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DOS AÑOS DESPUES

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Ahora que se cumple el segundo aniversario del movimiento 15M, quiero volver a reflexionar sobre ello, con más distancia, quizás con mayor indulgencia e incluso con más hastío. Digo volver a reflexionar porque he encontrado seis entradas de este MartuBlog etiquetadas como 15M que podéis leer aquí, desde la primera cuando surgió, a la última hace relativamente poco tiempo. Lo bueno de tener un blog es que todo queda escrito para el posterior análisis.

Desde el 15 de mayo de 2011, en España ha desaparecido el bipartidismo como deseaban los indignados, para dar paso al monopartidismo de la gaviota azul. Salvando honrosas excepciones como Andalucía, Canarias y Asturias donde gobierna la izquierda en coalición, el resto del país, incluidas Catalunya y Euskadi, están dirigidas por partidos de derechas, nacional españolista o nacional independentista, distintas banderas, mismas recetas económicas: recorte, ajuste de déficit y corrupción.

Esto que acabo de decir no es una opinión contra el 15M, es la constatación de un hecho, el tsunami del 2011 se llevó por delante todos los gobiernos autonómicos y la mayoría de los municipales que ostentaba el Partido Socialista a favor de un PP que nos prometió empleo, crédito, prosperidad y otras tantas mentiras electorales con las que ganó las elecciones en noviembre de ese mismo año y que hoy, apenas año y medio después, ya ha reconocido no tiene ni idea de cómo cumplir.

Desde ese 15M los socialistas hemos acompañado todas las reivindicaciones sociales que han surgido a favor de la Educación Pública, con la marea verde, con los miles de interinos que, como en Madrid están siendo despedidos dejando a nuestros niños sin clases de apoyo, sin optativas, sin todo aquello que da calidad a la enseñanza. De la Sanidad Pública, con la marea blanca, no en vano, el padre de la Sanidad Pública Universal y Gratuita es un socialista, Ernest LLuch. Con la marea amarilla de la Justicia contra las abusivas tasas que impiden el acceso al sistema judicial de los que menos tienen. Con la marcha negra de los mineros que defienden con dignidad y orgullo el futuro de sus hijos y que son un ejemplo de la lucha obrera desde antes del advenimiento de la democracia.

Desde ese 15M los socialistas hemos presentado recursos de inconstitucionalidad contra el copago en la Sanidad, el llamado recetazo, contra la bajada de las pensiones, contra las tasas judiciales, contra los pliegos de privatización de la Sanidad madrileña y contra todo aquello que el PP está implantando amparado en su mayoría absolutísima que perjudica a quienes más lo necesitan en estos tiempos de oscuridad.

Desde ese 15M los socialistas hemos recogido firmas contra la privatización de la sanidad. Hemos abrazado hospitales, algunos de ellos construidos porque nuestros alcaldes se encerraron con sus vecinos hasta lograrlos. Hemos montado mesas para informar a los ciudadanos del peligro que suponían los planes de iluminados como Lansquetty de entrega de la gestión de los Hospitales de Madrid a Fondos de Inversión. Hemos puesto urnas donde más de un millón de madrileños le han dicho no al Partido Popular de Madrid, ese que experimenta en nuestra región lo que luego implanta su Partido a nivel nacional.

Desde ese 15M los socialistas hemos recibido insultos y agresiones por estar en la calle con los que defienden lo mismo en lo que nosotros creemos, aquello que construimos durante muchos años de gobierno socialista con acuerdos, con solidaridad, con el esfuerzo de todos y la voluntad inquebrantable de hombres y mujeres de la izquierda. Hemos hecho recorridos enteros de manifestaciones por la educación o la sanidad en las que ciudadanos que igual pisaban la calle por primera vez en su vida nos acusaban de ser iguales al PP, pese a que estábamos allí, con ellos y no en suntuosos despachos de la calle Génova pagados con dinero Gurtel.

Que los socialistas nos equivocamos en el pasado, es un hecho, solo puede equivocarse aquel que Gobierna, aquel que toma las decisiones que considera más adecuadas en cada momento, aquel que afronta los retos con las armas de las que dispone aunque quizá no fueran las idóneas en ese momento. Y como nos equivocamos, la ciudadanía nos mandó a la oposición, pero eso es todo, ahí termina nuestro castigo. En democracia, cuando un Gobierno lo hace mal, sus ciudadanos le mandan a reflexionar una temporada. Fin del drama, del complejo y del flagelo. Toca levantarse y trabajar, con la cabeza alta, sin permitir que nadie nos impida estar en la calle defendiendo nuestros principios y valores. Sin esconder nuestras siglas ni nuestros colores por miedo a una ciudadanía que está peleando por lo mismo que lo hacemos nosotros. Con orgullo de ser socialista y tener detrás 134 años de historia gloriosa.

Yo PSOE.