsculas, que consiste en ponerle apellido: energética, alimenticia… Pobreza de conciencia es lo que tienen quienes no quieren ver que si no se tiene dinero para pagar la luz, para poner la calefacción, para dar de comer a tus hijos de todo, se es pobre, sin más y sin menos.

España es el país de la Unión Europea con más pobreza infantil, solo superada por Rumanía. El 30% de nuestros niños viven bajo el umbral de la pobreza, lo que dicho así, y aún sonando dramático, no permite atisbar el sufrimiento que supone que 3 de cada 10 niños españoles conozcan el hambre, el frío, el miedo y el desamparo.

Cuando me separé, hace ya muchos años, me fui a vivir con mi hija, que entonces tenía 4 años, a un apartamento de alquiler de 35 metros cuadrados y por el que pagaba 65.000 pesetazas de las 110.000 que ganaba. Recuerdo como una de mis mayores preocupaciones que mi hija no pasara frío por las noches. Como niña pequeña que era daba vueltas y se desarropaba, pero no teníamos calefacción, solo un radiador eléctrico de aceite que no podía poner todo lo que hubiera sido necesario porque el dinero no me alcanzaba para pagar la luz.

A la pobre la acostaba como un esquimal, con pijama de invierno, sábanas de franela y un saco nórdico con cremalleras del que aún así, era capaz de escapar reptando y acabando acostada como si fuera la almohada. Hoy lo cuento con la pátina de romanticismo que le da el paso de los años, pero fueron momentos durísimos para mí, siempre trampeando, pagando con una tarjeta u otra para ir alargando la miseria y con la ayuda impagable de mi madre y de mi abuela que se encargaban de costear el comedor, los primeros de la clase y las extraescolares de mi hija. Así yo tenía claro que ella desayunaba, comía y merendaba en condiciones y la cena es siempre cosa de poco monto.

Después la vida me ha ido bien, razonablemente bien y aunque no me sobra, jamás me ha vuelto a faltar para lo importante, pero no olvido que entonces era y me sentía pobre –mi niña me decía a veces: nosotras somos pobres, ¿no mamá? Lo somos- y tengo claro lo fácil que es volver a estar así. Te vas al paro, se acaba la prestación, no encuentras trabajo, dejas de pagar la hipoteca, te desahucian y te ves pasando hambre y frío sin saber muy cómo ha pasado.

Porque eso es lo que están trayendo las políticas de austeridad de la derecha europea en general y de la derecha española muy particularmente, miseria y hambre. Con la crisis como excusa inestimable nos van recortando derechos, salarios, libertades y nos van convirtiendo en un pueblo sin esperanza, sin ilusión, sin confianza en el futuro.

No lo consintamos, hay otra manera de hacer las cosas, hay otra forma de salir de la crisis sin dejar a nadie atrás. La izquierda es y tiene que ser la solución que combata la pobreza, con políticas activas de empleo, con una fiscalidad justa en la que paguen más los que más tienen, con inversiones públicas que complementen la actividad privada, con vocación de servir al ciudadano, de mejorar su vida, de hacer de esta vieja Europa un sitio donde merezca la pena vivir.

Y hoy, que se recuerda el aniversario de la muerte del gran poeta Miguel Hernández, termino con unos versos suyos:

Me duele éste niño hambriento,
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento,
revuelve mi alma de encina.

NOSTALGIA

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nostalgia

Dice nuestra Real Academia Española que la nostalgia es la pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos. Y también una tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

Me gusta esta segunda acepción, tristeza melancólica que te causa el recuerdo de la dicha perdida, de la felicidad que se escapó, de los momentos maravillosos que ya nunca volverán. Me recuerda a la canción de Sabina, “Peces de ciudad” que dice en un momento: “en Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”, qué gran verdad y qué poco caso hacemos el común de los mortales.

Sobre la nostalgia se han escrito y se han cantado las cosas más bonitas y tristes, sobre todo referidas a esta segunda acepción, la tristeza de la pérdida del objeto de nuestro amor, mi favorita “nostalgia” cantada por Diego El Cigala “hermano, yo no puedo rebajarme, ni pedirle, ni rogarle, ni decirle que no puedo más vivir, desde mi triste soledad veré caer las rosas muertas de mi juventud”.

Sin pronunciar la palabra pero abrazando el concepto con una fuerza y sentimiento difíciles de igualar me viene a la memoria “Hoy tengo ganas de ti” de Miguel Gallardo que entre otras perlas maravillosas dice: “Quiero apagar en tus labios la sed de mi alma y descubrir el amor juntos cada mañana, hoy tengo ganas de ti, hoy tengo ganas de ti”.

En la poesía, como os decía antes, también se han ocupado largamente de la nostalgia y aquí quiero destacar la magia de las palabras de Benedetti en un poema titulado precisamente “Nostalgia” y que tras enumerar cosas que podrían evocar ese sentimiento termina con una sentencia de muerte: “la válida la única nostalgia es de tu piel”.

No es necesario estar triste, abandonado o deprimido para sentir nostalgia, se puede ser perfectamente feliz, disfrutar de la persona amada, de una vida cómoda y sentir nostalgia de la nostalgia misma. Eso me pasa a mí en ocasiones, que añoro aquellos viejos malos tiempos en los que moría de amor, como cantaba Miguel Bosé: “yo no sé muy bien qué es lo que está pasando, tengo seco el corazón y es de haber llorado tanto. No me quedan más que dos o tres recuerdos, una carta, alguna flor, un adiós muy corto y un te quiero”.

Porque existe un especial placer en el dolor, ese regodearse en la pérdida del amor y sufrir por lo que pudo haber sido y no fue, un ratito, eso sí, luego se enjuga uno las lágrimas, se pinta la sonrisa de carmín y sale a la calle a vivir la vida loca. La verdad es que, esa bis dramática que yo tenía en mi mocedad se me ha curado con los años, lo que es muy de agradecer porque ser tan intensa es agotador, pero en días como hoy, días raros de primavera, sin motivo ni razón, me posee la nostalgia, nostalgia de mi misma.

PD: Os dejo aquí mi columna de los jueves en Diario Progresista IRA ET IGNIS